Poema Las tres musas últimas castellanas 61 de Francisco de Quevedo y Villegas

Las tres musas últimas castellanas 61

de Francisco de Quevedo y Villegas



De tantas bien nacidas esperanzas
del doméstico amor y dulce vida,
burlas, ingrata Silvia fermentida,
con desdenes, con celos, con tardanzas.

No arroje más tu brazo airadas lanzas
del pecho a la pirámide escondida;
que ya no dan lugar a nuestra herida
las que en ella te rinden alabanzas.

Confieso que de incienso en tus altares
con sacrílega mano al fuego ardiente
del no prudente dios preso con grillo.

Si me castigas dándome esos males,
no me mates, que un muerto no lo siente:
dame vida, y así podré sentillo.



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