Poema El ciego de José Antonio Ramos Sucre

El ciego

de José Antonio Ramos Sucre

EL CIEGO
    El teólogo se había tornado macilentoy febril. Meditaba sin tregua una idea mortal y recorría, ensolicitud de alivio, los infolios cargados sobre los facistoles oderramados sobre el pavimento.
    Los autores de aquellos volúmeneshabían envejecido en el retiro escuchando los avisos de unaconciencia tímida. Salían de sus celdas para despertar,con sus argumentos, el asombro de las universidades.
    El teólogo demandaba el socorro de uncrucifijo sangriento, después de registrar con la mirada lasimágenes de unos diablos de tres cabezas y armados de tridentes,en memoria y representación de los pecados capitales. Unescultor de la edad media había usado tales figuras al componerla filigrana de una abadía.
    Yo me insinué en la amistad del penitente ylo insté a confiarme la razón de su inquietud.Pretendió retraerme de la pregunta usando alternativamente deefugios y amenazas. Se paseaba en ese momento bajo el estímulode una alucinación apremiante.
    Yo vine a quedar de rodillas al dirigirle el ruegomás apasionado.
    Él impuso la mano sobre mi frente yconsintió en asociarme a su visión terrible
    La vista de los suplicios infernales se fijóprofundamente en mis sentidos y me siguió de día y denoche, hundiéndome en la desesperación.
    Encontré mi salud cegando voluntariamente. Heabolido mis ojos y estoy libre y consolado.


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