Poema El rajá de José Antonio Ramos Sucre

El rajá

de José Antonio Ramos Sucre

    Yo me extravié, cuando era niño, enlas vueltas y revueltas de una selva.
    Quería apoderarme de un antílope recental. El rugido delelefante salvaje me llenaba de consternación. Estuve a punto deser estrangulado por una liana florecida.
    Más de un árbol se parecía alasceta insensible, cubierto de una vegetación parásita ydevorado por las hormigas.
    Un viejo solitario vino en mi auxilio desde supagoda de nueva pisos. Recorría el continente dando ejemplos demansedumbre y montado sobre un búfalo, a semejanza de Lao-Tse,el maestro de los chinos.
    Pretendió guardarme de la sugestión delos sentidos, pero yo me rendía a los intentos de las ninfas delbosque.
    El anciano había rescatado de la servidumbrea un joven fiel. Lo compadeció al verlo atado a la cola delcaballo de su señor.
    El joven llego a ser mi compañero habitual.Yo me divertía con las fábulas de su ingenio y con lasmemorias de su tierra natal. Le prometí conservarlo a mi ladocuando mi padre, el rey juicioso, me perdonase el extravío y mevolviese a su corte.
    Mi desaparición abrevió losdías del soberano. Sus mensajeros dieron conmigo para advertirmesu muerte y mi elevación al solio.
    Olvidé fácilmente al amigo de antes,secuaz del eremita. Me abordó para lamentarse de su pobreza ydeclararme su casamiento y el desamparo de su mujer y de su hijo.
    Los cortesanos me distrajeron de reconocerlo y loentregaron al mordisco sangriento de sus perros.


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