Poema Fulmen de José Antonio Ramos Sucre

Fulmen

de José Antonio Ramos Sucre

FULMEN
    Por los cristales viejos y manchados entra la luz ala oficina de trabajo. Viene del cielo oscuro y nublado a este sitio deorden severo y melancólico retiro. Queda suspensa, sin rozar latierra, como una aparición beatífica.
    El rayo luminoso atravesó en su viaje el airehúmedo y turbio. Parece llegar a los objetos que ilumina confatiga de enfermo. Diríase el dardo impotente delhomérico arco de Apolo. O más bien que pronostica la luzfutura del sol envejecido.
    Mientras luce el desleído esplendor, bulle eltrabajo esforzado y afanoso. Las almas se comunican a través delpesado silencio, la atención endurece el semblante, la tareaapremia los brazos fuertes y las manos ágiles. Casi no alientanlos pechos animosos.
    No hay tregua para la diversión ni elpensamiento. El patrón quiere el mayor beneficio de susmáquinas. Impone a sus hombres por única actitud laespalda doblada del siervo. Guarda para ellos el recelo de uncómitre a sus galeotes.
    Insta a la hosca grey sin respetar su tedio por lavida uniforme y estrecha. Irrita sus oprimidos anhelos, que alcanzan latensión de la nube gruesa. Reta al peligro hasta que ve lamuerte en la idea siniestra que exalta las lívidas frentes.Siente la consternación del viajero ante el signo grave delrayo, flagelo de áridas cimas.


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