Poema El país del sol de Rubén Darío

El país del sol

de Rubén Darío

JUNTO
al negro palacio del rey de la isla de Hierro—(¡oh, cruel, horrible
destierro!)—¿cómo es que tú, hermana harmoniosa, haces cantar al cielo
gris, tu pajarera de ruiseñores, tu formidable caja musical? ¿No te
entristece recordar la primavera en que oíste a un pájaro divino y
tornasol
en el país del sol?

 En el jardín
del rey de la isla de Oro—(¡oh, mi ensueño que adoro!)—fuera mejor que
íú, harmoniosa hermana amaestrases tus aladas flautas, tus sonoras
arpas; tú que naciste donde más lindos nacen el clavel de sangre y la
rosa de arrebol,
en él país del sol!

 O en el alcázar de la reina de la isla de Plata (Schubert, solloza la Serenata...)
pudieras también, hermana armoniosa, hacer que las místicas aves de tu
alma alabasen dulce, dulcemente, el claro de luna, los vírgenes lirios,
la monia paloma y el cisne marques. La mejor plata se funde en un
ardiente crisol,
en el país del sol!

Vuelve, pues, a tu barca, que tienes lista la vela—(resuena, lira,
Céfiro, vuela)—y parte, harmoniosa hermana, a donde un príncipe bello, a
la orilla del mar, pide liras, y versos y rosas, y acaricia sus rizos
de oro bajo un regio azul parasol,
en el país del sol.

New Yoy, 1893.



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