Poema La alborada de José Antonio Ramos Sucre

La alborada

de José Antonio Ramos Sucre

LA ALBORADA
    El revuelo de las golondrinas impide la serenidad dela mañana celeste. Las aves seráficas observan su voto dejúbilo y pobreza. Sugieren una emoción nostálgicay piadosa. Desaparecen repentinamente, inspirando la sospecha de acudiral llamamiento de un ermitaño benévolo y anciano.
    Las iglesias vetustas de la ciudad episcopal,habitada por colegiales y doctores, conciertan ocasionalmente suscampañas
    El enfermo registra el contorno desde unbalcón retirado profundamente en su casa hermética.Permanece, vestido de blanco, en una silla poltrona. Deja ver, en elrostro cándido y marchito, los efectos de un malcontraído desde la niñez.
    He velado la noche entera, sintiendo los sones deuna orquesta lejana, a través del aire veleidoso. Lamúsica insinuaba el pasatiempo de la danza en una sala radiante.
    El enfermo ha desechado la fe de sus mayores.Sobrelleva el ocio prolijo siguiendo el pensamiento de filósofosdesolados y réprobos y penetrando los secretos de los idiomasantiguos, de belleza lapidaria. Rememora la amenaza de la fatalidad,las leyes inexorables del universo en estrofas de sonoridad latina.
    El enfermo se envuelve la faz con un lienzo recogidode sus hombros. Quiere ocultar a las miradas de su criada afectuosa elsentimiento de su última composición y la dice en vozbaja y suave.
    El poeta se burla del privilegio del genio, merceddiabólica transformada en cenizas. La calavera delsímbolo domina en su canto de soledad y amargura y anuncia, pormedio de una trompeta de bronce, la soberanía perenne del olvido.


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