Poema El aventurero de José Antonio Ramos Sucre

El aventurero

de José Antonio Ramos Sucre

EL AVENTURERO
    Estaba inerme por efecto de la porfía secularcon el burgués y el villano. Había perdido sucesivamentemis privilegios.
    Un afecto legítimo reposó losdías iniciales de mi juventud.
    La doncella rústica, peregrina del mundo delos sueños, portaba una hoz de plata en la ocasión de laprimera vista.
    Enviudé en el curso de hostilidades activas.La algazara de los rebeldes abrevió los últimos instantesde mi compañera.
    Pasaba las noches, solo y vestido de hierro, al piedel lecho de su última dolencia. Amigos y criados mehabían abandonado en el peligro.
    Escrutaba, asomado al ventanal, el cielo manchado deluz tímida.
    La muchedumbre se revolvía al pie de losmuros, apercibiendo armas y vociferando amenazas.
    Aproveché la celebración de unarmisticio y escapé, en demanda de la fortuna, sobre un caballonervioso. Buscaba peligros más importantes.
    Dormía con las riendas en la mano sobre elsuelo rudo. La noche letárgica borraba las siluetas.
    Monté en una barcaza del comercio levantino yhallé el ejército de los cristianos en donde corrieron,bajo la sanción divina, los días primeros de la humanidad.
    Los azores y los corceles habían muerto desed en los desiertos de arena. Los paladines jadeaban a pie ocabalgaban el asno modesto y el buey palurdo.
    Un intrigante, fugitivo de mazmorra bizantina, sepropuso desviarme de la hueste lacerada. Me insinuaba la conquista delmando en reinos indefensos, al alcance de la mano, y me prometíala cohorte desigual de sus adeptos.
    Ejecuté el proyecto después delescarmiento de los nuestros. Los infieles salieron por escuadras, delos senos y de las cuevas de una serranía.
    Fuimos acorralados y vencidos por la multitud de susjinetes. Usaban caballos habilitados para combatir simulando la fuga.Sus armas, de un metal claro, encarnaban tenazmente.
    Las mujeres, guardadas en el medio del campamento,prefirieron la servidumbre al sacrificio. Vistieron galas y preseaspara aumentar su belleza a los ojos del vencedor.
    Mi consejero quedó entre los muertos. Yosalí a salvo, con el séquito de sus parciales, siguiendouna despedazada vía romana.
    Atravesé los escombros de unacivilización historiada por los gentiles.
    Llegué donde me aclamaron pueblosdesconocidos, segregados.
    He cimentado la fortuna de mi reino por medio de micasamiento con la sobrina de un príncipe armenio.


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