Poema La procesión de José Antonio Ramos Sucre

La procesión

de José Antonio Ramos Sucre

LA PROCESIÓN
    Yo rodeaba la vega de la ciudad inmemorial ensolicitud de maravillas. Había recibido de un jardinero laquimérica flor azul.
    Un anciano se acercó a dirigir mis pasos. Meprecedía con una espada en la mano y portaba en un dedo laamatista pontifical. El anciano había ahuyentado a Atila de sucarrera, apareciéndole en sueños.
    Dirigió la palabra a las siete mil estatuasde una basílica de mármol y bajaron de sus zócalosy nos siguieron por las calles desiertas. Las estatuas representaban eltrovador, el caballero y el monje, los ejemplares másdistinguidos de la edad media.
    Unas campanas invisibles difundieron a la hora delángelus el son glacial de una armónica.
    El anciano y la muchedumbre de los personajeseternos me acompañaron hasta el campo y se devolvieron demí cuando las estrellas profundas imitaban un reguero de perlassobre terciopelo negro, sugiriendo una imagen del fastuoso pincelveneciano. Se alejaron elevando un cántico radiante.
    Yo caí de rodillas sobre la hierbadócil, rezando un terceto en alabanza de Beatriz, y un centaurodesterrado pasó a galope en la noche de la incertidumbre.


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