Poema El reino interior de Rubn Daro

El reino interior

de Rubn Daro



A Eugenio de Castro.
...with Psychis, my soul.
Poe

Una selva suntuosa
en el azul celeste su rudo perfil calca.
Un camino. La tierra es de color de rosa,
cual la pinta fra Domnico Cavalca
en sus Vidas de Santos. Se ven extraas flores
de la flora gloriosa de los cuentos azules,
y entre las ramas encantadas, papemores
cuyo canto extasiara de amor a los bulbules.
y bajo la ventana de mi Bella-Durmiente,
el sollozo continuo del chorro de la fuente
y el cuello del gran cisne blanco que me interroga.

Mi alma frgil se asoma a la ventana obscura
de la torre terrible en que ha treinta aos suea.
La gentil Primavera primavera le augura.
La vida le sonre rosada y halagea.
Y ella exclama: "Oh fragante da! Oh sublime da!
Se dira que el mundo est en flor; se dira
que el corazn sagrado de la tierra se mueve
con un ritmo de dicha; luz brota, gracia llueve.
Yo soy la prisionera que sonre y que canta!"
Y las manos liliales agita, como infanta
real en los balcones del palacio paterno.
Qu son se escucha, son lejano, vago y tierno?
Por el lado derecho del camino adelanta
el paso leve una adorable teora
virginal. Siete blancas doncellas, semejantes
a siete blancas rosas de gracia y de armona
que el alba constelara de perlas y diamantes.
Alabastros celestes habitados por astros:
Dios se refleja en esos dulces alabastros!
Sus vestes son tejidos del lino de la luna.
Van descalzas. Se mira que posan el pie breve
sobre el rosado suelo, como una flor de nieve.
Y los cuellos se inclinan, imperiales, en una
manera que lo excelso pregona de su origen.
Como al comps de un verso su suave paso rigen.
Tal el divino Sandro dejara en sus figuras
esos graciosos gestos en esas lneas puras.
Como a un velado son de liras y lades,
divinamente blancas y castas pasan esas
siete bellas princesas. Y esas bellas princesas
son las siete Virtudes.

Al lado izquierdo del camino y paralelamente,
siete mancebos oro, seda, escarlata,
armas ricas de Oriente hermosos, parecidos
a los satanes verlenianos de Ecbatana,
vienen tambin. Sus labios sensuales y encendidos,
de efebos criminales, son cual rosas sangrientas;
sus puales, de piedras preciosas revestidos
ojos de vboras de luces fascinantes,
al cinto penden; arden las prpuras violentas
en los jubones; cien las cabezas triunfantes
oro y rosas; sus ojos, ya lnguidos, ya ardientes,
son dos carbunclos mgicos del fulgor sibilino,
y en sus manos de ambiguos prncipes decadentes
relucen como gemas las uas de oro fino.
Bellamente infernales,
llenan el aire de hechiceros beneficios
esos siete mancebos. Y son los siete vicios,
los siete poderosos pecados capitales.

Y los siete mancebos a las siete doncellas
lanzan vivas miradas de amor. Las Tentaciones.
De sus liras melifluas arrancan vagos sones.
Las princesas prosiguen, adorables visiones
en su blancura de palomas y de estrellas.
Unos y otras se pierden por la va de rosa,
y el alma ma queda pensativa a su paso.
Oh! Qu hay en ti, alma ma?
Oh! Qu hay en ti, mi pobre infanta misteriosa?
Acaso piensas en la blanca teora?
Acaso
los brillantes mancebos te atraen, mariposa?

Ella no me responde.
Pensativa se aleja de la obscura ventana
pensativa y risuea,
de la Bella-durmiente-del-bosque tierna hermana ,
y se adormece en donde
hace treinta aos suea.
Y en sueo dice: "Oh dulces delicias de los cielos!
Oh tierra sonrosada que acarici mis ojos!
Princesas, envolvedme con vuestros blancos velos!
Prncipes, estrechadme con vuestros brazos rojos!

Papemor: ave rara
Bulbules: ruiseores



Analizar métrica y rima de El reino interior