Poema Libro de Buen Amor 80 de Juan Ruiz Arcipreste de Hita

Libro de Buen Amor 80

de Juan Ruiz Arcipreste de Hita

El buen galgo ligero, corredor e valiente
avía quando era joven, pies ligeros, corriente,
avía buenos colmillos, buena boca e diente,
quantas liebres veía, prendíalas ligeramente.

Al su señor él siempre algo le presentava,
nunca de la corrida vasío le tornava,
el su señor por esto mucho le falagava,
a todos sus vesinos del galgo se loava.

Con el mucho laserio fue muy ayna viejo,
perdió luego los dientes e corrió poquillejo:
fue su señor a caça e salió un conejo,
perdiol' e non l' pudo tener, fuésele por vallejo.

El caçador al galgo feriolo con un palo,
el galgo querellándose dixo: '¡Qué mundo malo!
Quando era mançebo, desíanme: ¡halo, halo!
agora que só viejo, disen, que poco valo.

En mi juventud caça por pies non se me iva,
a mi señor la dava quier muerta o quier viva,
entonçes me loava, agora que só viejo, me esquiva,
quando non le trayo nada, non me falaga nin me silva.'

Los bienes et los loores muchos de mançebés,
defienden la fraqueça culpa de la vejés,
por ser el omen viejo, non pierde por ende pres,
el seso del buen viejo non se mueve de refés.

En amar al mançebo e a la su loçanía
et desechar al viejo, e faserle peoría
es torpedat e mengua, e maldat e villanía:
en el viejo se loa su buena mançebía.

El mundo cobdiçioso es de aquesta natura,
si el amor da fruto, dando mucho atura,
non dando nin sirviendo el amor poco dura,
de amigo sin provecho non ha el ome cura.

Bien quanto da el omen en tanto es preçiado;
quando yo dava mucho, era mucho loado,
agora que non do algo, só vil e despreçiado,
non ay mençión nin grado de serviçio pasado.

Non se membran algunos del mucho bien antiguo,
quien a mal ome sirve, siempre l' será mendigo,
el malo a los suyos non les presta un figo,
apenas qu' el pobre viejo falla ningund amigo.

Et señora, convusco a mí a tal acaesse,
servivos bien, e sirvo en lo que contesçe,
porque vin' sin presente, la vuestra saña cresçe.
E só mal denostada segund que ya paresçe.»

«Vieja», dixo la dueña, «çierto yo non mentí,
por lo que me dixiste yo mucho me sentí,
de lo que yo te dixe, luego me arrepentí,
porque talente bueno entiendo yo en ti.

Mas témome e reçelo que mal engañada sea,
non querría que me fuese, como al mur del aldea
con el mur de la villa yendo a faser emplea;
desirte he la fasaña, e finque la pelea:

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