Poema Las fuentes del Nilo de José Antonio Ramos Sucre

Las fuentes del Nilo

de José Antonio Ramos Sucre

LAS FUENTES DEL NILO
    El rey libraba sus mandamientos desde el pie de unsicomoro. Engrandecía la solemnidad de la persona con losespejuelos y el par de zapatos, recibidos de mí el díaanterior. De ese modo le retorné la fineza de un diente demarfil.
    Yo presencié el castigo administrado por doshujieres del palacio, vivienda de cañas, sobre un pastor de lasgreyes del soberano. La resistencia de la víctima fatigaba lascorreas de hipopótamo.
    Siguió la voz de los prisioneros inhibidos depies y manos por una soga de cáñamo. Un verdugo desalvaje esfuerzo los arrojó de bruces al abismo. El másindócil se proclamaba descendiente de David, a pesar del tizne ydel monte de cabellos. Servía de acólito y manejaba elsistro de una iglesia de Abisinia. Fue sacrificado antes de una reatade palurdos ingenuos, alentados por él mismo a querellarse delos servidores del rey, de sus vejámenes y robos.
    Emprendimos una jornada continua en solicitud deunos comerciantes árabes, juntados en caravana a travésdel desierto. El tumulto de un rebaño de cabras, botín delos soldados, impedía la celeridad del movimiento. Lagreguería simulaba el regocijo de la vendimia, el bullicio deuna fiesta de Ceres. Los árabes previnieron el combate y sealejaron en sus cabalgaduras veloces, dejando a merced de los nuestrosalgunos camellos y borricos. La presa, odres de vino de palma y vasosde alfarero, dividió a los vencedores y los enredó enlitigios y porfías.
    El ejército arribó tropezando ycayendo, enajenado por la bebida espirituosa, a la gruta de un magoversátil y lo consultó, a voz en grito, sobre eléxito de una cacería. El impostor, ganado por losárabes, dedujo del pecho una voz profunda e hirió elsuelo con la semejanza de un caduceo. Un ave de alas descompasadassalió de entre sus pies a oscurecer la rueda del sol y produjoel desconcierto y la fuga de la muchedumbre sencilla.
    El autor del prodigio me separócortésmente de la compañía frenética y meinvitó a refugiarme en su casa. Desprendía de las orejasel disfraz de unas barbas de vellón.


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