Poema El otoo de la vida de Mara Rosala Rita de Castro

El otoo de la vida

de Mara Rosala Rita de Castro



Una tarde de paz en el esto
en que al sopor del caluroso ambiente
se mezclaba lo fresco del roco.

Hora en que el sol su brillantez perda,
cubierto all por las doradas nubes
donde hermosas sus luces esconda.

Sembrada de azucenas y verdura
selva en verdad de dilatado espacio,
convidaba al reposo y la tristura;

y en la plida sombra que extendan
las ramas de sus rboles frondosos,
misteriosas dulzuras se escondan.

Ningn eco cercano se escuchaba,
ni el insecto de esplndidos colores
jugando por los aires revolaba.

Parece que en redor todo dorma,
que ni aun el aura entre las blandas flores
con su manso murmullo se senta.

De cuando en vez algn ligero viento
que al mismo tiempo de nacer mora,
cual de un nio que expira el breve aliento.

Un eco inusitado produciendo
pasaba entre el verdor de aquel follaje,
y en el espacio al fin se iba extinguiendo.

Y al cabo en el silencio adormecidas
las olorosas plantas reposaban
en la sombra fresqusima escondidas.

Un joven all inmvil descansaba
cabe del pie de carcomida encina,
y una blanda ilusin acariciaba;

y el ay!, que postrimero se senta
de aquella tarde, amortiguado y yerto,
aquel joven tal vez lo recoga...

Clavado su mirar en unas flores
que lozanas y bellas se entreabran,
se encantaba, quizs de sus colores.

Y al seguir el instinto que lo impele
con placer una de ellas ha tocado;
mas al instante mismo retrocede.

Ve que la flor tan sonrosada y pura
cambiando su color mustia se vuelve
al sentir de su mano la prensura.

Y una arruga marc su blanca frente
al mirar transicin tan repentina;
y alguna idea se quem en su mente...

Mas insiste otra vez; la mano alarga
por coger otra flor que era ms bella,
y un pensamiento de dolor le embarga

al ver tambin que se doblega y muere
la flor que tan bonita se meca,
y en vano el joven revivir la quiere.

Y tambin esta vez su frente pura
nublada fue por una idea extraa
mezclada entre vapores de amargura.

A poco rato un pajarillo hermoso
de dulce canto y purpurinas alas
que busca en la pradera su reposo,

parse junto al joven que extasiado
mirndole en su vuelo le siguiera
de su rara belleza enamorado.

Y al verle que tan cerca se detiene
muy suavsimamente le aprisiona,
y un instante en su mano le contiene.

Y el pajarillo entonces aletea
por salir de la crcel que le oprime,
y pierde su vigor en la pelea.

Y al fin, despus de que se agita en vano,
su pobre corazn de latir cesa,
y muerto se le queda entre la mano...

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Esttico el joven palabras pronuncia,
que l slo comprende, que nadie escuch,
y mira aquel ave que acaso le anuncia
lo que l algn da, quiz presinti.

La vctima yerta ligero la tira
a donde las flores marchitas estn;
y all de sus restos los ojos retira,
que acaso el mirarlos tristeza le dan.

Y apoya la frente de angustia nublada
al rbol que cerca de s percibi,
y a poco pensando, quizs en la nada,
cerrando sus ojos durmiendo qued.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Y la selva tambin que se dorma,
con el joven aqul, en los vapores
que ocultaba la tarde pareca.

Y un eco de su fondo se exhalaba,
que al grato son del murmurante arroyo
imperceptible y leve se mezclaba.

Y aquel eco sin voz era un aliento,
un respiro vital de aquellas llores
que extendan su aroma por el viento.

Una brisa ligera se levanta,
mueve de pronto las dormidas hojas,
y entre las ramas resbalando canta.

Y parece que entonces nueva vida,
cobr a su vez la soolienta tarde
del letargo pesado desprendida.

Ya el pjaro cantando voltejea,
y en su vuelo rasante va tocando
la blanca flor que nacarada ondea.

Y el lago que tranquilo reposaba
espejo de pursima limpieza
donde un cielo de azul se reflejaba,

manso viento que pasa y se desliza
su blanda superficie apenas mueve
y en leves ondas su tersura riza.

Todo revive, al parecer, y abierta
la senda de otra vida, se percibe;
mas el joven aqul an no despierta.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Una paloma silvestre
ligera viene y se posa
en el rbol do reposa
el joven que se durmi.

Ya su cantar poco dulce
marchse el blando beleo
de su pacfico sueo;
y el joven se levant.

La vista tiende en la selva
para despedirse acaso,
mas tras l sintiendo el paso
de algn animado ser,

vuelve la cabeza y mira
un nio que juguetea,
y contento se recrea
con inocente placer;

y que en su mano lozanas
las flores marchitas antes,
con sus colores brillantes
volvieron a relucir;

y el pjaro que doliente
entre sus manos muriera,
ora cantando volviera
con su hermosura a vivir.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Entonces el joven
del caso presente
la causa a su mente
pregunta, y la hall.

Y en tanto que el nio
risueo jugaba,
su labio marcaba
sonrisa que hel.

La duda presiente
que acaso a su vida
por siempre ir unida
fatal prediccin...

Suspira y su labio
murmura una queja,
y huyendo se aleja
de aquella visin.

Luego un eco
en el espacio
muy despacio
se perdi,
y en los valles
extendido
escondido
murmur,
con raro
vago
son:

Al que en la vida una vez
mira la fe ya perdida
que acarici su niez
y la terrible vejez
siente venir escondida;
quien contempla la ilusin
de su esperanza soada
muriendo en el corazn
al grito de la razn
qu es lo que queda?... nada!...



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