Poema Introduccin a la muerte de Federico Garca Lorca

Introduccin a la muerte

de Federico Garca Lorca


Poemas de la soledad en Vermont
Para Rafael Snchez Ventura

Muerte

A Luis de la Serna

Qu esfuerzo!
Qu esfuerzo del caballo por ser perro!
Qu esfuerzo del perro por ser golondrina!
Qu esfuerzo de la golondrina por ser abeja!
Qu esfuerzo de la abeja por ser caballo!
Y el caballo,
qu flecha aguda exprime de la rosa!,
qu rosa gris levanta de su belfo!
Y la rosa,
qu rebao de luces y alaridos
ata en el vivo azcar de su tronco!
Y el azcar,
qu pualitos suea en su vigilia!
y los puales,
qu luna sin establos, qu desnudos!,
piel eterna y rubor, andan buscando
Y yo, por los aleros,
qu serafn de llamas busco y soy!
Pero el arco de yeso,
qu grande, qu invisible, qu diminuto!,
sin esfuerzo.

Nocturno del hueco

I
Para ver que todo se ha ido,
para ver los huecos y los vestidos,
dame tu guante de luna,
tu otro guante perdido en la hierba,
amor mo!

Puede el aire arrancar los caracoles
muertos sobre el pulmn del elefante
y soplar los gusanos ateridos
de las yemas de luz o las manzanas.

Los rostros bogan impasibles
bajo el diminuto gritero de las yerbas
y en el rincn est cl pechito de la rana,
turbio de corazn y mandolina.

En la gran plaza desierta
muga la bovina cabeza recin cortada
y eran duro cristal definitivo
las formas que buscaban el giro de la sierpe.

Para ver que todo se ha ido
dame tu mudo hueco, amor mo!
Nostalgia de academia y cielo triste.
Para ver que todo se ha ido!

Dentro de ti, amor mo, por tu carne,
qu silencio de trenes boca arriba!
cunto brazo de momia florecido!
qu cielo sin salida. amor, qu cielo!

Es la piedra en el agua y es la voz en la brisa
bordes de amor que escapan de su tronco sangrante.
Basta tocar el pulso de nuestro amor presente
para que broten flores sobre los otros nios.

Para ver que todo se ha ido.
Para ver los huecos de nubes y ros.
Dame tus manos de laurel, amor.
Para ver que todo se ha ido!

Ruedan los huecos puros, por m, por ti, en el alba
conservando las huellas de las ramas de sangre
y algn perfil de yeso tranquilo que dibuja
instantneo dolor de luna apuntillada.

Mira formas concretas que buscan su vaco.
Perros equivocados y manzanas mordidas.
Mira el ansia, la angustia de un triste mundo fsil
que no encuentra el acento de su primer sollozo.

Cuando busco en la cama los rumores del hilo
has venido, amor mo, a cubrir mi tejado.
El hueco de una hormiga puede llenar el aire,
pero t vas gimiendo sin norte por mis ojos.

No, por mis ojos no, que ahora me enseas
cuatro ros ceidos en tu brazo,
en la dura barraca donde la luna prisionera
devora a un marinero delante de los nios.

Para ver que todo se ha ido
amor inexpugnable, amor huido!
No, no me des tu hueco,
que ya va por el aire el mo!
Ay de ti, ay de m, de la brisa!
Para ver que todo se ha ido.

II

Yo.
Con el hueco blanqusimo de un caballo,
crines de ceniza. Plaza pura y doblada.

Yo.
Mi hueco traspasado con las axilas rotas.
Piel seca de uva neutra y amianto de madrugada.

Toda la luz del mundo cabe dentro de un ojo.
Canta el gallo y su canto dura ms que sus alas.

Yo.
Con el hueco blanqusimo de un caballo.
Rodeado de espectadores que tienen hormigas en las palabras.

En el circo del fro sin perfil mutilado.
Por los capiteles rotos de las mejillas desangradas.

Yo.
Mi hueco sin ti, ciudad, sin tus muertos que comen.
Ecuestre por mi vida definitivamente anclada.

Yo.
No hay siglo nuevo ni luz reciente.
Slo un caballo azul y una madrugada.

Paisaje con dos tumbas y un perro asirio

Amigo,
levntate para que oigas aullar
al perro asirio.
Las tres ninfas del cncer han estado bailando,
hijo mo.

Trajeron unas montaas de lacre rojo
y unas sbanas duras donde estaba el cncer dormido.
El caballo tena un ojo en el cuello
y la luna estaba en un cielo tan fro
que tuvo que desgarrarse su monte de Venus
y ahogar en sangre y ceniza los cementerios antiguos.

Amigo,
despierta, que los montes todava no respiran
y las hierbas de m corazn estn en otro sitio.
No importa que ests lleno de agua de mar.
Yo am mucho tiempo a un nio
que tena una plumilla en la lengua
y vivimos cien aos dentro de un cuchillo.
Despierta. Calla. Escucha. Incorprate un poco.
El aullido
es una larga lengua morada que deja
hormigas de espanto y licor de lirios.
Ya vienen hacia la roca. No alargues tus races!
Se acerca. Gime. No solloces en sueos, amigo.

Amigo!
Levntate para que oigas aullar
al perro asirio.

Ruina

A Regino Sainz de la Maza

Sin encontrarse.
Viajero por su propio torso blanco.
As iba el aire.

Pronto se vio que la luna
era una calavera de caballo
y el aire una manzana oscura.

Detrs de la ventana,
con ltigos y luces, se senta
la lucha de la arena con el agua.

Yo vi llegar las hierbas
y les ech un cordero que balaba
bajo sus dientecillos y lancetas.

Volaba dentro de una gota
la cscara de pluma y celuloide
de la primer paloma.

Las nubes, en manada,
se quedaron dormidas contemplando
el duelo de las rocas con el alba.

Vienen las hierbas, hijo;
ya suenan sus espadas de saliva
por el cielo vaco.

Mi mano, amor. Las hierbas!
Por los cristales rotos de la casa
la sangre desat sus cabelleras.

T solo y yo quedamos;
prepara tu esqueleto para el aire.
Yo solo y t quedamos.

Prepara tu esqueleto;
hay que buscar de prisa, amor, de prisa,
nuestro perfil sin sueo.

Luna y panorama de los insectos

(poema de amor)

La luna en el mar riela,
en la lona gime el viento
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul

Espronceda

Mi corazn tendra la forma de un zapato
si cada aldea tuviera una sirena.
Pero la noche es interminable cuando se apoya en los enfermos
y hay barcos que buscan ser mirados para poder hundirse tranquilos.

Si el aire sopla blandamente
mi corazn tiene la forma de una nia.
Si el aire se niega a salir de los caaverales
mi corazn tiene la forma de una milenaria boiga de toro.

Bogar, bogar, bogar, bogar,
hacia el batalln de puntas desiguales,
hacia un paisaje de acechos pulverizados.
Noche igual de la nieve, de los sistemas suspendidos.
Y la luna.
La luna!
Pero no la luna.
La raposa de las tabernas,
el gallo japons que se comi los ojos,
las hierbas masticadas.

No nos salvan las solitarias en los vidrios,
ni los herbolarios donde el metafsico
encuentra las otras vertientes del cielo.
Son mentira las formas. Slo existe
el crculo de bocas del oxgeno.
Y la luna.
Pero no la luna.
Los insectos,
los muertos diminutos por las riberas,
dolor en longitud,
yodo en un punto,
las muchedumbres en el alfiler,
el desnudo que amasa la sangre de todos,
y mi amor que no es un caballo ni una quemadura,
criatura de pecho devorado.
Mi amor!

Ya cantan, gritan, gimen: Rostro. Tu rostro! Rostro.
Las manzanas son unas,
las dalias son idnticas,
la luz tiene un sabor de metal acabado
y el campo de todo un lustro cabr en la mejilla de la moneda.
Pero tu rostro cubre los cielos del banquete.
Ya cantan!, gritan!, gimen!,
cubren!;trepan! espantan!

Es necesario caminar, de prisa!, por las ondas, por las ramas,
por las calles deshabitadas de la edad media que bajan al ro,
por las tiendas de las pieles donde suena un cuerno de vaca herida,
por las escalas, sin miedo! por las escalas.
Hay un hombre descolorido que se est baando en el mar;
es tan tierno que los reflectores le comieron jugando el corazn.
Y en el Per viven mil mujeres, oh insectos!, que noche y da
hacen nocturnos y desfiles entrecruzando sus propias venas.

Un diminuto guante corrosivo me detiene. Basta!
En mi pauelo he sentido el tris
de la primera vena que se rompe.
Cuida tus pies, amor mo, tus manos!,
ya que yo tengo que entregar mi rostro,
mi rostro, mi rostro!, ay, mi comido rostro!
Este fuego casto para mi deseo,
esta confusin por anhelo de equilibrio,
este inocente dolor de plvora en mis ojos,
aliviar la angustia de otro corazn
devorado por las nebulosas.
No nos salva la gente de las zapateras,
ni los paisajes que se hacen msica al encontrar las llaves oxidadas.
Son mentira los aires. Slo existe
una cunita en el desvn
que recuerda todas las cosas.
Y la luna.
Pero no la luna.
Los insectos,
los insectos solos.
crepitantes, mordientes. estremecidos, agrupados,
y la luna
con un guante de humo sentada en la puerta de sus derribos.
La luna!!

New York. 4 de enero de 1930.

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