Poema Hallazgo de la vida de César Vallejo

Hallazgo de la vida

de César Vallejo

¡Señores! Hoy es la primera vez que me doy cuenta de lapresencia de la vida. ¡Señores! Ruego a ustedes dejarmelibre un momento, para saborear esta emoción formidable,espontánea y reciente de la vida, que hoy, por la primera vez,me extasía y me hace dichoso hasta las lágrimas.
Mi gozo viene de lo inédito de mi emoción. Miexultación viene de que antes no sentí la presencia de lavida. No la he sentido nunca. Miente quien diga que la he sentido.Miente y su mentira me hiere a tal punto que me haríadesgraciado. Mi gozo viene de mi fe en este hallazgo personal de lavida, y nadie puede ir contra esta fe. Al que fuera, se lecaería la lengua, se le caerían los huesos ycorrería el peligro de recoger otros, ajenos, para mantenerse depie ante mis ojos.
Nunca, sino ahora, ha habido vida. Nunca, sino ahora, han pasadogentes. Nunca, sino ahora, ha habido casas y avenidas, aire yhorizonte. Si viniese ahora mi amigo Peyriet, les diría que yono le conozco y que debemos empezar de nuevo. ¿Cuándo, enefecto, le he conocido a mi amigo Peyriet? Hoy sería la primeravez que nos conocemos. Le diría que se vaya y regrese y entre averme, como si no me conociera, es decir, por la primera vez.
Ahora yo no conozco a nadie ni nada. Me advierto en un paísextraño, en el que todo cobra relieve de nacimiento, luz deepifanía inmarcesible. No, señor. No hable usted a esecaballero. Usted no lo conoce y le sorprendería tan inopinadaparla. No ponga usted el pie sobre esa piedrecilla: quién sabeno es piedra y vaya usted a dar en el vacío. Sea ustedprecavido, puesto que estamos en un mundo absolutamente inconocido.
¡Cuán poco tiempo he vivido! Mi nacimiento es tanreciente, que no hay unidad de medida para contar mi edad. ¡Siacabo de nacer! ¡Si aún no he vivido todavía!Señores: soy tan pequeñito, que el día apenas cabeen mí!
Nunca, sino ahora, oí el estruendo de los carros, que carganpiedras para una gran construcción del boulevard Haussmann.Nunca, sino ahora avancé paralelamente a la primavera,diciéndola: «Si la muerte hubiera sido otra...».Nunca, sino ahora, vi la luz áurea del sol sobre lascúpulas de Sacre-Coeur. Nunca, sino ahora, se me acercóun niño y me miró hondamente con su boca. Nunca, sinoahora, supe que existía una puerta, otra puerta y el cantocordial de las distancias.
¡Dejadme! La vida me ha dado ahora en toda mi muerte.


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