Poema La Mesnada de José Antonio Ramos Sucre

La Mesnada

de José Antonio Ramos Sucre

LA MESNADA
    Los colores vanos del alba me indicaban la hora deasistir al oficio de difuntos, celebrado en honor de la joven reina porunas monjas de celestial belleza. Yo sosegaba de ese modo el humosombrío y castizo.
    Las monjas adivinaban mi interés por lamemoria de la soberana y me rodeaban solícitas. Yo quedaba derodillas en el oratorio impenetrable, después de lacelebración de la misa. Entreveía las figuras entecas,dibujadas en las vidrieras y mosaicos. Unos santos armados y a caballomilitaban contra los vestiglos de un arte heráldico.
    Yo salía del retiro a unirme con los devotosde mi persona, esparcidos a distancia de la voz en las avenidas delasilo venerable. Debían acudir al mediar la mañana.
    Yo recuperaba, al pisar la calle, mipresunción innata. Habría dirigido, en presencia de losmatasietes, la bienvenida al peligro, imitando una actitud deCésar.
    Un jorobado empezó a reírse de maneraabominable al reparar en el entono y compás de mis ademanes. Lohabía salvado, el año anterior, cuando el verdugo sedisponía a descuartizarlo, acusándolo de homicida.
    Mis aficionados se precipitaron a satisfacer miindignación y lo enderezaron por medio del tormento.


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