Poema Los unos altsimos de Mara Rosala Rita de Castro

Los unos altsimos

de Mara Rosala Rita de Castro

* * *

Los unos altsimos,
Los otros menores,
Con su eterno verdor y frescura,
Que inspira a las almas
Agrestes canciones,
Mientras gime al rozar con las aguas
La brisa marina, de aromas salobres,
Van en ondas subiendo hacia el cielo
Los pinos del monte.

De la altura la bruma desciende
Y envuelve las copas
Perfumadas, sonoras y altivas
De aquellos gigantes
Que el Castro coronan;
Brilla en tanto a sus pies el arroyo
Que alumbra risuea
La luz de la aurora,
Y los cuervos sacuden sus alas,
Lanzando graznidos
Y huyendo la sombra.

El viajero, rendido y cansado,
Que ve del camino la lnea escabrosa
Que an le resta que andar, anhelara,
Detenindose al pie de la loma,
De repente quedar convertido
En pjaro o fuente,
En rbol o en roca.



Era apacible el da
Y templado el ambiente,
Y llova, llova,
Callada y mansamente;
Y mientras silenciosa
Lloraba yo y gema,
Mi nio, tierna rosa,
Durmiendo se mora.
Al huir de este mundo, qu sosiego en su frente!
Al verle yo alejarse, qu borrasca en la ma!

Tierra sobre el cadver insepulto
Antes que empiece corromperse..., tierra!
Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos,
Bien pronto en los terrones removidos
Verde y pujante crecer la hierba.

Qu andis buscando en torno de las tumbas,
Torvo el mirar, nublado el pensamiento?

No os ocupis de lo que al polvo vuelve!..
Jams el que descansa en el sepulcro
Ha de tornar amaros ni ofenderos.

Jams! Es verdad que todo
Para siempre acab ya?
No, no puede acabar lo que es eterno,
Ni puede tener fin la inmensidad.

T te fuiste por siempre; mas mi" alma
Te espera an con amoroso afn,
Y vendrs ir yo, bien de mi vida,
All donde nos hemos de encontrar.

Algo ha quedado tuyo en mis entraas
Que no morir jams,
Y que Dios, porque es justo y porque es bueno,
A desunir ya nunca volver.
En el cielo, en la tierra, en lo insondable
Yo te hallar y me hallars.
No, no puede acabar lo que es eterno,
Ni puede tener fin la inmensidad.

Mas... es verdad ha partido,
Para nunca ms tornar.
Nada hay eterno para el hombre, husped
De un da en este mundo terrenal,

En donde nace, vive y al fin muere,
Cual todo nace, vive y muere ac.



Una lucirnaga entre el musgo brilla
Y un astro en las alturas centellea,
Abismo arriba, y en el fondo abismo;
Qu es al fin lo que acaba y lo que queda?

En vano el pensamiento
Indaga y busca en lo insondable, oh ciencia!
Siempre al llegar al trmino, ignoramos
Qu es al fin lo que acaba y lo que queda.

Arrodillada ante la tosca imagen,
Mi espritu, abismado en lo infinito,
Impa acaso, interrogando al cielo
Y al infierno la vez, tiemblo y vacilo.
Qu somos? Qu es la muerte? La campana
Con sus ecos responde mis gemidos
Desde la altura, y sin esfuerzo el llanto
Baa ardiente mi rostro enflaquecido.
Qu horrible sufrimiento! T tan slo
Lo puedes ver y comprender, Dios mo!

Es verdad que lo ves? Seor, entonces,
Piadoso y compasivo

Vuelve mis ojos la celeste venda
De la fe bienhechora que he perdido,
Y no consientas, no, que cruce errante
Hurfana y sin arrimo,
Ac abajo los yermos de la vida,
Ms all las llanadas del vaco.

Sigue tocando muerto y siempre mudo
impasible el divino
Rostro del Redentor, deja que envuelto
En sombras quede el humillado espritu.
Silencio siempre; nicamente el rgano
Con sus acentos msticos
Resuena all de la desierta nave
Bajo el arco sombro.

Todo acab quizs, menos mi pena,
Pual de doble filo;
Todo, menos la duda que nos lanza
De un abismo de horror en otro abismo.

Desierto el mundo, despoblado el cielo,
Enferma el alma y en el polvo hundido
El sacro altar en donde
Se exhalaron fervientes mis suspiros,
En mil pedazos roto
Mi Dios, cay al abismo,
Y al buscarle anhelante, slo encuentro
La soledad inmensa del vaco.

De improviso los ngeles
Desde sus altos nichos .
De mrmol, me miraron tristemente
Y una voz dulce reson en mi odo:
Pobre alma, espera y llora
A los pies del Altsimo;
Mas no olvides que al cielo
Nunca ha llegado el insolente grito
De un corazn que de la vil materia
Y del barro de Adn form sus dolos.



Adivnase el dulce y perfumado
Calor primaveral;
Los grmenes se agitan en la tierra
Con inquietud en su amoroso afn,
Y cruzan por los aires, silenciosos,
tomos que se besan al pasar.

Hierve la sangre juvenil; se exalta
Lleno de aliento el corazn, y audaz
El loco pensamiento suea y cree
Que el hombre es, cual los dioses, inmortal.
No importa que los sueos sean mentira,
Ya que al cabo es verdad
Que es venturoso el que soando muere,
Infeliz el que vive sin soar.

!Pero qu aprisa en este mundo triste
Todas las cosas van!
Que las domina el vrtigo creyrase!...
La que ayer fu capullo, es rosa ya,
Y pronto agostar rosas y plantas
El calor estival.



Candente est la atmsfera;
Explora el zorro la desierta va;
Insalubre se torna
Del limpio arroyo el agua cristalina,
Y el pino aguarda inmvil
Los besos inconstantes de la brisa.

Imponente silencio
Agobia la campia;
Slo el zumbido del insecto se oye
En las extensas y hmedas umbras;
Montono y constante
Como el sordo estertor de la agona.

Bien pudiera llamarse, en el esto,
La hora del medioda,
Noche en que al hombre de luchar cansado
Ms que nunca le irritan,
De la materia la imponente fuerza
Y del alma las ansias infinitas.

Volved, oh noches del invierno fro,
Nuestras viejas amantes de otros das!
Tornad con vuestros hielos y crudezas
A refrescar la sangre enardecida
Por el esto insoportable y triste...
Triste!... Lleno de pmpanos y espigas!
Fro y calor, otoo primavera,
Dnde..., dnde se encuentra la alegra?
Hermosas son las estaciones todas
Para el mortal que en s guarda la dicha;
Mas para el alma desolada y hurfana,
No hay estacin risuea ni propicia.



Un manso ro, una vereda estrecha,
Un campo solitario y un pinar,
Y el viejo puente rstico y sencillo
Completando tan grata soledad.

Qu es soledad? Para llenar el mundo
Basta veces un solo pensamiento.
Por eso hoy, hartos de belleza, encuentras
El puente, el ro y el pinar desiertos.

No son nube ni flor los que enamoran;
Eres t, corazn, triste dichoso,
Ya del dolor y del placer el arbitro,
Quien seca el mar y hace habitable el polo.



Detente un punto, pensamiento inquieto;
La victoria te espera,
El amor y la gloria te sonren.
Nada de esto te halaga ni encadena?
Dejadme solo y olvidado y libre;
Quiero errante vagar en las tinieblas;
Mi ilusin ms querida
Slo all dulce y sin rubor me besa.



Mora el sol, y las marchitas hojas
De los robles, impulso de la brisa,
En silenciosos y revueltos giros
Sobre el fango caan:
Ellas, que tan hermosas y tan puras
En el abril vinieran la vida.

Ya era el otoo caprichoso y bello:
Cuan bella y caprichosa es la alegra!
Pues en la tumba de las muertas hojas
Vieron slo esperanzas y sonrisas.

Extinguise la luz: lleg la noche
Como la muerte y el dolor, sombra;
Estall el trueno, el ro desbordse
Arrastrando en sus aguas a las vctimas;

Y murieron dichosas y contentas...
Cuan bella y caprichosa es la alegra!



Del rumor cadencioso de la onda
Y el viento que muge;
Del incierto reflejo que alumbra
La selva o la nube;
Del piar de alguna ave de paso;
Del agreste ignorado perfume
Que el cfiro roba
Al valle la cumbre,
Mundos hay donde encuentran asilo
Las almas que al peso
Del mundo sucumben.



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