Poema Libro de Buen Amor 33 de Juan Ruiz Arcipreste de Hita

Libro de Buen Amor 33

de Juan Ruiz Arcipreste de Hita

Furtava la raposa a su vesina el gallo:
veíalo el lobo, mandávale dexallo:
desía que non devía lo ageno furtarllo;
él non veía la hora, que estoviese en tragallo.

Lo que él más fasía, a otros lo acusava,
a otros retraía lo qu'él en sí loava,
lo que él más amava, aquello denostava,
desíe que non fesiesen lo qu'él más usava.

Emplasola por fuero el lobo a la comadre,
fueron ver su juisio ante un sabidor grande,
don Gimio avía por nomble, de Buxía alcalde,
era sotil e sabio, nunca seía de valde.

Fiso el lobo demanda en muy buena manera,
cierta et bien formada, clara e bien çertera,
teníe buen abogado, ligero e sotil era,
galgo, que de la raposa es grand abarredera.

Ante vos el mucho honrado e de grand sabidoría
don Gimio, ordinario alcalde de Buxía,
yo el lobo me querello de la comadre mía,
en juisio propongo contra su malfetría(38).

Et digo que agora en el que pasó de feblero,
era de mil e tresientos en el año primero,
regnante nuestro señor el león masillero,
que vino a nuestra çibdat por nomble de monedero.

En casa de don Cabrón, mi vasallo et mi quintero,
entró a furtar de noche por çima del fumero,
sacó furtando el gallo, el nuestro pregonero,
levolo et comiolo a mi pesar en tal ero.

De aquesto la acuso ante vos, el buen varón,
pido que la condenedes por sentençia et por ál non,
que sea enforcada e muerta como ladrón;
esto me ofresco probar so pena del talión.'

Seyendo la demanda en juisio leída,
fue sabia la gulpeja, et bien aperçebida;
Señor, dis yo só siempre de poco mal sabida,
dadme un abogado que fable por mi vida.

Respondió el alcalde: 'Yo vengo nuevamente
a esta vuestra çibdat, non conosço la gente;
pero yo te dó de plazo, que fasta días veinte
ayas tu abogado, luego al plazo vente.

Levantose el alcalde esa hora de judgar,
las partes cada una pensaron de buscar
quál dineros, quál prendas para el abogado dar,
ya sabía la raposa quién le había de ayudar.

El día era venido del plazo asignado,
vino doña Marfusa con un grand abogado,
un mastín ovejero de carrancas çercado:
el lobo quando lo vio, fue luego espantado.

Este grand abogado propuso por su parte:
Alcalde, señor don Gimio, quanto el lobo departe,
quanto demanda et pide, todo lo fas' con arte,
que él es fino ladrón, et non falla que l' farte.

Et por ende yo propongo contra él esençión
legítima et buena, porque su petiçión
non deve ser oída, nin tal acusación:
el faser non la puede, ca es fino ladrón.

A mí acaesçió con él muchas noches e días,
que levava furtadas de las ovejas mías,
vi que las degollava en aquellas erías,
ante que las comiese, yo gelas tomé frías.

Muchas veses de furto es de jues condenado,
por sentençia et por derecho es muy enfamado,
por ende non deve ser d'él ninguno acusado,
nin en vuestra audiençia oído, nin escuchado.

Otrosí le opongo, que es descomulgado
de mayor descomunión por costituçión de legado,
porque tiene barragana pública, e es casado
con su muger doña loba, que mora en vil forado.

Su mançeba es la mastina, que guarda las ovejas:
por ende los sus dichos non valen dos arvejas,
nin le deven dar respuesta a sus malas consejas;
asolved a mi comadre, váyase de las callejas.

El galgo e el lobo estaban encogidos,
otorgáronlo todo con miedo e amidos
dis luego la Marfusa: 'Señor, sean tenidos
en reconvençión, pido que mueran et non sean oídos.

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