Poema Las tres musas últimas castellanas 38 de Francisco de Quevedo y Villegas

Las tres musas últimas castellanas 38

de Francisco de Quevedo y Villegas



Petrarca celebró su Laura bella
con ingenio, y estilo levantado,
y hizo al mundo eterno su cuidado,
y la rara belleza, que vio en ella.

Viven y envidiosas muchas de ella,
porque es digno de ser muy envidiado
un bien tan alto, y tan dichoso estado,
que nunca pueda el tiempo contra ella.

Yo solo a ti gallarda Silvia hermosa,
a quien di el corazón en sacrificio,
querría dejarte de la misma suerte.

Que esta alma en adorarte venturosa
sólo te puede hacer este servicio,
que no te ofenda el tiempo, ni la muerte.



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