Poema El protervo de José Antonio Ramos Sucre

El protervo

de José Antonio Ramos Sucre

    Nosotros constituíamos una amenaza efectiva.
    Los clérigos nos designaban por medio decircunloquios al elevar sus preces, durante el oficio divino.
    Decidimos asaltar la casa de un magistradovenerable, para convencerlo de nuestra actividad y de la ineficacia desus decretos y pregones.
    Esperaba intimidarnos al doblar el número desus espías y de sus alguaciles y al lisonjearlos con la promesade una recompensa abundante.
    Ejecutamos el proyecto sigilosamente y condeterminación y nos llevamos la mujer del juez incorruptible.
    El más joven de los compañerosperdió su máscara en medio de la ocurrencia y vino a serreconocido y preso.
    Permaneció mudo al sufrir los martiriosinventados por los ministros de la justicia y no lanzó una quejacuando el borceguí le trituró un pie. Murió dandotopetadas al muro del calabozo de piso hundido y de techo bajo y deplomo.
    Gané la mujer del jurista al distribuirse elbotín, el día siguiente, por medio de la suerte. Sulozanía aumentaba el solaz de mi vivienda rústica. Suscortos años la separaban de un marido reumático ytosigoso.
    Un compañero, enemigo de mi fortuna, sepermitió tratarla con avilantez. Trabamos una lucha a muerte ylo dejé estirado de un tratazo en la cabeza. Los demáspermanecieron en silencio, aconsejados del escarmiento.
    La mujer no pudo sobrellevar lacompañía de un perdido y murió de vergüenza yde pesadumbre al cabo de dos años, dejándome unaniña recién nacida.
    Yo la abandoné en poder de unas criadas de miconfianza, gente disoluta y cruel, y volví a mis aventurascuando la mano del verdugo había diezmado la caterva de misfieles.
    Muchos seguían pendientes de su horca,deshaciéndose a la intemperie, en un arrabal escandaloso.
    Al verme solo, he decidido esperar en mi refugio laaparición de nuevos adeptos, salidos de entre los pobres.
    Dirijo a la práctica del mal, en medio de misaños, una voluntad ilesa.
    Las criadas nefarias han dementado a mi hija pormedio de sugestiones y de ejemplos funestos. Yo la he encerrado en unaestancia segura y sin entrada, salvo un postigo para el paso de escasasviandas una vez al día.
    Yo me asomo a verla ocasionalmente y mis sarcasmosrestablecen su llanto y alientan su desesperación.


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