Poema Entonces de José Antonio Ramos Sucre

Entonces

de José Antonio Ramos Sucre

    Sueño que sopla una violenta ráfaga deinvierno sobre tus cabellos descubiertos, oh niña, que transitaspor la nevada urbe monstruosa, a donde todavía joven esperollegar, para verte pasar. Te reconoceré al punto, no mesorprenderán tu alma atormentada y exquisita, tu cuerpo endebleni tu azul mirada; he presentido tus manos delicadas y exangües,he adivinado tu voz que canta y tu gentil andar. El día denuestro encuentro será igual a cualquiera de tu vida: teveré buscando paso entre la muchedumbre de transeúntes ycarruajes que llena con su tumulto la calle y con su ruido el airefrío. La calle ha de ser larga, acabará donde se juntenlejanas neblinas; la formará una doble hilera de casas sinningún intervalo para viva arboleda; la harán mástediosa enorme edificios que niegan a la vista el acceso al cielo.Lejos de la ciudad nórdica estarán para entonces lospájaros que la alegraban con su canto y olvidado estaráel sol; para que reine la luz artificial con su lívido brillo,la habrán sepultado las nubes, cuyo horror aumenta la industriacon el negro aliento de sus fauces.
    Entonces y allí será la últimahora de esta mi juventud transcurrida sin goces. Habré ido aexperimentar en la ciudad extraña y septentrional la amargura desu despedida y el desconsuelo de su eterno abandono. Para sufrir elocaso de la juventud ya estaré preparado por la partida demuchas ilusiones y el desvanecimiento de muchas esperanzas. En mimemoria dolerá el recuerdo de imposibles afectos y en miespíritu pesará el cansancio de vencidos anhelos. Y ya noaspiraré a más: habré adaptado mis ojos al feomundo, y cerrado mi puerta a la humanidad enemiga. Mi mansiónserá para otros impenetrable roca y para mí firmecárcel. Estoico orgullo, horrenda soledad habréalcanzado. En torno de mi frente flotarán los cabellos grises,cual la ceniza de huérfanos hogares.
    De lejos habré llegado con el eterno, hondopesar, el que nació conmigo en el trópico ardiente y queme acompaña como conciencia de vivir. Un pesar no calmado con lamaravilla de los cielos y de los mares nativos perpetuamente luminosos,ni con el ardor ecuatorial de la vida, que me ha rodeado exuberante yque sólo en mí languidece. Los años habránpasado sin amortiguar esta sensibilidad enfermiza y doliente, tolerablea quien pueda tener la única ocupación de soñar, yque desgraciadamente, por el áspero ataque de la vida, es dentrode mí como cuerda a punto de romperse en dolorosatensión. La sensibilidad que del adverso mundo me hace huir alsolitario ensueño, se habrá hecho más aguda yfrágil al alejarse gravemente mi juventud con la pausadamelancolía de la nave en el horizonte vespertino.
    Al encontrarte, quedaremos unidos por elconvencimiento de nuestro destierro en la ciudad moderna que seatormenta con el afán del oro. Ese día, demasiado tarde,el último de mi juventud, en que despertarán, comofantasmas, recuerdos semimuertos al formar el invierno la mortaja de latierra, será el primero de nuestro amor infinito yestéril. Unidos en un mismo ensueño, huiremos del mundo,cada día más bárbaro y avaro. Huiremos en unvuelo, porque nuestras vidas terminarán sin huellas, de tal modoque éste será el epitafio de nuestro idilio y de nuestraexistencia: pasaron como sonámbulos sobre la tierra maldita.


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