Poema El malcasado de José Antonio Ramos Sucre

El malcasado

de José Antonio Ramos Sucre

EL MALCASADO
    Yo era el senescal de la reina del festín.Habíamos constituido una sociedad jocunda y de breve existencia,recordando los estatutos de la república jovial establecida enel principio del Decamerón. Las cigarras fervientes molestaban,a veces, desde los olivos.
    Donceles o, mejor dicho, damiseles vanos amaestrabanen la danza los perros favoritos de las mujeres. Llorábamos derisa al contemplar el gesto de una grulla de instintos imitativos.Reproducíamos algunos momentos del genio extravagante deAristófanes.
    Cuando volví del campo a la ciudad, redimidode la petulancia faunesca, vinieron a mi encuentro los magnates de mitrato y compañía, mercaderes habituados a la riquezahereditaria. Abandonaron un momento su actitud distinguida y el estradoen donde pregonaban su dignidad y me enunciaron una misma fraseacompasada, en señal de condolencia. Mi noble señorahabía salido de este siglo.
    Una mano desconocida había depositado, antesde mi deserción, una corona de flores lívidas en la mesade su oratorio. Esa corona, ceñida a la frente de la muerta,bajó también al reino de las sombras. Encarecía elrostro lánguido y lo asemejaba al de una santa en el arterutinario de un monje.
    Yo descubrí el nombre del sitio recordandouna lamentación de Orestes.


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