Poema En donde la memoria es una torre en llamas de Olga Orozco

En donde la memoria es una torre en llamas

de Olga Orozco



No, ninguna caída logró trocarse en ruinas
porque yo alcé la torre con ascuas arrancadas de cada infiernodel corazón.
Tampoco ningún tiempo pronunció ningún nombre consu boca de arena
porque de grada en grada un lenguaje de fuego los levantó hastael cielo.

Nadie se muere aquí.
Una criatura vela
envuelta entre sus plumas de ángel invulnerable
jugando con ayer convertido en mañana.
Vuelve a escarbar con un trozo de espejo los terrenos prohibidos,
la oscuridad sin nombre todavía,
para entregar a cada huésped la llave al rojo vivo queabrirá cualquier puerta hacia este lado,
una consigna de sobreviviente
y las semillas de su eternidad
un áspero alimento con un sabor a sed que nunca cesa.

Nadie se pierde aquí.
A la entrada de cada laberinto
la adolescente aguarda con un ovillo sin fin entre las manos.
Otra vez del costado donde perdura el eco,
una vez más del lado que se abre como un faro hacia la soledad,
hay un hilo que corre solamente desde siempre hasta nunca,
que ata con unos nudos invencibles las ligaduras de laseparación.
Con ese mismo hilo tejía sus disfraces de araña laimpostura
y el estrangulador, noche tras noche, preparaba su lazo mejor paramañana.
Pero ella sonríe aún detrás de su cristal de azulmelancolía
escribiendo sobre el vaho de las nuevas traiciones las másviejas promesas
con un tizón ardiendo,
para que nadie pierda la señal,
para que a nadie borre ni siquiera el perdón.

Nadie sale de aquí.
Yo convierto los muros de ansiosas hogueras que alimento con sal de lanostalgia,
con raíces roídas hasta el frío del alma por laintemperie y el destierro.
Yo cierro con mis ojos todas las cerraduras.
No hay grieta que se entreabra como en una sonrisa para burlar la ley,
ni tierra que se parta en la vergüenza,
ni un portal de cenizas labrado por la cólera, el sueño oel desdén.
Nada más que este asilo de paso hacia el final,
donde siempre es ahora en todas partes al sol de la vigilia,
donde los corredores guardan bajo sus alas de ladrones de adiósa todo mensajero del destino,
donde las cámaras de las torturas se abren en una escena dedicha o infortunio que ninguna distancia consigue restañar,
y por cada escalera se asciende una vez más hasta el fondo de lamisma condena.

Esta es la torre en llamas en medio de las torres fantasmas del invierno
que huelen a guarida de una sola estación,
a sótano cerrado sobre unas aguas quietas que nadie quiere abrir.
A veces sus emisarios vienen para trocar cada cautivo ardiente por unasombra en vuelo.
Entonces oigo el coro de las apariciones.
Llaman áridamente igual que una campana sepultada.
Zumban como un enjambre elaborando para mi memoria un ataúd dereina helada en el exilio.

Mis días en los otros ya no son nada más que una semillaseca,
un hilo roto,
la irrevocable momia del olvido.


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