Poema La cábala de José Antonio Ramos Sucre

La cábala

de José Antonio Ramos Sucre

LA CÁBALA
    El caballero, de rostro famélico y de barbasalvaje, cruzaba el viejo puente suspendido por medio de cadenas.
    Dejó caer un clavel, flor apasionada, en elagua malsana del arroyo
    Me sorprendí al verlo solo. Un jinete devisera fiel le precedía antes, tremolando un jirón en elvértice de su lanza.
    Discutían a cada momento, sin embargo de laamistad segura. El señor se había sumergido en la cienciade los rabinos desde su visita a la secular Toledo. Iluminaba suaposento con el candelabro de los siete brazos, sustraído de lasinagoga, y lo había recibido de su amante, una beldadjudía sentada sobre un tapiz de Esmirna.
    El criado resuelve salvar al caballero de laseducción permanente y lo persuade a recorrer un mar lejano, endonde suenan los nombres de los almirantes de Italia y lasCícladas, las islas refulgentes de Horacio, imitan el coro vocalde las oceánidas.
    Cervantes me refirió el suceso del caballerodevuelto a la salud. Se restableció al discernir en unamuchedumbre de paseantes la única doncella morena de Venecia.


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