Poema Canto de los hijos en marcha de Andrs Eloy Blanco

Canto de los hijos en marcha

de Andrs Eloy Blanco


Madre, si me matan,
que no venga el hombre de las sillas negras;
que no vengan todos a pasar la noche
rumiando pesares, mientras t me lloras;
que no est la sala con los cuatro cirios
y yo en una urna, mirando hacia arriba;
que no estn las mesas llenas de remedios,
que no est el pauelo cubrindome el rostro,
que no venga el mozo con la tarjetera,
ni cuelguen las flores de los candelabros
ni estn mis hermanas llorando en la sala,
ni ests t sentada, con tu ropa nueva.
Madre, si me matan,
que no venga el hombre de las sillas negras.

Llname la casa de hombres y mujeres
que cuenten el ltimo amor de su vida;
que ardan en la sala flores impetuosas,
que en dos grandes copas quemen melaleuca,
que toquen violines el sueo de Schuman;
los frascos rebosen de vino y perfumes;
que me miren todos, que se digan todos
que tengo una cara de soldado muerto.

Llname la casa
de flores regaladas, como en una selva.
Djame en tu cuarto, cerca de tu cama;
con mis cuatro hermanas, hagamos consejo;
tenme de la mano, tenme de los labios,
como aquella noche de mi padre muerto,
y al cabo, dormidos iremos quedando,
uno con su muerte y otro con su sueo.

Madre, si me matan,
que no venga el coche para los entierros,
con sus dos caballos gordos y pesados,
como de levita, como del Gobierno.

Que si traen caballos, traigan dos potrillos
finos de cabeza, delgados de remos,
que vayan saltando con claros relinchos,
como si apostaran cul llega primero.
Que parezca, madre,
que voy a salirme de la caja negra
y a saltar al lomo del mejor caballo
y a volver al fuego.
Madre, si me matan,
que no venga el coche para los entierros.

Madres, si me matan,
y muero en los bosques o en mitad del llano,
pide a los soldados que te den tu muerto;
que los labradores y las labradoras
y t y mis hermanas, derramando flores,
hasta un pueblo manso se lleven mi cuerpo;
que con unos juncos hagan angarillas,
que pongan mastranto y hojas y cayenas
y que as me lleven hasta un cementerio
con cerca de alambres y enredaderas.
Y cuando pasen los aos
treme a mi pedazo, junto al padre muerto
y all, que me pongan donde a ti te pongan,
en tu misma fosa y a tu lado izquierdo.
Madre, si me matan,
pide a los soldados que te den tu muerto.

Madre, si me matan, no me entierres todo,
de la herida abierta scame una gota,
de la honda melena scame una trenza;
cuando tengas fro, qumate en mi brasa;
cuando no respires, suelta mi tormenta.
Madre, si me matan, no me entierres todo.

Madre, si me matan,
breme la herida, cirrame los ojos
y treme un pobre hombre de algn pobre pueblo
y esa pobre mano por la que me matan,
pnmela en la herida por la que me muero.

Llora en un pauelo que no tenga encajes;
ponme tu pauelo
bajo la cabeza, triste todava
por las despedida del ltimo sueo,
bajo la cabeza como casa sola,
densa de un perfume de inquilino muerto.

Si vienen mujeres, diles, sin sollozos:
-Si hablara, qu lindas cosas te dira!
breme la herida, cirrame los ojos...

Y una palabra: JUSTICIA
escriban sobre la tumba
Y un domingo, con sol afuera,
vengan la Madre y las Hermanas
y sonran a la hermosa tumba
con nardos, violetas y helechos de agua
y hombres y mujeres del pueblo cercano
que digan mi nombre como de su casa
y alcen a los cielos cantos de victoria,
Madre, si me matan.

(Mayo de 1929)


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