Poema Las tres musas últimas castellanas 5 de Francisco de Quevedo y Villegas

Las tres musas últimas castellanas 5

de Francisco de Quevedo y Villegas



Ya que huyes de mí, Lísida hermosa,
imita las costumbres de esta fuente,
que huye de la orilla eternamente,
y siempre la fecunda generosa.

Huye de mí cortés, y, desdeñosa,
sígate de mis ojos la corriente;
y, aunque de paso, tanto fuego ardiente
merézcate una yerba y una rosa.

Pues mi pena ocasionas, pues te ríes
del congojoso llanto que derramo
en sacrificio al claustro de rubíes,

perdona lo que soy por lo que amo;
y cuando, desdeñosa, te desvíes,
llévate allá la voz con que te llamo.



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