Poema El sagitario de José Antonio Ramos Sucre

El sagitario

de José Antonio Ramos Sucre

EL SAGITARIO
    Subí la escalera de mármol negro ensolicitud de mi flecha, disparada sin tino. La hallé clavada enla puerta de cedro, embellecida de dibujos simétricos.
    Yo acostumbraba disparar el arco de plata semejanteal de Apolo, con el fin de interrogar a la fortuna. Yo estaba a puntode salir en un bajel de vela cuadrada y no fiaba sino en los de velatriangular. Había crecido satisfaciendo mis veleidades ycaprichos.
    Una mujer salió a espaldas de mí, seadelantó resueltamente a desprender la flecha trémula yme la alargó sin decir una palabra. Su presencia habíaimpedido el acierto de mi disparo. Yo reconocí una de lasenemigas de Orfeo.
    Quedé prendado de aquella mujer imperiosa,ataviada con la piel de una pantera. Creí haberla visto a lacabeza de una procesión ensañada con las ofrendastributadas al mausoleo del amante de Eurídice. Su gesto decólera desentonaba en la noche colmada.
    Defendí una vez más las cenizas delmaestro y espanté la turba de las mujeres encarnizadas,simulando, desde una arboleda, rugidos salvajes. Yo esperaba sufrir deun momento a otro el desquite de aquella estratagema.
    La mujer subió conmigo dentro de la nave yllamó despóticamente a su servicio las fieras del mar,ocultas en los arrecifes. Los marinos se entendieron con la mirada yescogieron un rumbo nuevo. El sol trazó varias veces el arco desu carrera sobre el circuito de las aguas. Un ave desconocida volabadelante de nosotros.
    Yo fui abandonado a mis propios recursos en unlitoral cenagoso, desde donde se veía, a breve distancia, unmonumento consagrado a las furias.
    Yo descubrí el nombre del sitio recordandouna lamentación de Orestes.


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