Poema Las tres musas últimas castellanas 23 de Francisco de Quevedo y Villegas

Las tres musas últimas castellanas 23

de Francisco de Quevedo y Villegas



Esta yedra anudada que camina
y en verde laberinto comprende
la estatura del álamo que ofende,
pues cuanto le acaricia, le arruina,

si es abrazo o prisión, no determina
la vista, que al frondoso lago atiende:
el tronco sólo, si es favor, entiende,
o cárcel que le esconde y que le inclina.

¡Ay, Lisi!, quien me viere enriquecido
con alta adoración de tu hermosura,
y de tan nobles penas asistido,

pregunte a mi pasión y a mi ventura,
y sabrá que es prisión de mi sentido
lo que juzga blasón de mi locura.



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