Poema Libro de Buen Amor 66 de Juan Ruiz Arcipreste de Hita

Libro de Buen Amor 66

de Juan Ruiz Arcipreste de Hita

Desque ovo la dueña vençido la fasienda,
movió todo el real, mandó coger su tienda,
andando por el mundo mandó faser emienda,
los unos a los otros non se pagan de contienda.

Luego el primero día el miércoles corvillo
en las casa do anda, çesta nin canistillo
non dexa, tajador, basín, nin cantarillo,
que todo non lo muda sobre limpio librillo.

Escudillas, sartenes, tinajas, e calderas
cañadas, e barriles, todas cosas caseras
todo lo fase lavar a las sus lavanderas,
espectos et garrales, ollas e coberteras.

Repara las moradas, las paredes repega,
d'ellas fase de uevo, e d'ellas enjalvega,
a do ella ver lo puede, suçedad non se llega,
salvó a don Carnal, non sé a quién non plega.

Bien como en este día para el cuerpo repara,
así en este día por el alma se para:
a todos los christianos llama con buena cara,
que vayan a la iglesia con conçiençia clara.

A los que allá van con el su buen talente,
con çeniza los cruzan de ramos en la fruente,
diçen los que se conoscan et los venga miente,
que son çeniza e tal tomarán çiertamente.

Al christiano católico dale el santo signo,
porque en la Quaresma viva limpio et digno,
de mansa penitençia al pecador indigno
ablanda robre duro con el su blando lino.

En quanto ella anda estas oblas fasiendo,
don Carnal el doliente iva salud aviendo,
ívase poco a poco de la cama irguiendo,
pensó como fesiese, como fuese reyendo.

Dixo don Ayuno el Domingo de Ramos:
«Vayamos oír misa, señor, vos e yo ambos,
vos oyredes misa, yo resaré mis salmos.
Oyremos la pasión, pues que valdíos estamos.»

Respondiole don Ayuno, que d'esto le plasía,
resio es don Carnal, mas flaco se fasía,
fueron a la iglesia, non a lo que l' desía,
de lo que dixo en casa allí se desdesía.

Fuyó de la iglesia, fuese a la jodería,
resçebiéronlo muy bien en su carneçería,
pascua de pan çençeño éstos los venía,
plogó a ellos con él, e él vido buen día.

Luego lunes de mañana don Rabí Açelín
por le poner salvo emprestole su rosín,
púsose muy privado en estremo de Medellín,
dixieron los corderos: «Vedes aquí la fin.»

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