Poema El cruzado de José Antonio Ramos Sucre

El cruzado

de José Antonio Ramos Sucre

EL CRUZADO
    Los árboles, de columna desnuda, esparcenhacia arriba una armazón vigorosa, reparo de la frente delcastillo.
    De los torreones cuelga una broza parásita,de crines ralas. Alí suben aves corpulentas de irónicorostro de gárgola.
    Desde mi ventana remontada miro a mis pies laondulación de la floresta y, en un ángulo del horizonte,la luz espasmódica del relámpago.
    Huyeron lejos los días de andanza militar.Defendí contra el musulmán apartados reinos zozobrantes.Ejecutábamos y sufríamos una guerra de asechanza y campoabierto, perpetua y sin merced. Una noche de consternacióndejé, entre aves de rapiña y acostado en un precipicio,el cadáver de mi hermano de armas. La luna asomaba por unabrusca apertura del nublado.
    Un consejo interior me restituyó a estavivienda, una vez convenida la paz. Derribé encinas y roblespara vedar, tras de mí, las sendas y carriles de la selva.Escogí, por mi aposento, la sala de los trofeos de caza, dondesobresale un espejo nebuloso.
    El ocio y la monotonía recrecieron mi naturalamargura, aliviada pasajeramente por el intervalo de trajínmundano.
    Sentía un desmayo de la voluntad, un raptosobrenatural, efecto de presencia desconocida. Perdí la cuentadel tiempo y de su paso.
    Una vez quiso verme el más alegre de miscamaradas, y lo consiguió adivinando las veredas y sorteando losestorbos colocados de través.
    La ambición desengañada lohabía reposado, confiriendo autoridad a su discurso.Había penetrado los secretos de la sabiduría.
    Me refirió las tradiciones de mi casa, losatropellos de mis antepasados y su término aciago. Mi orfandadtemprana, mis hazañas de cruzado habían bastado arescatarme del sino. Debía poner fin a mi raza, pasando a mejorvida sin descendientes.
    Por su mandamiento me acerqué al espejonebuloso, momentáneamente esclarecido.
    Y allí miré, asombrado, mi faz deanciano.


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