Poema El hijo del anciano de José Antonio Ramos Sucre

El hijo del anciano

de José Antonio Ramos Sucre

EL HIJO DEL ANCIANO
    Unas rayas de buril bastarían para eltrasunto del paisaje elemental.
    Algún árbol enjuto, esqueleto depalos, signo de blasón, vivía sobre el suelo calcinado.
    Montes negros, de perfil translúcido,encerraban el valle.
    Mi casa desaparecía, al cabo de un díaincierto, en la inundación de la noche fluida.
    Los ruidos subterráneos duraban hasta eladvenimiento del sol retardado. Fuerzas sobrehumanas removían lapiedra de los sepulcros.
    Yo dividía la vida uniforme entre la lecturade epopeyas y tragedias y los hábitos de una mocedad inquieta.
    Concebí la imagen de una infanta, amenazadapor los silenciarios en el palacio del miedo. Yo sólo besaba derodillas la franja de su manto.
    Salí una vez al pasatiempo de la caza endía venerado, no obstante los avisos de mi progenitor. Elanciano de los dichos infalibles, aficionado a narrar, descansaba enuna silla majestuosa, de arte primitivo.
    Una bocina invisible, perdida en la montaña,extravió los perros de mi jauría.
    Después de una jornada infructuosa,penetré a descansar en la cámara de una viviendailusoria. Las quimeras surgieron paulatinamente de las tinieblas de misopor. Creía visitar el palacio del miedo, en donde la infantade mi pasión afrontaba, en un suplicio, el trance de la muerte.Los ministros y los criados avisaban e imponían el secreto. Laslámparas agotadas soltaban cabelleras de humo en la salaencubertada de negro.
    Desperté, cerca de la mañana, en mediodel campo.
    Mi cabeza reposaba sobre una piedra. Teníalos cabellos húmedos de rocío y, en el rostro, la luz deuna luna diluida.


Analizar métrica y rima de El hijo del anciano


Comentarios de El hijo del anciano

comments powered by Disqus