Poema Mar latino de José Antonio Ramos Sucre

Mar latino

de José Antonio Ramos Sucre

MAR LATINO
    Estoy glosando el paisaje de la Ilíada endonde los ancianos de Troya confiesan la belleza de Helena. Me escuchauna mujer floreciente del mismo nombre. Los dos sentimos la solemnidadde ese momento de la epopeya y esperamos el fragor del desastresuspendido sobre la ciudad.
    Agamenón, el rey de las mil naves, puedeapresurar, apellidándolas, el desenlace de la contienda.
    La sucesión de los visos del mar, presentesen la memoria de Homero, desaparece bajo el único tinte de lasangre.
    La mujer me invita a dejar el recuento de lascalamidades fabulosas y a seguir el derrotero de una fantasíamás serena, en demanda de unas islas situadas en el occidente.Horacio las recordaba cuando quería descansar de los malescontemporáneos.
    Yo comprendo la excursión irrealsirviéndome de los residuos lapidarios de una leyenda perdida.Nuestro bajel solicita, a vela y remo, los jardines quiméricosdel ocaso. Nos hemos fiado a un piloto de la Eneida. Su nombre designaactualmente un promontorio del Tirreno.
    La voz mágica de mi compañera fuga lassirenas ufanas de sus cabellos, en donde se enredan las algas y loscorales, y se muda en un canto flébil. Invita a comparecer, bajoel cielo de lumbre desvanecida, la hueste de larvassubterráneas, mensajeras de un mundo espectral.


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