Poema Azucena de José Antonio Ramos Sucre

Azucena

de José Antonio Ramos Sucre

AZUCENA
    El solitario divierte la mirada por el cielo en unatregua de su desesperanza. Agradece los efluvios de un planetainspirándose en unas líneas de la Divina Comedia.Reconoce, desde la azotea, los presagios de una mañanalánguida.
    El miedo ha derruido la grandeza y trabado laspuertas y ventanas de su vivienda lúcida. Un jinete demáscara inmóvil retorna fielmente de un viaje irreal, enmedio de la oscuridad, sobre un caballo de mole espesa, y descansa enun vergel inviolable, asiento del hastío. Las flores, de un azulsiniestro y semejantes a los flabelos de una liturgia remota, ofuscanel aire, infiltran el delirio.
    El solitario oye la fábrica de suataúd en un secreto de la tierra, dominio del mal. La muerteasume el semblante de Beatriz en un sueño caótico de sutrovador.
    Una doncella aparece entre las nubes tenues, armadadel venablo invicto, y cautiva la vista del solitario. Llega en elnacimiento del día de las albricias, después del viernesagónico, anunciada por un alce blanco, alumno de la primaveraceleste.


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