Poema Canto a Teresa de Jos de Espronceda

Canto a Teresa

de Jos de Espronceda


Por qu volvis a la memoria ma?,
tristes recuerdos del placer perdido,
a aumentar la ansiedad y la agona
de este desierto corazn herido?
Ay!, que de aquellas horas de alegra
le qued al corazn slo un gemido,
y el llanto que al dolor los ojos niegan
lgrimas son de hiel que el alma anegan.

Dnde volaron, ay!, aquellas horas
de juventud, de amor y de Ventura,
regaladas de msicas sonoras,
adornadas de luz y de hermosura?
Imgenes de oro bullidoras,
sus alas de carmn y nieve pura,
al son de mi esperanza desplegando,
pasaban, ay!, a m alrededor cantando.

Gorjeaban los dulces ruiseores,
el sol iluminaba mi alegra,
el aura susurraba entre las flores,
el bosque mansamente responda,
las fuentes murmuraban sus amores...
Ilusiones que llora el alma ma!
Oh! Cun suave reson en mi odo
el bullicio del mundo y su ruido!

Mi vida entonces, cual guerrera nave
que el puerto deja por la vez primera,
y al soplo de los cfiros suave
orgullosa despliega su bandera,
y al mar dejando que a sus pies alabe
su triunfo en roncos cantos, va, velera,
una ola tras otra, bramadora,
hollando y dividiendo vencedora.

Ay!, en el mar del mundo, en ansia ardiente
de amor volaba; el sol de la maana
llevaba yo sobre mi tersa frente,
y el alma pura de su dicha ufana;
dentro de ella, el amor, cual rica fuente
que entre frescuras y arboledas mana,
brotaba entonces abundante ro
de ilusiones y dulce desvaro.

Yo amaba todo: un noble sentimiento
exaltaba mi nimo y senta
en mi pecho un secreto movimiento,
de grandes hechos generoso gula;
la libertad, con su inmortal aliento,
santa diosa, mi espritu encenda,
continuo imaginando en mi fe pura
sueos de gloria al mundo y de ventura.

El pual de Catn, la adusta frente
del noble Bruto, la constancia fiera
y el arrojo de Scvola valiente,
la doctrina de Scrates severa,
la voz atronadora y elocuente
del orador de Atenas, la bandera
contra el tirano Macedonio alzando,
y al espantado pueblo arrebatando;

el valor y la fe del caballero;
del trovador el arpa y los cantares:
del gtico castillo el altanero
antiguo torren, do sus pesares
cant tal vez con eco lastimero,
ay!, arrancada de sus patrios lares,
joven cautiva al rayo de la luna,
lamentando su ausencia y su fortuna;

el dulce anhelo del amor que aguarda,
tal vez inquieto y con mortal recelo;
la forma bella que cruz gallarda,
all en la noche, entre medroso velo;
la ansiada cita que en llegar se tarda
al impaciente y amoroso anhelo,
la mujer y la voz de su dulzura,
que inspira al alma celestial ternura...

A un tiempo mismo en rpida tormenta
mi alma alborotaban de continuo,
cual las olas que azota con violenta
clera impetuoso torbellino;
soaba el hroe ya, la plebe atenta
en mi voz escuchaba su destino;
ya el caballero, al trovador soaba,
y de gloria y de amores suspiraba.

Hay una voz secreta, un dulce canto,
que el alma slo, recogida, entiende,
un sentimiento misterioso y santo,
que del barro al espritu desprende;
agreste, vago y solitario encanto
que en inefable amor el alma enciende,
volando tras la imagen peregrina
el corazn de su ilusin divina.

Yo, desterrado en extranjera playa,
con los ojos extticos Segua
la nave audaz que en argentada raya
volaba al puerto de la patria ma;
yo, cuando en Occidente el sol desmaya,
solo y perdido en la arboleda umbra,
or pensaba y armonioso acento
de una mujer al suspirar del viento.

Una mujer! En el templado rayo
de la mgica luna se cobra,
del sol poniente al lnguido desmayo,
lejos entre las nubes se evapora;
sobre las cumbres que florece mayo,
brilla fugaz al despuntar la aurora,
cruza tal vez por entre el bosque umbro,
juega en las aguas del sereno ro.

Una mujer! Deslizase en el cielo,
all en la noche desprendida estrella.
Si aroma el aire recogi en el suelo,
es el aroma que le presta ella.
Blanca es la nube que en callado vuelo
cruza la esfera, y que su planta huella,
y en la tarde la mar olas le ofrece
de plata y de zafir, donde se mece.

Mujer que amor en su ilusin figura,
mujer que nada dice a los sentidos,
ensueo de suavsima ternura
eco que regal nuestros odos;
de amor la llama generosa y pura
los goces dulces del amor cumplidos
que engalana la rica fantasa,
goces que avaro el corazn ansa.

Ay!, aqulla mujer, tan slo aqulla,
tanto delirio a realizar alcanza,
y esa mujer, tan cndida y tan bella,
es mentida ilusin de la esperanza;
es el alma que vvida destella
su luz al mundo cuando en l se lanza,
y el mundo con su magia y galanura,
es espejo no ms de su hermosura.

Es el amor que al mismo amor adora,
el que cre las slfides y ondinas,
la sacra ninfa que bordando mora
debajo de las aguas cristalinas;
es el amor, que, recordando, llora
las arboledas del Edn divinas;
amor de all arrancado, all nacido,
que busca en vano aqu su bien perdido.

Oh llama santa! Celestial anhelo!
Sentimiento pursimo! Memoria
acaso triste de un perdido cielo,
quiz esperanza de futura gloria!
Huyes y dejas llanto y desconsuelo!
Oh, qu mujer! Qu imagen ilusoria
tan pura, tan feliz, tan placentera,
brind el amor a mi ilusin primera...!

Oh, Teresa! Oh dolor! Lgrimas mas,
ah!, dnde estis, que no corris a mares?
Por qu, por qu como en mejores das
no consolis vosotras mis pesares?
Oh!, los que no sabis las agonas
de un corazn que penas a millares,
ay!, desgarraron y que ya no llora,
piedad tened de mi tormento ahora!

Oh, dichosos mil veces, si, dichosos
los que podis llorar! y, ay, sin ventura
de m, que entre suspiros angustiosos
ahogar me siento en infernal tortura!
Returcese entre nudos dolorosos
mi corazn, gimiendo de amargura!
Tambin tu corazn, hecho pavesa,
ay! lleg a no llorar, pobre Teresa!

Quin pensara jams, Teresa ma,
que fuera eterno manantial de llanto
tanto inocente amor, tanta alegra,
tantas delicias y delirio tanto?
Quin pensara jams llegase un da
en que perdido el celestial encanto
y cada la venda de los ojos,
cuanto diera placer causara enojos?

An parece, Teresa, que te veo
area como dorada mariposa,
ensueo delicioso del deseo,
sobre tallo gentil temprana rosa,
del amor venturoso devaneo,
anglica, pursima y dichosa,
y oigo tu voz dulcsima, y respiro
tu aliento perfumado en tu suspiro.

Y an miro aquellos ojos que robaron
a los cielos su azul, y las rosadas
tintas sobre la nieve, que envidiaron
las de mayo serenas alboradas;
y aquellas horas dulces que pasaron
tan breves, ay!, como despus lloradas,
horas de confianza y de delicias,
de abandono y de amor y de caricias.

Que as las horas rpidas pasaban,
y pasaba a la par nuestra ventura;
y nunca nuestras ansias las contaban,
t embriagada en mi amor, yo en tu hermosura.
Las horas, ay!, huyendo nos miraban,
llanto tal vez vertiendo de ternura;
que nuestro amor y juventud vean,
y temblaban las horas que vendran.

Y llegaron, en fin; oh!, quin, impo
ay!, agost la flor de tu pureza?
T fuiste un tiempo cristalino ro,
manantial de pursima limpieza;
despus torrente de color sombro,
rompiendo entre peascos y maleza,
y estanque, en fin, de aguas corrompidas,
entre ftido fango detenidas.

Cmo caste despeado al suelo,
astro de la maana luminoso?
ngel de luz, quin te arroj del cielo
a este valle de lgrimas odioso?
An cercaba tu frente el blanco velo
del serafn, y en ondas fulguroso
rayos al mundo tu esplendor verta,
y otro cielo el amor te prometa.

Mas, ay!, que es la mujer ngel cado
o mujer nada ms y lodo inmundo,
hermoso ser para llorar nacido,
o vivir como autmata en el mundo.
S, que el demonio en el Edn perdido
abrasara con fuego del profundo
la primera mujer, y, ay!, aquel fuego
la herencia ha sido de sus hijos luego.

Brota en el cielo del amor la fuente,
que a fecundar el universo mana,
y en la tierra su lmpida corriente
sus mrgenes con flores engalana;
mas, ay!, huid; el corazn ardiente
que el agua clara por beber se afana,
lgrimas verter de duelo eterno,
que su raudal lo envenen el infierno.

Huid, si no queris que llegue un da
en que, enredado en retorcidos lazos
el corazn, con brbara porfa
luchis por arrancroslo a pedazos;
en que al cielo en histrica agona
frenticos alcis entrambos brazos,
para en vuestra impotencia maldecirle
y escupiros, tal vez, al escupirle.

Los aos, ay!, de la ilusin pasaron;
las dulces esperanzas que trajeron
con sus blancos ensueos se llevaron
y el porvenir de oscuridad vistieron;
las rosas del amor se marchitaron,
las flores en abrojos convirtieron,
y de afn tanto y tan soada gloria
slo qued una tumba, una memoria.

Pobre Teresa! Al recordarte siento
un pesar tan intenso...! Embarga impo
mi quebrantada voz mi sentimiento,
y suspira tu nombre el labio mo;
para all su carrera el pensamiento,
hiela mi corazn punzante fro,
ante mis ojos la funesta losa
donde, vil polvo, tu beldad reposa.

Y t, feliz, que hallaste en la muerte
sombra a que descansar en tu camino,
cuando llegabas, msera, a perderte
y era llorar tu nico destino,
cuando en tu frente la implacable suerte
grababa de los rprobos el sino!
Feliz, la muerte te arranc del suelo,
y, otra vez ngel, te volviste al cielo.

Roda de recuerdos de amargura,
rido el corazn, sin ilusiones,
la delicada flor de tu hermosura
ajaron del dolor los aquilones;
sola, y envilecida, y sin ventura,
tu corazn sacaron las pasiones;
tus hijos, ay!, de ti se avergonzaran,
y hasta el nombre de madre te negaran.

Los ojos escaldados de tu llanto,
tu rostro cadavrico y hundido;
nico desahogo en tu quebranto,
el histrico ay! de tu gemido;
quin, quin pudiera en infortunio tanto
envolver tu desdicha en el olvido,
disipar tu dolor y recogerte
en su seno de paz? Slo la muerte!

Y tan joven, y ya tan desgraciada!
Espritu indomable, alma violenta,
en ti, mezquina sociedad, lanzada
a romper tus barreras turbulenta.
Nave contra las rocas quebrantada,
all vaga, a merced de la tormenta,
en las olas tal vez nufraga tabla,
que slo ya de sus grandezas habla.

Un recuerdo de amor que nunca muere
y est en mi corazn; un lastimero
tierno quejido que en el alma hiere,
eco suave de su amor primero;
ay!, de tu luz, en tanto yo viviere,
quedar un rayo en m, blanco lucero,
que iluminaste con tu luz querida
la dorada maana de mi vida.

Que yo, como una flor que en la maana
abre su cliz al naciente da,
ay!, al amor abr tu alma temprana
y exalt tu inocente fantasa,
yo inocente tambin, oh!, cun ufana
al porvenir mi mente sonrea,
y en alas de mi amor, con cunto anhelo
pens contigo remontarme al cielo!

Y alegre, audaz, ansioso, enamorado,
en tus brazos en lnguido abandono,
de glorias y deleites rodeado
levantar para ti so yo un trono;
y all, t venturosa y yo a tu lado
vencer del mundo el implacable encono,
y en un tiempo, sin horas ni medida,
ver como un sueo resbalar la vida.

Pobre Teresa! Cuando ya tus ojos
ridos ni una lgrima brotaban;
cuando ya su color tus labios rojos
en crdenos matices se cambiaban;
cuando de tu dolor tristes despojos
la vida y su ilusin te abandonaban,
y consuma lenta calentura
tu corazn al par que tu amargura;

si en tu penosa y ltima agona
volviste a lo pasado el pensamiento;
si comparaste a tu existencia un da
tu triste soledad y tu aislamiento;
si arroj a tu dolor tu fantasa
tus hijos, ay!, n tu postrer momento
a otra mujer tal vez acariciando,
madre tal vez a otra mujer llamando;

si el cuadro de tus breves glorias viste
pasar como fantstica quimera,
y si la voz de tu conciencia oste
dentro de ti gritndote severa;
si, en fin, entonces t llorar quisiste
y no brot una lgrima siquiera
tu seco corazn, y a Dios llamaste,
y no te escuch Dios y blasfemaste;

oh!, cruel!, muy cruel!, martirio horrendo!
espantosa expiacin de tu pecado!
Sobre un lecho de espinas maldiciendo,
morir, el corazn desesperado!
Tus mismas manos de dolor mordiendo,
presente a tu conciencia lo pasado,
buscando en vano, con los ojos fijos
y extendiendo tus brazos, a tus hijos.

Oh!, cruel!, muy cruel!... Ay! Yo, entretanto,
dentro del pecho mi dolor oculto,
enjugo de mis prpados el llanto
y doy al mundo el exigido culto;
yo escondo con vergenza mi quebranto,
mi propia pena con mi risa insulto,
y me divierto en arrancar del pecho
mi mismo corazn, pedazos hecho.

Gocemos, si; la cristalina esfera
gira baada en luz: bella es la vida!
Quin a parar alcanza la carrera
del mundo hermoso que al placer convida?
Brilla radiante el sol, la primavera
los campos pinta en la estacin florida;
truquese en risa mi dolor profundo...
Que haya un cadver ms, qu importa al mundo?



Analizar métrica y rima de Canto a Teresa