Poema La pasionaria de Jos Zorrilla

La pasionaria

de Jos Zorrilla


LEYENDA QUINTA.

Contenido
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1 LA PASIONARIA.

1.1 INTRODUCCIN
1.2 I
1.3 II
1.4 III
1.5 IV
1.6 V
1.7 VI
1.8 VII
1.9 VIII
1.10 IX
1.11 X

[editar] LA PASIONARIA.
(cuento fantstico)

[editar] INTRODUCCIN

En un fresco valle ameno
de flores y rboles lleno
que a un jardn se pareca
un buen hidalgo viva
de pesadumbres ajeno.
De aquel albergue escondido
la soledad deleitosa
haba un santuario sido
donde pas guarecido
su larga vejez dichosa.
Soldado fue mientras pudo
con el lanzn y el escudo,
mas su buen tiempo pasado
volvi a su valle ignorado
a ser campesino rudo.
All dej a su partida
para la empeada guerra
en una esposa querida,
y una hija de ella tenida
cuanto adoraba en la tierra.
Mas de la guerra al volver
con sus heridas ufano,
ech el buen hombre de ver
que honrado volva en vano,
faltbale su mujer.
El pobre hidalgo la enviaba
nuevas suyas cada da
que una ocasin encontraba,
pero siempre se perda
el mensaje, y no llegaba.
Muri pues la triste esposa
sin noticias de su suerte,
pues en lid tan azarosa
dar era difcil cosa

pag 215

ms noticias que la muerte.
Llor su mala ventura
por largo tiempo el soldado,
mas todo el tiempo lo apura,
y el deleite y la amargura
tienen su fin sealado.
Vivo trasunto de aquella
perdida ya dulce esposa
quedbale una doncella
como su madre amorosa,
y ms que su madre bella.
Y quin Vive Dios! no olvida
los desastres ms prolijos
cuando la luz de su vida
llega a ver reproducida
en el amor de sus hijos.
La vejez desencantada
tal vez no goza con nada,
pero la ms cruel historia
se borra de su memoria
si de hijos se ve cercada.
As el valiente Robleda
todo su amor atesora
en la hija que le queda.
Ojala Dios le conceda
larga vejez con su Aurora!
Aurora, s, se llamaba
porque en la aurora de un da
conque un abril empezaba
naci, y el sol que apuntaba
con ella a la par naca.
Y quin sabe si al prever
su hermosura venidera,
quiso el sol su estrella ser
y vino la primavera
su ms bella flor a ver?
As suceder debi
porque en aquella espesura
la bella Aurora creci
y diola doble hermosura
cada aurora que pas.
Rosa del valle frondoso
que del cierzo la guarece
su cliz abre oloroso,
blsamo esparce precioso
en el desierto que crece.
Sus primorosos colores
y su fragancia exquisita

pag.216

vergenza son de las flores
que aquellos alrededores
dan entre yerba marchita.
Y orgulloso y satisfecho
de guardar tan linda flor,
Robleda pide a su pecho
mbito menos estrecho
para su ambicioso amor.
Toda su triste existencia
de Auroras desventuradas
y de sangrientas jornadas
de aquella aurora en presencia
sueo es de cuitas pasadas.
Y as en su albergue escondido
y en soledad deleitosa,
contra el pesar guarecido
para su vejez dichosa
el soldado encanecido,

[editar] I

En una de abril fecundo
deliciossima tarde,
y en la orilla de un arroyo
que cruza el ameno valle,
bajo la sombra sentada
de unos juncos desiguales,
una hermossima nia
sola y distrada yace.
Del manso arroyo contempla
los fugitivos cristales
que en las arenas del fondo
reflejan su bella imagen.
Y hllase linda sin duda
segn lo que se complace,
ya sonriendo con ella,
o ya, con ella enojndose.
A veces turbando el agua,
la borra por un instante,
volviendo curiosa luego
a ver como se rehace,
y asoma sobre sus labios
de pursimos corales
vaga e infantil sonrisa
de nuevo al verla formarse.
Mrala atenta esperando
a que las aguas se aclaren,
y a solas con su reflejo
pltica entabla muy grave.
Por qu me miras, le dice,
cuando me inclino a mirarte,
y si me aparto te apartas,
y si salgo a verte sales?
No sabes que es mucho orgullo
para una sombra tan frgil
hasta quien la da la vida
osar subir arrogante?
No sabes que con un soplo
romper y manchar me es fcil
los ojos con que te atreves
en los mos a mirarte?
Quien eres t, necia sombra,

pag 218

para salir a encontrarme
tras el quebradizo muro
de tu transparente crcel?
T, pobre ilusin sin vida,
sombra sin cuerpo palpable
que solo a la sombra de otro
puedes vivir arrastrndote.
T, que a mi solo capricho
debes no ms cuanto vales,
puesto que nunca nacieras
si yo a ti no me acercase.
Y todava me miras?
Y te me res infame.
Y me provocas sirvindote
de mis mismos ademanes?
Para insolencia tamaa
ya no hay paciencia que baste.
Toma, descarada, y sea
cada granito un ultraje.
Y as la hermosa diciendo
por castigar a su imagen,
tiraba al fondo del agua
las arenas de la margen.
Al ver la espuma que elevan,
al ver los innumerables
circulillos que producen
y unos y otros quebrndose
fugitivos de su centro,
y en tumulto interminable,
los unos van a perderse
adonde los otros nacen,
y entr la confusa tela
de sus lneas vacilantes,
al ver en el fondo turbio
inquieta siempre su imagen,
con inocente sonrisa
y con infantil donaire,
eso es - deca, ya vuelves,
necia sombra, a tus desmanes;
mas veremos por quin queda,
t a salir, yo a borrarte.
Y arena tiraba al agua
con caprichoso coraje.
En tal entretenimiento
se la pasaba la tarde,
luchando contra su sombra
que pareca constante,
Cuando un mancebo qu estaba

pag.219

tras ella, con voz suave
y afectuossimo tono,
djola: Aurora, qu haces?
Tornose al punto la nia,
y ruborizada alzndose
dijo bajando los ojos:
Qu he de hacer ms que esperarte?
Tan entretenida estabas
con el arroyo...
Tirbale
las arenillas que cra
por venganza.
En qu es culpable
para que as le castigues?
- Detesto sus falsedades,
y l me engaa.
-Qu te dice?
Me copia todo el semblante,
y miente sin duda alguna.
Por qu?
Porque a ser iguales
yo y el reflejo que pinta
ms en verdad te agradase.
Pues quin te ha dicho, alma ma,
que yo no te le idolatre?
Ms a menudo vinieras
si as fuera a contemplarle.
Acaso tard?
Lo ignoro.
Cuando vienes nunca es tarde,
pero cuando pasa un da
y otro y otro y aguardndote
paso horas y horas sentada,
mirando por todas partes,
sin que por ninguna lleguen
mis ojos a tropezarte,
Ay, qu de recelos
me atormentan!
Pues no sabes
que tengo yo, Aurora ma,
ayo, maestros y padre
que me acechan de continuo
y que me es fuerza robarles
los minutos para verte
si no para idolatrarte?
Cuando el castillo abandona
ya por caza ya por viaje,
es solo cuando evadirme

pag.220

de mi preceptor es fcil;
y solo con mil pretextos
logro entonces engaarle
y no or sus importunos
consejos inagotables.
Con el del noble ejercicio
de las armas salgo al parque,
el caballo se desboca,
salta la zanja y al valle.
Tanto bien mo, me cuesta
verte unos cortos instantes,
mas no hay azar que no arrostre
por orte y contemplarte.

Ay Siempre palabras
consoladoras me traes,
mas no s qu falta en ellas
que nunca me satisfacen.
Dudas acaso?...
No en ti,
que no me atreviera amndote.
Pues, en quin?
En la fortuna.
T tan noble...
Y es bastante
garanta la nobleza
de mi encumbrado linaje
para cumplir mis palabras.
Y esto Aurora ma baste,
que me ofenden esas dudas.
- Siempre ese altivo lenguaje,
siempre te me enojas!
Yo, Aurora ma, enojarme?
Contigo, mi bien, mi gloria.
Jams.
Pues tu mano dame,
jrame que me amas mucho
y hagamos las amistades.
Las manos no, el corazn.
No puedo yo tanto darte.
Pues qu, corazn no tienes?
No, que ha venido a robrmele
un mancebo muy gallardo.
De veras?
S, como un ngel.
Y se le llev?
Sin duda.
Como yo llegue a encontrarle...
Se le pedirs?

pag. 221

No, a fe. Pues qu has de hacer?
Arrancrsele.
Y aqu cayendo la nia
en los brazos de su amante
son un regalado beso
que devor ansioso el aire.
Aurora, dijo el mancebo,
mira al sol.
Te partes?
Qu he de hacer? Expira el da.
Es verdad,
mi padre
tambin estar impaciente.
Volvers pronto?
Cuanto antes.
Te acordaras de m?
Siempre.
Mi existencia es solo amarte;
no tengo en mi corazn
ms que un altar con tu imagen.
Se borrara?
Nunca Aurora.
Pintada esta con mi sangre
y por el crisol pasada
del fuego que en ella arde.
Y al dulce beso tornaron
en punto tal separndose
y mientras verse pudieron
no dejaron de mirarse.
Suba aprisa don Flix
y con pasos desiguales
por la tortuosa vereda
que lleva fuera del valle;
y lentamente cruzaba
Aurora la opuesta parte
por la olorosa pradera
de que es su casa el remate.
Y a cada paso volvindose
y de lejos saludndose,
ambos a dos se juraban
como quien eran amarse.
Pobres nios que insensatos
juzgaban interminable
lo que era con solo un soplo
interrumpirles muy fcil!

[editar] II

Tenda sobre la tierra
su oscuro manto la noche,
de estrellas poblando el cielo
en magnfico desorden.
Lanzaba apenas la luna
sus tmidos resplandores,
como enamorada que abre
recelosa sus balcones,
por ver al galn que espera
y que las sombras la esconden;
mas cuyo contorno vago
en la oscuridad conoce.
Todo en el valle reposa
y con murmullos acordes
entre las hojas susurran,
los cfiros juguetones,
el manso rumor del agua
que entre los cspedes corre
mezclado con sus murmullos,
incesantemente se oye.
Perfuma el ambiente puro
de las campesinas flores
el grato y sencillo aroma
que vida el aura recoge.
Brotan del hmedo csped
imperceptibles vapores,
que de las rfagas vuelan
sobre las alas veloces.
Y la frescura se aspira,
y los sentidos absorbe
vaga languidez dulcsima,
que hace su deleite doble.
El pensamiento perdido
el ancho espacio recorre
en pos de mil imposibles
encantadas ilusiones.
Los ojos alucinados,
con mil falsos resplandores
realidades imaginan,
sus increadas ficciones.
Y en el azul transparente
cuya extensin desconocen
sus errantes fantasas

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en su desvaro ponen.
Y un vapor que le atraviesa,
un insectillo que indcil
le cruza inquieto sonando
sus alillas uniformes,
una hoja que va en el aire,
sin hallar en qu se apoye
y desprendida de un tronco
acaso de savia pobre,
por una visin la toman,
que pasa ante ellos informe
- Suspiro tal vez de un hada
- Plegaria acaso de un monje.
Noche azul, limpia y serena
tras la cual se reconoce
lo infinito del espritu
que con un soplo hizo el orbe.
En esta noche tranquila
y en este valle fue donde
delante de una ventana
de su alquera sentose
el bueno de Juan Robleda
en un gran silln de roble,
asegurando los codos
en sus brazales enormes.
Los ojos en tierra fijos,
mohno el semblante noble,
sumido el nimo muestra
en graves meditaciones.
Jams se le vio tan triste;
sin duda su pecho esconde
algn secreto funesto
que el corazn le corroe.
Secreto que en el silencio
es fuerza que le devore,
que en su corazn se entierre
y en su corazn se ahogue.
Mas l desea sin duda
que fuera de l se desborde
reduciendo sus tormentos
a sentidas expresiones.
Que otro las oiga y las sienta
como l las siente y las oye,
ya porque l lo necesite,
o ya porque a otro le importen.
Y esto sin duda resuelve
porque dejando su inmvil
posicin, por la ventana

pag.224

llam a Aurora, y levantose.
Entr la hechicera nia,
volvi a su silln de roble
el padre, y entre los dos
pltica tal entablose.

ROBLEDA.

Dnde has estado?

AURORA.

En el soto.

ROBLEDA.

Qu has hecho all?

AURORA.

Coger flores.

ROBLEDA.

Y has cogido muchas?

AURORA.

Muchas.

ROBLEDA.

Ten cuenta con las que coges,
y no vayas a buscarlas
al parque de los seores
de Aracena, porque tiene
muy malos alrededores.

AURORA.

Yo seor...

ROBLEDA.

Me has entendido?
No estn mis ojos tan torpes
todava que no alcancen
hasta el lindero del bosque

AURORA.

Duleme padre y seor
que mi conducta os enoje.
Mas yo prometo...

ROBLEDA.

Hija ma
no hay desdicha que no arrostre
tu padre por tu ventura,
ni mal que por ti no afronte.
Mas no hay tampoco desdicha
que me desvele ni asombre,

pag.225

como el temor de perderte.

AURORA.

-Y a qu padre, esos temores?
Aqu hemos siempre vivido
retirados, nuestra pobre
posesin respetan siempre,
los bandidos y los nobles.
Mil veces me habis contado
que all detrs de esos montes
est la tierra turbada
con guerra y desolaciones.
Que todo el mundo esta henchido
de desventuras y horrores,
pero jams han llegado
a nuestro valle sus voces.

ROBLEDA.

Ah! que no es Aurora ma
tan peligroso el redoble
del atambor que convoca
para matarse los hombres
como la voz engaosa
de esas mgicas pasiones
que viven en nuestro pecho
como huspedes traidores.
Lides se vencen lidiando,
y al fin ya que no se logre
salir de una guerra siempre
felices o vencedores,
la fuga salva aunque manche.
Mas cmo de las traiciones
defenderse de enemigos,
que a par con nosotros corren?
Bajas Aurora los ojos,
la faz ruborosa escondes.
Ay de ti, luz de mi vida!,
si freno al amor no pones.

AURORA.

Callad por Dios padre mo!

ROBLEDA.

Fuerza es decrtelo, yeme.
Todo lo s, pobre nia,
esas desdichadas flores
que vas a coger al campo,
son las falsas expresiones

pag.226

los juramentos de amor
de un mozo a quien no conoces,
y de quien t no has nacido
ms que sierva. Y si no rompes
tan torpes lazos, si no echas
en olvido hasta su nombre...

AURORA.

Padre, imposible. Se mezcla
en mis mismas oraciones.
No se aparta de mi mente
ni de da ni de noche

ROBLEDA.

Pues bien Aurora es forzoso
que desprendrtele logres
del corazn, es preciso
que huyamos lejos de ese hombre.
Ti no naciste condesa,
no heredaste mas blasones
que tu honor, y esa no es prenda
para perdida de un golpe.
Vender nuestra alquera
Aurora, a partir disponte.
La distancia es el olvido,
y el tiempo allana los montes.
AURORA.

Pues bien padre partiremos.
Conozco vuestras razones,
iremos donde gustareis;
ser un sacrificio enorme,
tal vez me cueste la vida,
el alma tal vez indcil
se resista de tal modo
que el aliento me sofoque,
pero primero es mi padre.
Vuestros caprichos son rdenes
Para mi; s, padre mo,
mas dejadme que le llore.
No extrais no, que a los parpados
las lgrimas se me agolpen.
No me preguntis la causa
que ser mentar su nombre.
Y aqu de hinojos Aurora
ante su padre se pone
Diciendo: Padre partamos
antes que don Flix torne.

[editar] III

Catorce das despus
de su alquera a la puerta
iba a montar a caballo
el bravo Juan de Robleda.
Ya estaba a su lado Aurora
sobre una jaquilla negra,
y un criado conduca
sobre una mula su hacienda.
Las crines tena asidas
el soldado y el pie cerca
del estribo, cuando a ellos
vio con extraa sorpresa,
venir un hombre en un potro
desbocado por la cuesta,
y a pique de despearse
por la tortuosa vereda.
Las compasivas miradas
clav en l con ansia extrema
de que descendiera vivo,
lo que a la verdad no espera.
Mas gracias a su fortuna
mucho mas que a su destreza ,
por la orilla del arroyo
sigui su rauda carrera.
Pas el lindero del soto
tan veloz como una flecha,.
salt la zanja del bosque,
cruz el puente de madera
y pas por medio de ellos
sin ser dueo en su violencia
de contener de su potro
el impulso y la fiereza.
Era don Flix. Aurora
palideci a su presencia,
y el viejo esper pregunta
para concebir respuesta.
Parts? Pregunt don Flix
con tez plida y colrica.
Y con altiva mesura,
partimos, dijo Robleda.

pag.228

DON FLIX

Por mucho tiempo?

ROBLEDA.

Por mucho,
si es mucho la vida entera.

DON FLIX.

Los vasallos de mi padre
no pueden sin su licencia
abandonar sus estados.

ROBLEDA.

Por eso fui yo a obtenerla
de l mismo no ha muchas horas.

DON FLIX

Y os la dio?

ROBLEDA

Y gracias con ella.
Conque as, seor don Flix,
mire si paso nos deja,
porque la jornada es larga
y la maana esta fresca.

DON FLIX.

No ser mientras yo viva,
buen viejo, y tened paciencia,
que no ha de salir mi esposa
de donde su esposo queda.

ROBLEDA.

Qu estis hablando, don Flix?
Qu esposa o qu rayo es esa,
ni qu tengo yo que ver
con quien vuestra esposa sea?

DON FLIX.

Ms de lo que vos pensis
mi mujer os interesa,
que os vengo a pedir a Aurora
para mi esposa, Robleda.

ROBLEDA.

Esta su merced sin juicio
por Cristo vivo!

DON FLIX.

Ello es fuerza.
Yo la adoro, la idolatro;
todo el poder de la tierra
no me arrancar del pecho
esta pasin violenta.

ROBLEDA.

Teneos, seor, teneos,
que se os desboca la lengua;
y aunque os amargue es preciso
que oigis la verdad sincera.
Don Flix, doy por supuesto
que ella os ama, doy que es cierta,
profunda vuestra pasin,
decidida y verdadera,
mas ella naci villana,
y vos en estirpe regia,
s, porque sangre de reyes
circula por vuestras venas.
Ved pues si podis bajaros
hasta humillaros con ella,
o si ella puede subir
a vuestra altitud excelsa.

DON FLIX.

S puede Viven los cielos!,
que en la mujer no hay nobleza,
y en alas de la hermosura
se encumbra hasta las estrellas.
Cuando yo herede el condado
aunque segadora fuera
la esposa que yo tomare
fuera siempre la condesa.
Que si soy de sangre noble
soy tambin....

ROBLEDA.

Un calavera
que os cansaris en dos meses
de una zafia lugarea,
y la encerraris tirano
en alguna fortaleza,
para gastar en la corte
vuestro oro con las ajenas.
Creedme, seor don Flix,
yo tengo mucha experiencia

pag.230

y s la que son las cosas;
dejaos pues de quimeras.
Cada oveja, ya sabis
el refrn, con su pareja.

DON FLIX.

Pues buen viejo testarudo,
ya que me provocas, guerra
te har desde hoy, de tus brazos
la arrancar

ROBLEDA.

Y eso prueba
bien claro que sois un vil,
porque tan villana idea
le ocurre solo a un menguado
que contra la ley atenta.

DON FLIX.

Nada me importa tu clera,
me olvido de tu insolencia.
Y t, Aurora de mi vida...

ROBLEDA.

Don Flix, su merced vea
que si da un paso hacia Aurora,
la vida al punto le cuesta.
La justicia de mi causa
ha defendido mi lengua,
con honor; de vuestro arrojo
mis pistolas me defiendan.
As Robleda diciendo
metiose con faz resuelta
entre don Flix y Aurora,
la mano en las armas puesta.
Postrose a sus pies la nia
de miedo en llanto deshecha,
volvi en su acuerdo don Flix,
y a punto tal por la cuesta
aparecieron jinetes
del conde con la librea,
l mismo delante de ellos
avanzando a toda rienda.

EL CONDE.

Voto a San Dimas! Qu es esto?
El siervo contra el Seor?

pag.231

ROBLEDA

No busco de tal rigor
para excusarme pretexto.
Mas yo mi honor defenda
y antes de volver atrs
poco es de l, de Satans
seor le defendera.

EL CONDE.

Mi hijo a tu honor atent?
Robleda en verdad responde.

ROBLEDA.

Al vuestro atentaba, conde,
a no impedrselo yo.
Pidiome loco la mano
de mi hija y se la negu.

EL CONDE.

Eso pens? Por mi fe
que eres, un villano!

ROBLEDA.

Yo se lo dije tambin
mas a fuerza, dijo airado,
Que obtendra de contado
Lo que no de bien a bien.

DON FLIX

Pues bien, padre...

EL CONDE.

Calle el necio.
Robleda, t has peleado
en otro tiempo a mi lado
y siempre te tuve aprecio.
No, por mi vida, no es justo
que pagues solo la pena
de culpa que ha sido ajena.
No has de partir, es mi gusto.
La posesin te concedo
de todo el valle que habitas;
y ve si ms necesitas
que agradecido te quedo.
Y t nia olvida a ese hombre
que no es en verdad razn
que tenga tu corazn
quien no ha de darte su nombre.
Otro encontraras mejor

pag.232

Pues la duea de este valle
marido es fcil que halle
si no conde, con honor.

ROBLEDA.

La proteccin agradezco
Seor, mas es castigarme
a que me quede obligarme
en un lugar que aborrezco.

EL CONDE.

Entiendo tu repugnancia
Robleda, mas he curado
de que vivas descuidado;
Enviar a Flix a Francia.
Y aqu el conde de Aracena
volviendo el rostro a su hijo,
frunciendo el ceo le dijo
con voz decidida y llena:
Y ahora vos caballero
de hinojos ante ese anciano
pedidle a besar la mano
.
ROBLEDA

A mi, seor!

EL CONDE.

Yo lo quiero.

DON FLIX.

Padre y seor, si esto es
para vos buen desagravio
con gusto pondr mi labio
no en sus manos, en sus pies.
mas ved que mi corazn.

EL CONDE (interrumpindole.)

No hay ms en ello que hablar,
yo del os sabr arrancar
tan indigna inclinacin.
Hincaos, besad, muy bien!
Ahora montad e id delante,
mas id por mejor talante
por la estrella de Beln.
Y si queris desde ahora
que mi clera no estalle,
olvidaos de este valle
y no pensis en Aurora.

pag.233

Dios sea contigo, Robleda,
y ahora a escape, seores,
que estarn mis cazadores
esperando en la alameda.
Sali la gente del conde
tras l a escape resuelto
pero no sin haber vuelto
los ojos a donde
su Aurora en llanto desecha
recoge aquella mirada,
que acaso la desdichada
como la ltima aprovecha.
Mientras los pudo alcanzar
la vista sobre ellos tuvo,
cuando perdido los hubo
no pudo con su pesar.
Huy de su alma el valor
que hasta all haba asistido
y al fin cay sin sentido.
Tan tirano era su amor!

[editar] IV

Cumpli su palabra el conde
y envi a don Flix a Francia,
porque son tiempo y distancia
grandes contrarios de amor.
El conde esta satisfecho
y estalo tambin Robleda;
Aurora es solo quien queda
abismada en su dolor.
Don Flix va caminando
apesarado y mohn,
aliviando su camino
con las memorias de ayer.
Mas mozo ilustre que al mundo
hoy sale por vez primera
Quin sabe si all le espera
felicidad y placer?
Siempre en el negro castillo
de su familia encerrado,
ms fortuna no ha llegado
ni ms gloria a concebir;
toda su ambicin silvestre
se redujo a sus vasallos,
sus perros y sus caballos.
Eso fue su porvenir.
Mas si dichoso en la corte
y afortunado en la guerra,
fama se conquista y tierra
con bien merecida prez;
si el hidalgo en provincia
all en pas extranjero
venturoso aventurero
medra en el mundo a su vez;
si envuelto en el torbellino
del lujo y de la grandeza
altivo con su nobleza
y fiero con su favor
avasalla a la fortuna,
Quien de que viva respondo
en el corazn del conde
del campesino el amor?
La juventud es la fuerza,

pag.235

la imprevisin la osada,
la juventud con un da
de suerte amiga no ms.
Al golfo de la fortuna
sin brjula y sin estrella
se lanza; y boga tras ella
sin volver cara jams.
La felicidad no existe,
la gloria es una mentira,
mas solo la gloria inspira
hazaas de gran valer.
La dicha es la incertidumbre
en que estriba la esperanza,
y porque nunca se alcanza
damos tras ella en correr.
En pos de esa lumbre falsa
afanado siempre el hombre
acrecienta su renombre
y acrecienta su ambicin.
Y as fue grande Alejandro,
y as inmortal vive Homero
por su fortuna primero,
despus por su corazn.
Eso es el hombre, deseos,
ambicin, fortuna, gloria,
eso es su vida su historia,
del hombre es siempre el valer.
Mas la mujer.... Desdichada!
Dbil y hermosa nacida,
el amor solo es su vida,
su porvenir el amor.
Mientras el hombre combate
con la fortuna contraria,
ella triste y solitaria
orando por l est.
El hombre egosta, avaro
piensa en si mismo primero,
y el corazn todo entero
ella entre tanto le da.
Pobre Aurora! en vano tiendes
los ojos desencajados
por los peascos quebrados
que fuera del valle dan.
En vano pasas tus das
de silencio y pesadumbre,
de tu escasa incertidumbre
acrecentando el afn.
Si volver? Se pregunta

Pag. 236

todos los das Aurora.
Qu har don Flix ahora?
En eso piensa no ms.
Verle venir a lo lejos
a cada instante imagina,
mas la ilusin peregrina
no se realiza jams.
En vano el viejo Robleda
consuelo estril la ofrece.
Su duelo no desvanece
la verdad ni la razn.
Si acaso muestra en sus labios
al buen viejo una sonrisa,
una lgrima le avisa
de que pena el corazn.
Y pasa da tras da,
consmese hora tras hora,
mas no consuelan a Aurora
la razn ni la verdad.
Los das pasa en silencio,
pasa las noches llorando,
continuamente arraigando
su amor en la soledad.
No llores, mi bien, la dice
desolado el pobre viejo.
Al fin es mejor consejo
lo que se pierde olvidar.
Y ella responde: Perderle
Por qu ocultar que me pesa?
Ya s que mi suerte es esa,
mas dejdmela llorar.
Yo os promet, padre mo,
no verle mas, no buscarle,
mas no promet olvidarle,
que fuera imposible a fe.
Su imagen est con fuego
en mi corazn grabada,
y eternamente guardada
en l la conservar.
Y piensas, pobre inocente,
que l conservar la tuya?
Padre, quien quiera le arguya
por la palabra que dio.
El ser mi pensamiento
mientras me dure la vida,
si l, padre mo, me olvida
no he de culprselo yo.
Solo su bien es mi anhelo

Pag.237

y si a mi costa ha de hallarle,
quiera logrrsela el cielo
si es venturoso sin m.
As a su padre llorando
dice la infeliz Aurora,
y el viejo oyndolo llora
porque l triste lo cree as.
Y en esta penosa calma,
en esta intensa amargura,
sin menguar su desventura
pasaba el tiempo veloz.
Afanbase Robleda
en consolar a su hija,
mas ella en don Flix fija
desatenda su voz.
Pasaba el da, la triste,
al pie del cerro vecino,
siempre mirando al camino
con insensata avidez.
Continuamente sentada
en la pradera florida
donde le vio a su partida
por la postrimera vez.
Y el desdichado Robleda
que ciego la idolatraba,
vea bien que la ahogaba
su inextinguible dolor.
Pobre viejo! Con qu gusto
toda su sangre vertiera
para sofocar la hoguera
de aquel insensato amor!

[editar] V

En una tarde de julio
que los nublados embozan
del sol cubriendo los rayos
tras de su cortina lbrega,
del arroyuelo a la margen
est la infeliz Aurora
embebecida la mente
en lisonjeras memorias.
Plida y desencajada
aunque atractiva y hermosa
piensa en que el ao se cumple
y su don Flix no torna. Un ao!
Y la pobre nia
an siente devoradora
de su amor la eterna llama
que el tiempo apagar no logra.
Un ao va a hacer que ausente
del dulce sueo que adora,
an de su vuelta conserva
una ilusin mentirosa.
An sale todas las tardes
a contemplar a sus solas
la senda por do sola
bajar por entre las rocas.
An vuelve los tristes ojos
con esperanza engaosa
creyendo verle a lo lejos
doblar la empinada loma.
Mas nunca llega don Flix.
Jams amiga persona
trae carta o noticia suya
a la enamorada Aurora.
Y ella sin embargo espera,
mas Ay!, esperanza loca,
el ao entero se cumple
y su don Flix no torna.
Y estaba pensando en ello
meditabunda y llorosa,
cuando en el fin del camino
distinguir crey una sombra,

pag.239

Que se deslizaba rpida
por la vereda tortuosa,
aclarando sus contornos
segn la distancia acorta.
No es ilusin esta vez;
un bulto de humana forma
es la aparicin. Los ojos
se la saltan de las rbitas.
Con cunta ansiedad y ahnco
en el que viene los posa!
Sondear quisiera con verle
su nombre, su ser, su historia.
Y en tanto desciende al valle
la aparicin venturosa
que es un viejo peregrino
con su bordn y sus conchas.
gil y recio de miembros,
su larga edad no le estorba
para caminar, y apenas
sobre su bastn se apoya.
Cana la barba y crecida,
talante y faz majestuosa,
vaga sonrisa en los labios,
mirada escudriadora.
Tal era aquel extranjero
de cuya agradable boca,
oy Aurora un Dios te guarde.
Tras de sonrisa amistosa.
Y ella atenta contemplndole
por si tal vez le conozca,
volviole la cortesa
con un vengis en buenhora.
Quedaron ambos un punto
en actitud silenciosa
trabando entrambos a poco,
un dilogo en esta forma.

EL PEREGRINO.

-Qu haces en medio del campo
con la tormenta tan prxima
pobre nia?

AURORA.

Ya lo veis, Llorar.

EL PEREGRINO.

Y qu es lo que lloras?

pag.240

AURORA.

Mis desventuras, seor.

EL PEREGRINO.

Tan joven y ya te acosan
el corazn las desdichas?

AURORA.

Cada da se redoblan.
Mas perdonadme extranjero
si mi pregunta os enoja,
y a vuestra edad sin respeto
os interrumpo curiosa.
Vens de Francia?

EL PEREGRINO.

Es mi patria.

AURORA.

Y la habis andado toda?

EL PEREGRINO.

Toda la conozco a palmos
desde una punta a la otra.
Mas que te suspende nia?
Qu empacho pueril te estorba
finalizar tu pregunta?
Nada me has dicho hasta ahora
si acaso en Francia se hallare
alguna madre amorosa...

AURORA.

No la tengo.

EL PEREGRINO.

Algn hermano...

AURORA.

Tampoco.

EL PEREGRINO.

Alguna persona
querida... Tal vez la misma
ocasin de tus congojas.

AURORA.

Pues bien, anciano, es muy cierto.
Hay una cuya memoria
de mi no se aparta nunca.

pag. 241

EL PEREGRINO:

Un hombre?

AURORA.

S.

EL PEREGRINO

De espaola
sangre nacido?

AURORA.

En sus reyes
origen su sangre toma.

EL PEREGRINO:

Pas a Francia?

AURORA

Por mi culpa

EL PEREGRINO.

Le amabas?

AURORA:

Mucho

EL PEREGRINO.

Y se nombra?

AURORA.

Don Flix es, de Aracena.

EL PEREGRINO

Altivo?

AURORA.

Y galn

EL PEREGRINO

Dichosa
la mujer que para suya
tan buen caballero escoja!

AURORA:

Le conocis?

EL PEREGRIN:

Si por cierto,
que es conocerle gran honra.

AURORA.

Hablad por Dios!

EL PEREGRINO.

La fortuna
le acude con mano prdiga.
Mas liberal cada da,
de dicha y de honor le colma

pag.242

la Francia entera le aplaude,
y va su nave orgullosa
por el mar de los favores
navegando viento en popa.
El sabio rey Lus Onceno
con ciega pasin le adora;
y el prncipe sin empacho
le admite en su misma alcoba;
con ellos a caza sale,
gran fama con ellos goza
de entendido y de valiente.
Y aunque parezca lisonja,
no fue mejor caballero
con el rey Lus a Borgoa.

AURORA.

Callad, buen viejo, callad!,
que la ventura me agobia
al or tan gratas nuevas.
Mas decidme, tanta gloria,
buen peregrino, del alma
le habr arrancado ambiciosa
el amoroso recuerdo
de su abandonada Aurora?

EL PEREGRINO.

Ay todo el tiempo, hija ma,
lo confunde y lo trastorna
el curso a los ros tuerce
y las montaas desploma.

AURORA.

Basta, peregrino, basta,
que siento que sangre brotan
las mal cerradas heridas
que mi corazn destrozan
Con que me olvida?

EL PEREGRINO

Lo ignoro.

AURORA

Mas no sabis?...

EL PEREGRINO.

Que ama a otra.

AURORA.

Triste de m Si l me falta

pag.243

todo lo dems me sobra.
Ya estas palabras sintiendo
que las fuerzas la abandonan
el extranjero los brazos
tendi a la infeliz Aurora.
Cay sin sentido en ellos
y l blandamente dejola
en la florecida yerba,
sobre la mullida alfombra.

________________

Cuando tras breve desmayo
la nia a vida volvi,
tendi desatalentada
los ojos en derredor
y del arroyo a la margen
cuando sola se encontr,
Sin duda, dijo, he soado,
as sea, Plegue a Dios!
que a ser realidad, con ella
no pudiera el corazn.
S, sueo fue: el peregrino
que tales nuevas me dio,
de mi loca fantasa
fue no mas una ilusin.
S, todo ha sido un ensueo.
Mas cuanto me atorment!
En tanto avanzaba el lbrego
nublado amenazador,
y ya a lo lejos se oa
del trueno el cncavo son,
zumbaba el viento arrastrndose
en torbellino veloz,
mas sin templar de la atmsfera
el hlito abrasador.
Caan de cuando en cuando
precursoras del turbin
anchas y redondas gotas
que se tornaban vapor.
Y amedrentadas las aves
de abrigo preciso en pos
cruzaban el aire denso
sin segura direccin.
Solo el salvaje milano
con vuelo fascinador

pag.244

suspendido se cerna
en la azulada regin,
y a la impetuosa tormenta
precediendo sin temor,
giraba en crculos sesgos
graznado en spero son.
La senda con lento paso
de su alquera tom
Aurora, saliendo apenas
de su honda enajenacin,
y por la arenosa margen
del arroyo saltador
hasta el umbral de su puerta
meditabunda lleg.
All arrancando un suspiro
del fondo del corazn,
Qu har don Flix! Se dijo,
y a su aposento subi.

[editar] VI

Y yendo das y viniendo das,
y Aurora sin ceder en sus manas,
un ao se pasaba y otro ao,
sin que entendiera nunca el desengao.
Sueo no mas creyendo al peregrino
crea sin embargo en la firmeza
de don Flix, agero sospechndolo,
mas feliz esperando su destino
cuanto cierta su dicha y su riqueza.
Tal es nuestra locura!
Nunca creemos ms de los ageros
que la parte de bien y de ventura.
Si all en noche afanosa
negro, espantoso, aterrador ensueo
con tenaz pesadilla nos acosa,
su memoria azarosa
olvidar procuramos con empeo
cual creacin del alma vaporosa.
Mas si dulce ilusin blanca y risuea
nuestro reposo encanta,
al punto la juzgamos
de grato porvenir ilusin santa.
As pensaba Aurora
la vuelta de don Flix esperando
fiada en su palabra engaadora.
Siempre en su cierta ingratitud dudaba,
mas siempre en la fortuna,
la fama y los honores que adquira
crea sin cesar, sin ver que fuesen
visiones de su amante fantasa.
Y siempre en la ladera
del manso arroyo con afn sentada
por la senda tenda.
La vista enamorada
creyendo que don Flix volvera.
Embebida en tan dulces pensamientos
una tarde de julio calurosa
descansaba la nia fatigada
del arroyo a la margen arenosa.
Los ojos en el cielo

pag. 246

en lagrimas de amor humedecidos
distrada fijaba
sin fe ni objeto por su azul perdidos.
La imagen de don Flix
ms que nunca amoroso,
ms que nunca galn vea acaso
que a su valle volva
con ciego amor y presuroso paso.
Y ella ufana a su vez con su hermosura
los brazos le tenda
Mas ay que la ilusin nunca vena!
Siempre, s, de sus bellos pensamientos
la efmera ventura
deshaca de un soplo
su secreta y fatdica amargura.
Siempre se hundan sus dorados sueos
en el mar de sus lagrimas, y al cabo
sus delirios no ms siendo la suerte
que aguardaba dichosa,
miraba al porvenir... y no vea
ms esperanza que la tarda muerte,
Pesadilla fatal que la oprima!
Y aquella bienandanza
en que so a don Flix, la privanza
que en Francia con el prncipe gozaba,
todo cuanto la dijo el peregrino
la idea de otro amor la emponzoaba.
Todo era en su opinin sueo y mentira,
todo ilusin de su alma enamorada
mas Cunta fe, cuanto placer la inspira
su esperanza infundada
y al par con cuan fundada incertidumbre
su dichosa ilusin tenaz conspira
de su amor a que dude despechada!
Ay, desdichada Aurora,
cun arraigada la memoria guardas
del ingrato amador a quien aguardas!
Con cuanta fe tu corazn le adora!
Y as sin claro objeto
y sin clara razn la pobre nia
presa infeliz de su dolor secreto
enamorada llora,
y del lmpido arroyo en la ladera
siempre en su amor sin esperanza espera.

_________

Y en l estaba pensando
meditabunda y llorosa,

pag.247

Cuando en el fin del camino
distinguir crey una sombra
que deslizndose rpida
por la vereda tortuosa
se aclara y se patentiza
segn la distancia acorta.
Tembl de pavor al verla,
que no es ilusin ahora
de su ardiente fantasa
sino realidad odiosa.
Es el mismo peregrino
que ha vivido en su memoria
dos largo aos, imagen
de un sueo amedrentadora.
l es, con su blanca barba,
su paso y faz majestuosa
su indefinible sonrisa,
su mirada escrutadora,
con su sayo penitente
y su bordn, y sus conchas.
l es, s: y su presencia
todo lo comprende Aurora.
Toda la verdad del sueo
a su mente se la agolpa
con el certero pual,
de una exactitud diablica
don Flix rico y dichoso
cuya nave va orgullosa
por el mar de los favores
navegando viento en popa.
Heredero del condado
que muerto su padre goza,
querido del rey de Francia,
celebrado en toda Europa
por entendido y valiente,
sin ayos que se interpongan
Mas de su amor olvidado
y enamorado de otra.
todo esto en su mente bulle,
todo esto el alma la acosa,
como horrible desencanto
de esperanza engaadora.
Y ella... Necia sin ventura
que de firmeza blasona
conserva de quien la olvida
la ingrata imagen que adora!
Si an era sueo dudaba
cuando a sus odos prxima

pag.248

Oy una voz que deca
Dios sea contigo Aurora.
Rompi a llorar escuchndola
la muchacha, y su congoja
respetando el peregrino.
Tras larga pausa as hablola.
Aun vives nia y an amas?
Y an el raudal no se agota
de tu llanto y de tu vida?
Fortuna infeliz te toca!

AURORA.

Con que es verdad que a don Flix
protege fortuna prdiga,
y en honores y riquezas
consigue cuanto ambiciona?
Con que es verdad y no sueo
que ha dos aos vuestra boca
en esta misma ladera
me dijo que amaba a otra?
Hombre, quien quiera que seis
hombre, visin ilusoria
que desde Francia vens
no ms que a apagar la antorcha
de mi esperanza, volveos,
tornar a esa Francia odiosa
de donde venir no pueden
ms que sierpes ponzoosas.
Idos, buen viejo, y dejadme
con mis pesares a solas,
dos aos ha que os conozco
y en vos no cre hasta ahora.

EL PEREGRINO.

Y no me preguntas nada?

AURORA.

Cuanto me digis me sobra
si Flix no vuelve.

EL PEREGRINO.

Nunca.

AURORA.

Con que es ella tan dichosa
que en las redes de su amor
para siempre le aprisiona?

pag.249

EL PEREGRINO.

Para siempre.

AURORA.

Tanto le ama?

EL PEREGRINO.

Ambos con furor se adoran.

AURORA.

Fortunado de l!

EL PEREGRINO.

Sin duda
pues cuanto apetece logra.

AURORA.

Y ella es muy noble?

EL PEREGRINO.

Duquesa.

AURORA.

Joven?

EL PEREGRINO.

Mucho.

AURORA.

Y muy hermosa?

EL PEREGRINO.

Toda alabanza es escasa.

AURORA.

Ojala Dios les d toda la dicha que les desea
quien por sus venturas llora!

EL PEREGRINO.
No le amas ya pues tan fcil
su ingratitud le perdonas?

AURORA.

Cual nunca de sus recuerdos
el fuego Ay Dios! me devora.
S, mas yo solo a quien amo
deseo fortuna y gloria.

EL PEREGRINO

Mas si l te ultraja!...

pag.250

AURORA.
En amarle
yo pago una deuda propia,
si me olvida, cuenta es suya.

EL PEREGRINO.

Mas no de otro amor celosa...?

AURORA.

No, si l es feliz con ella,
el no serlo yo, qu importa?
Por qu la ventura ajena
querr turbar envidiosa?
No, que gocen y que nunca
les enoje mi memoria.
Y aqu el raudal enjugando
de sus lagrimas Aurora
qued al parecer tranquila.
Mas Ay! calma mentirosa,
porque dentro de su pecho
fermenta devoradora
la llama de sus pesares,
que ni extingue ni sofoca
la virtud que la consuela
pero que su amor no doma.
Absorto ante esta sublime
abnegacin generosa
al fin el viejo extranjero
dej correr turbia sola
por su tostada mejilla
de amargo llanto una gota.
Y Aurora tornando el rostro
en cuya faz amorosa
distinto aspecto sus rasgos
y extrao carcter toman,
dijo as con voz dulcsimo,
mas firme y fascinadora,
a la que Aurora no pudo
permanecer silenciosa.
Ningn deseo te resta
que se te pueda lograr?

AURORA

Solo imaginarlo es dar
en necedad manifiesta.

EL PEREGRINO.

Quisieras volverle a ver?

pag.251.

AURORA.

Si, siempre verle quisiera
mas sin que l verme pudiera
que fuera aguar su placer.
En ser eterno testigo
de su ventura me holgara
pero sin que l sospechara
que estaba siempre conmigo.
Verle, orle, noche y da,
poder cual ngel de Dios
ser continuo entre ellos dos,
espritu de armona.
inspirarle siempre fe,
siempre amor, siempre ventura
y encontrar mi sepultura
de su sepultura al pie.
Mas esto, buen peregrino,
ya veis que es delirio necio...
La voluntad os aprecio
mas seguid vuestro camino.

EL PEREGRINO.

No hay cosa que alguien no pueda
y nadie en la tierra sabe.
Lo que en lo posible cabe,
lo que en lo imposible queda.
Esto contest aquel viejo
a la propuesta de Aurora
a punto que por la tierra
se derramaban las sombras.
Cerraba la noche oscura,
tan negra y tan tenebrosa,
que no alcanzaban los ojos
a la distancia ms corta.
El viento lnguidamente
suspiraba entre las rocas
y alzaban triste murmullo
las casi agostadas hojas.
Con grande inquietud Robleda
de gran pesar precursora,
de los elementos va
la revolucin medrosa.
Pavor sentan su alma,
de noche tan densa y lbrega,

pag.252

En que imagina su suerte
tan negra como la atmsfera.
Y ante una ventana abierta
enterrado en su poltrona
al cielo sin luz miraba
con faz y con vista torva.
Qu espera all? Lo que nunca
volver a ver ms; su Aurora.
su amor, la luz de sus ojos,
el aliento de su boca.
Ay padre infeliz! bien haces
en llorarla: llora, llora,
que no has de volver a verla
porque el amor te la roba.
En vano al ver que se pasan
de la noche horas tras horas,
por todo el valle la busca
con ansiedad congojosa.
En vano de los peascos
por las quebradas recnditas
con tristes voces la llamas,
cuando a tu voz est sorda.
En vano vas al castillo
donde los restos reposan
del viejo conde, y preguntas
a sus gentes lo que ignoran.
En vano s, al pie del busto
que su sepulcro corona
con supersticin sencilla
humildemente te postras.
En vano sus pies besando
de piedra insensible y tosca
le ruegas que como en vida
vele por l y su honra.
En vano le dices Conde
mira que es mi nica joya.
Y aun vive tu hijo...! Levntate
entre el seductor y Aurora!
La estatua no te responde.
Ni dentro la huesa cncava
aunque tus ayes retumben
encontrarn quien los oiga.
No, no. La buscas en vano;
ve, ya en el Oriente asoma
la Aurora del nuevo da,
mas no volver tu Aurora.
Grande misterio la esconde,
grande voluntad la estorba

pag.253

a tus fatigados brazos
volver bella y cariosa.
Solo te quedan, buen viejo,
los ojos y la memoria,
para llorarla perdida,
Llora, desdichado, llora.

[editar] VII

En una selva del Garona a orillas,
de antiqusimos robles rodeado,
de recios chopos y hayas amarillas,
de almenas y de torres coronado
un enorme castillo se levanta;
Y el viajero mirando se amedrenta
tanto artificio y fortaleza tanta;
que es por dems su fbrica opulenta.
Profundos y anchos fosos le circundan,
cuyos cncavos senos
las turbias aguas del Garona inundan;
y dos seguros y macizos puentes
de gruesas barras y cadenas llenos
dos caminos franquean diferentes,
que a poco de la oscura fortaleza
se pierden de la selva en la maleza.
Por cima de los rboles copudos,
afrenta audaz de su estatura enana
y sus silvestres pabellones rudos,
la gigantesca torre
de los vigas se levanta ufana
ceida de exquisita filigrana
que al encaje sutil parejas corre.
All a merced del brego tendida
de remate sirvindola tremola
una bandera sola:
y esa bandera sobre el bosque erguida
de aquella tierra protectora ejida
es bandera feudal, y es espaola.
S, espaola; que entonces nuestra Espaa
no era menguada y voluntaria presa
de la ambicin y la doblez francesa;
y a la extranjera posesin extraa
para lavar con sangre una mancilla
poda en solo un sol con justa saa
Tercios y buques aprontar Castilla,
y su fiero Len pronto a la guerra
con un rugido amedrentar la tierra.
Era espaola; s, su lienzo rojo
mostraba de un blasn en los cuarteles
de Aragn y Navarra los laureles

pag.255

Los timbres de Len y Andaluca
que siempre con acrrima hidalgua
a su Dios fueron y a su patria fieles.
En esta solitaria fortaleza
cansado de las cuitas cortesanas
Y de sus necias ceremonias vanas
en los brazos del ocio y la pereza
un conde joven y espaol viva,
en bailes y festines repartiendo
las horas de la noche, y eligiendo
para la caza o la sortija el da.
Con l iba a la par su bella esposa,
y a celebrar sus bodas les segua
comitiva de amigos numerosa,
llenando sus efmeros deseos
los ms alambicados devaneos.
Squito de escuderos y vasallos
y sumas de dinero nunca escasas,
proporcionaban caas y torneos,
luchas de fieras, puestas de caballos;
y zambras de cristianos y de moros
ricamente dispuestas y vestidas,
y an con gasto excesivo prevenidas
corridas hubo de navarros toros.
Admirados quedando los franceses
de ver un espaol que con destreza
renda audaz de las pujantes reses
a un trapo y un estoque la fiereza.
Y as el seor don Flix de Aracena
gozaba en su castillo del Garona
de su reciente unin la enhorabuena,
de conde y duque doble la corona.
Y orgulloso adems, (que al cabo era
en Espaa nacido)
de continua fortuna lisonjera
por dems protegido.
Mozo, rico, y feliz con la que amaba,
de su ventura y juventud gozaba.
Y quin su antojo reprochar podra?
Quin su suerte Pardiez! no envidiara?
Era una noche azul, serena y clara;
resplandeca en el cenit la luna
sin que perdida nube la manchara
ante su faz cruzando inoportuna.
Lnguida brisa de campestre aroma
bullir entre los rboles se oa
y all del monte en la encumbrada loma
el manantial de la fecunda fuente

pag.256

Brillar al lejos con su luz se va,
por un peasco al resbalar pendiente.
el desigual murmullo campesino
del bosque espeso, su raudal vecino
ensordeca el rpido Garona
hirviendo sin cesar all en la hondura,
y su rugiente voz lanzando osado
del monte enmaraado
por la frondosa y lbrega espesura.
Ya dentro del castillo no sonaba
el son de los alegres instrumentos
que el odo a sus dueos regalaba
hartos de fiesta y de pesar exentos.
Mas se vean aun por las ventanas
cruzar las luces y la sombra errante
que de atentas camareras cortesanas
viejo escudero, o pajecillo amante
que de la estancia oculta retiraban
donde ya sus seores reposaban,
y aunque ya no se oan de contado
las vquicas canciones
an se vea el servicio descuidado,
las mesas del festn en los salones.
Y ya a su fin tocaba la carrera
de la noche apacible
y la luna a su hora postrimera
cuando en su rica y silenciosa estancia
bajo el dorado pabelln del lecho
la duquesa Clotilde con su esposo
a impulso del amor que arde en su pecho
en el lenguaje de la culta Francia
as segua dilogo amoroso.

CLOTILDE.

No es feliz adorado
mostrar que mancha en tu pasin sospecho
tu historia demandar: te has engaado.
Solo intentaba pues rebelde el sueo
nos niega su benfico beleo
entretener nuestra tenaz vigilia
con divertida historia;
y sin pensar me vino a la memoria
recuerdos demandar de tu familia.

DON FLIX.

Aleja de ella, mi Clotilde hermosa
toda sospecha ruin; y no te crea
por ignorarla sin razn celosa;

pag.257

Yo te la contar tal como sea,
aunque por muy vulgar es fastidiosa:

CLOTILDE.

Y yo la escuchar grata y atenta
celebrando sus lances,
sintiendo sus percances
y teniendo a la par tus travesuras
de tu inexperta juventud en cuento

DON FELIX.

Pues escchame ya Clotilde ma
juveniles locuras y un momento
de sonrisa que logren arrancarte,
ser mi recompensa y mi contento.
Y si el cuento montono te auxilia
en brazos a caer de manso sueo
ese favor dems Oh, dulce dueo!
Deberemos los dos a mi familia.

CLOTILDE.

Empieza, Flix mo, que te escucho,
y estoy por tu relato
mucho antojada, y cuidadosa mucho.

DON FELIX

Nac espaol; lo sabes por mi trato
franco y leal, y por mis nobles hechos;
que no hay en mi pas doblez ni engaos
en palabras de nobles, ni en sus pechos
miras serviles, cbalas, ni amaos.
Era mi padre conde de Aracena.
Para avaro heredero corto estado
mas posesin muy buena
y herencia suficiente
para heredero joven y valiente,
con humos y esperanzas de soldado.
Pas mi juventud en un castillo
de Aracena, entregado
a un preceptor escueto y amarillo
cuya cabeza vana
de lgica encerraba ms cuestiones
que jirones y puntos su sotana.
Este me haca leer la antigua historia,
mucho intil latn y mucho griego
de frrago atestando mi memoria
que, lo aprenda y lo olvidaba luego.
Este viejo Fermn que habita ahora

pag. 288

con nosotros aqu, franco soldado
como nio a tratarme acostumbrado,
ducho en caballos y en combates diestro
cuando a prvida edad hube llegado
de armas y equitacin fue mi maestro.
Y puedes colegir, Clotilde ma,
por tan ilustre y clebre colegio
lo que la suerte de mi hogar sera.
Aunque en Dios y en verdad que tengo odo
que mi padre viva en aquel tiempo,
por la corte y el rey muy mal querido
por no s que opiniones de partido.
Y aqu, bella Clotilde,
tu indulgencia reclamo
ya que a tal confesin me avengo humilde.

CLOTILDE.

Hay algn pecadillo
de amor?

DON FLIX.

Precisamente
la ocasin de salir de mi castillo,
que fue de esta manera.

CLOTILDE.

Bravamente! Plceme el cuento as, franco y sencillo.

DON FELIX

Tena entonces yo veinte y dos aos,
fieros con mi selvtica nobleza,
los riesgos del amor me eran extraos,
y con mil esperanzas deseos
tena, de una vez y sin rodeos,
fuego en el alma y aire en la cabeza,
all en mi mente un mundo comprenda
que no era el mundo real, con largo trecho,
pero era un mundo como ser deba
de mis ideas miserables hecho.
Yo, reducido al crculo mezquino
de mi desmantelado castillejo
de un valle a l vecino,
y un pueblecillo viejo.
Sin ms ocupacin que los sermones
del preceptor, catlico latino,
los perros, los caballos, los halcones,
sin ms servicios que correr la sierra

pag.259

al jabal y al ciervo haciendo guerra,
era un mozo en verdad muy decidido
de quien con una direccin juiciosa
se poda sacar muy buen partido.
En este estado pues cruzando un da
el valle ameno a mi mansin cercano,
en una aislada casa o alquera
encontr una doncella
como los sueos de un muchacho bella.

CLOTILDE

Bella?

DON FLIX.

Menos que t Clotilde ma!
Mas de tu claro sol, vvida estrella,
hija de un militar y lisiado,
que haba con mi padre en sus nieces
como valiente con honor lidiado,
y an salvado su vida varias veces.
Yo mozo y tan travieso,
ella hermosa y tan pura,
yo rico de alma y ella de hermosura...
Vine al fin a perder mi poco seso.
La am y me am: con infantil locura
de la pasin en brazos nos lanzamos,
y dos aos vivimos
vindonos siempre que ocasin hallamos,
fieles al par cuanto mejor supimos.

CLOTILDE.

Y la amabas?

DON FLIX.

La pobre zagaleja
sin duda por su padre sorprendida
me iba a huir sin razn, ni despedida.
Me opuse a tiempo, mas mi padre atento
me espiaba a su vez, y en un momento
nuestro amor se rompi y nuestra constancia,
envindome mi padre a hacer fortuna
a las campias de la alegre Francia;
donde guerrero injerto en cortesano
la suerte amiga me tendi su mano,
y la memoria del amor primero
se borr con el tiempo y la distancia ,
aunque no mi deber de caballero.

CLOTILDE.

La amas pues todava?

pag.260

DON FLIX.

A quin despus de ti, Clotilde ma?
Mas ella la infeliz all encerrada
con las aves no ms del valle oculto
acaso vivir muy desdichada
por culpa de un mancebo, que insensato
la juraba un amor que era imposible,
y que era fuerza que olvidara ingrato.

CLOTILDE.

Y aun guardas su memoria inextinguible!
De su dilogo aqu los dos esposos
dulcemente, llegaban
cuando la bella historia les turbaron
alaridos y gritos misteriosos
que a la reja del cuarto en que se hallaban
en repentina msica estallaron.
Oase a lo lejos
rodar la tempestad, arrebatada
en alas del revuelto torbellino;
Y en pos de los vivsimos reflejos
del rpido relmpago ruga
la poderosa voz del ronco trueno,
que la nube sombra
dentro guardaba del preado seno,
del viento proceloso
al vaivn vigoroso
crujir se oan los tronchados robles,
y de los puentes las cadenas dobles
rechinar en los goznes sacudidos
por el recio huracn estremecidos.
Oyes, Clotilde? pregunt don Flix
a su aterrada esposa
Sin duda se ha formado de repente
tempestad horrorosa.

CLOTILDE.

Yo no s qu temor me sobrecoge,
Flix, a ese rumor.

DON FLIX.

Hace un momento.
que en la enramada de la selva hojosa
tranquilamente suspiraba el viento.

CLOTILDE.

Mas escucha!... parece,

pag.261

Flix, que esa ventana se estremece.

DON FLIX

El viento que se estrella
con estrpito en ella.

CLOTILDE.

Eso ser.

DON FLIX

Si a fe.

CLOTILDE.

Mas pareca
que alguna voz humana...

DON FLIX

Pura imaginacin, Clotilde ma,
solo las aves pueden
llegar a esa ventana.

Mas la sangre de horror se hel en las venas
de los esposos nobles,
y paso hallaban al aliento apenas
al or el diablico ruido
con que en aquella reja se efectuaba
un misterio a los dos desconocido,
mas cuya inmediacin amedrentaba.
Tras aquella ventana pareca
que el espritu negro de la noche
la tempestad horrenda diriga.
All agitado el viento
en las caladas piedras estrellndose
bramaba airado con salvaje acento
en las molduras gticas rasgndose.
Ya remedaba el suspirar doliente
de angustiada mujer; ya murmuraba
como escondida fuente,
y a veces pareca
orse en realidad, no en apariencia
diablico concierto que auguraba
de seres invisibles
la cercana presencia.
y entonces se mezclaba
en desacorde son y grita horrible
detrs de aquella reja
el graznido fatal de la corneja,
de la hiena irascible
el spero gruido,

pag.262

de la tmida trtola l arrullo,
del pardo lobo el prolongado aullido,
y el agudo silbido
de la sutil culebra,
y el trmulo relincho del caballo,
y el canto triunfador con que celebra
su victoria o su amor el ronco gallo.
De este tumulto a par se perciban
palabras cuyo brbaro sonido
ofenda el odo,
y que mucho a conjuros parecan.
Ya era un susurro sordo y sooliento
al son de las abejas parecido,
ya era penado e ntimo lamento
arrancado a un dolor fiero y profundo,
ya el son ahogado del escaso aliento
del ltimo estertor de un moribundo.
Y acaso entre tan varios alaridos
se perciben dulcsimos quejidos
de voz enamorada,
voz de mujer que trmula suspira.
Amorosas canciones
que ciego amor a su pesar la inspira.
Y esta voz mujeril tierna y amante
de hondo misterio incomprensible henchida
halagaba tal vez por un instante,
pero dejaba luego
de pena el alma y de pavor transida,
ya remedando interesante ruego
ya congojosa y triste despedida.
Y estos aterradores
fatdicos clamores,
estas mil voces sin
comps mezcladas,
formaban tan fantstico conjunto,
tan extraa y confusa bataola
que el mas bizarro corazn si oyola
olvid su valor de todo punto.
Don Flix, aunque asaz supersticioso
y mucho a tal rumor amedrentado,
salt por fin del lecho
y a la ventana se arroj brioso,
de santa fe fortalecido el pecho
y de agudo pual el brazo armado.
Abri y en el instante
repentino relmpago
el aire opaco ilumin brillante;
bocanada de viento revoltoso
al aposento penetr ostentoso;

pag.263

las gotas de la lluvia desiguales
botaron de travs en los cristales
desparramadas resbalando al suelo;
sin que se viera en la extensin lejana
de la nublada cavidad del cielo,
mas que las nubes que en tropel seguan
de la tormenta el fugitivo vuelo.
Ya la tormenta pasa
(Dijo don Flix en redor mirando)
Y por Oriente el horizonte arrasa.

CLOTILDE

Qu ves?

DON FLIX.

La lluvia, que en verdad no escasa
en pantano cambi toda la tierra;
mas cesa ya.

CLOTILDE.

Pues cierra Flix, que ese aire mata.

DON FLIX.

Cierro y durmamos, qu se acerca el da,
y si el aire las nubes arrebata
maana haremos a mis ciervos guerra
y otra vez tendr fin la historia ma

[editar] VIII

Amaneci el siguiente
limpio, sereno y luminoso da
coronado de sol resplandeciente,
y dispuesta al placer la noble gente
que en el castillo a la sazn haba
se aprest diligente
para pronta y alegre cacera.
Ordenaron los prdigos barones
a escuderos y pajes y vasallos
sus perros aprontar y sus caballos
y las dems precisas provisiones.
El rumor de la fiesta en un momento
retumb de aposento en aposento,
y atronaron los largos corredores
con apodos, con trompas y con gritos
guas, palafreneros y ojeadores.
Por los patios cundieron
con gran tumulto y bataola fiera
voces de mando y ruidos de quimera,
y tumulto de gente aglomerada,
y relinchos, silbos, y ladridos
en que rompi azuzada
toda impaciente la trabilla entera.
Al repentino estrpito
don Flix y Clotilde despertaron
y al ver del sol los vivos resplandores
dorar de las ventanas las junturas
al punto adivinaron
la prisa de sus bravos cazadores.
Ya del lecho a saltar iba don Flix
cuando Fermn su viejo camarero
leal aragons encanecido
en servicio del conde, el primero
que a empuar le ense tajante acero
y a domear un potro embravecido,
entr en el aposento alegremente
con franqueza exclamando aragonesa:
Voto a Cribas! An duerme aqu la gente?
Levantaos, seor, y daos prisa
que no quiero que os llame negligente

pag. 265

esa orgullosa multitud francesa.
Lo cual Clotilde oyendo,
djole sonriendo;
Fermn, qu audacia es esa?
Y l contest la frase corrigiendo.
Perdone mi seora la condesa,
francesa fue cuando doncella y sola
mas unida a mi amo es ya espaola.
Con lo cual las cortinas apartando
el buen Fermn a su seor sirviendo
pronto si no muy bien fuele ataviando.
Y djole don Flix:
A esos seores di que nos esperan
que partan cuando quieran.
Como, seor, y estando en vuestra casa...?
Obedece, Fermn, que el da pasa
y nosotros al punto montaremos
y a encontrarles iremos.
Sali el viejo, y don Flix
ya vestida su esposa,
abriendo la ventana, exclam al cielo
mirando Qu maana tan hermosa!
Mas con lo que ha llovido, dijo aquella,
debe de ser un cenagal el suelo.
A cuya reflexin bajando el conde
los ojos, tropez con un objeto
del que no osaba mudo de sorpresa
volverlos a apartar... y la condesa
viendo que ni se mueve ni responde
llegose apoyndose en su hombro,
sigui su vista y el objeto hallando
que contemplaba, enmudeci de asombro,
pura, olorosa, fresca y solitaria
en una grieta que en el muro haba
vegetaba una hermosa PASIONARIA
que a los besos del aura se meca.
Ocultas en el hueco sus races,
solo en el aire al parecer segura,
mostraba sus riqusimos matices
de la pared sobre la piedra oscura.

_______________

Nacida en el dintel de su ventana,
y en medio de sus gticas labores
dijeran que la flor salta ufana
a ser vista no ms de sus seores.
Para ellos es la esencia soberana
que exhalan sus pursimos olores;

pag.266

solo su mano alcanza a su guarida,
y en su mano no ms tiene la vida.
En un capricho de la esposa bella,
en un deseo del galn esposo
puso Dios el influjo de su estrella,
y estriba en l su porvenir dudoso.
Acaso adorne su beldad con ella
si halla Clotilde su valor precioso,
y l acaso la arranque y se la ofrezca
como oportuno adorno le parezca.
Mirbanla los dos y no podan
dejarla de admirar. Qu hermosa era!
Al sol sus verdes hojas se tendan
la flor de su capullo echando fuera,
y una encantada tienda pareca,
cuyos lienzos plegando una hechicera
el primoroso encanto que guardaba
bajo su rico pabelln mostraba.

__________________

Y al mgico poder de sus conjuros
sometida la flor por el encanto
los tornasoles de la luz ms puros
reverberaba su oloroso manto.
Los del iris radiante eran oscuros,
y no brillaban los del alba tanto
como los que la flor mostraba en ella
ante los ojos de la esposa bella.

_____________

S a fe: los de Clotilde parecan
el espritu y la luz de sus colores;
con ms lujo y valor resplandecan
cuanto ms la miraban sus primores:
de su cliz as se desprendan
ms suaves y mas puros sus olores,
y a do Clotilde en rededor miraba
girasol de sus ojos se tornaban.

______________

Si tenda su mano hasta cogerla
oscilaba a su tacto estremecida;
si acercaba sus ojos para verla
se esponjaba al favor agradecida:
si llegaba con su hlito a mecerla
cobraba al recibirle doble vida,
y era en fin de su antojo tributaria
la encantada y silvestre PASIONARIA.

___________________

pag.267

Cuando ha nacido esa flor?
Dijo el conde a la condesa.
No has sido de esta sorpresa
t el autor?

DON FLIX.

No, a fe ma!

CLOTILDE.

Yo


Analizar métrica y rima de La pasionaria