Poema Milagro XXV La Iglesia robada de Gonzalo de Berceo

Milagro XXV La Iglesia robada

de Gonzalo de Berceo



Aun otro miraclo vos querria contar
Que fizo la Gloriosa, non es de oblidar:
Fuent perenal es ella de qui mana la mar,
Que en sazon ninguna non çessa de manar.

Bien creo que qui esti miraclo oiere,
Non li querrá toller la toca que cubriere:
Non li querrá toller por fuerza lo que tuviere,
Membrarle debe esto de mientre que visquiere.

En el tiempo del rey de la buena ventura
Don Ferrando por nomne, sennor de Estremadura,
Nieto del rey Alfonso cuerpo de grant mesura,
Cuntió esti miraclo de muy grant apostura.

Movieronse ladrones de parte de Leon,
De essa bispalia, de essa region,
Vinieron a Castiella por su grant confusion,
Guiolos el diablo que es un mal guion.

El uno era lego en duro punto nado,
El otro era clerigo del bispo ordenado,
Llegaron en Zohinos, guiólos el peccado,
El que guió a Judas façer el mal mercado.

De fuera de la villa en una rellanada
Sedie una eglesia non mucho aredrada:
Çerca de la eglesia una çiella poblada,
Moraba en la çiella una toca negrada.

Barruntaron la cosa estos ambos ladrones,
Movieronse de noche con sennos azadones,
Desquizaron las puertas, buscaron los rencones,
Bien entendien que era la çiella sin varones.

Pobre era la freira que mantenie la çiella,
avie magra sustançia, assaz poca ropiella;
Pero avie un panno, era cosa boniella,
Para mugier de orden cubierta apostiella.

Lo que fue en la çiella fue todo abarrido,
Mala-mient meneado en un saco metido,
Assaz era el lego omne de mal sentido,
Mas de peor el clerigo que mas avie leido.

Quando lo de la çiella todo fue embasado,
Todo valdrie bien pocco de aver monedado:
Asmaron los astrosos ministros del peccado
Que iaçia el pro todo en la glesia çerrado.

Fue con los azadones la çerraia rancada,
Desquizadas las puertas, la eglesia robada,
De quanto que y era non remaneçió nada:
Façien grant sacrilegio por ganançia delgada.

Despoiaron las sabanas que cubrien el altar,
Libros e vestimentas con que solien cantar:
Fue mal desvaratado el preçioso lugar,
Do solien pecadores al Criador rogar.

Quando ovieron fecha esta tan grant locura
Alzaron contra suso amos la catadura,
De la Virgo gloriosa vieron la su figura
Con su ninno en brazos la su dulz creatura.

Tenie en la cabeza corona muy onrrada,
De suso una impla blanca e muy delgada,
A diestro e a siniestro la tenie bien colgada,
Asmaron de tolleriela, mas non ganaron nada.

Argudose el clerigo e fizose mas osado,
Ca en cosas de eglesia él era mas usado:
Fuel trabar de la toca el mal aventurado,
Ca con esso avrien su pleito acabado.

Tovose la Gloriosa que era afontada,
Que tan villana-mientre la avien despoiada,
Mostró que del serviçio non era muy pagada:
Nunqua veieron omnes toca tan querellada.

Luego que de la toca trabó en mal fadado,
Pegoseli tan firme en el punno çerrado
Que con englut ninguno non serie tan trabado,
Ni con clavo que fuesse con martiello calçado.

Perdieron la memoria, ca bien lo mereçieron,
El lego e el clerigo tod el seso perdieron,
Fueron pora la puerta, fallar non la podieron,
Andaban en radío los que por mal naçieron.

De lo que avien príso non se podien quitar,
Ya lo querrien de grado, si podiessen dexar,
Dexarlo yen de grado, non lo querricn levar;
Mas de era la puerta, non lo sabien asmar.

Andaban tanteando de rencon en rencon,
Commo façia Sisinnio el çeloso varon,
Marido de Teodora mugier de grant cançion,
La que por Clemens Papa príso religion.

Los locos malastrugos de Dios desemparados
Andaban commo beudos todos descalabrados:
Oras daban de rostros, oras de los costados,
De ir en romeria estaban mal guisados.

La freyra con la perdida que avie reçibida
Issio commo que pudo ont iaçie escondida:
Metió voçes e gritos, fue luego acorrida,
La yent mas liviana adiesso fue venida.

Fueron luego venidos grant turma de peones,
Entraron en la eglesia, trovaron los ladrones,
Manetraronlos luego commo vinien fellones,
Darles grandes feridas con muy grandes bastones.

Dabanles grandes palos e grandes carrelladas,
Coçes muchas sobeio, e muchas palancadas,
Levaban por los cuerpos tantas de las granadas
Que todas las menudas les eran obligadas.

Fiçieronlis deçir toda la pleytesia,
De qual tierra vinieron o por qual romeria,
E commo los avie prísos Sancta María,
Por que li abrien fecha ellos grant villania.

Ante de los albores fueron bien recabdados,
Quando el sol isio, fallolos bien domados,
Diçienles los omnes traydores probados,
Que contra la Gloriosa fueron tan denodados.

Luego las misas dichas, plegose el conçeio,
Todos avien sabor de ferlis mal treveio,
Sobre el lego cativo prisieron mal conseio,
Alzaronlo de tierra con un duro vençeio.

Un calonge devoto de muy sancta vida,
Que tenie so amor en Dios bien ençendida,
Quando vio la toca con la mano cosida,
Diçie que tal justiçia nunqua non fue oida.

Quiso el omne bono de la toca trabar,
En vez de la Gloriosa en su velo besar;
Mas al xpiano bono quisolo Dios onrrar,
Despegóse la toca adiesso del pulgar.

End a pocos dias Dios lo quiso guiar,
Acaeçió que vino el bispo al lugar,
Aduxieron el clerigo por iela presentar ,
Veer sil mandarie o tener o soltar.

Adussieron el clerigo las manos bien legadas,
Los ombros bien sovados de buenas palancadas,
Dixieronle las nuevas de las sus trasnochadas,
Commo façie las cosas que Dios avie vedadas.

Confessose él misme con la su misme boca,
Toda su pleitesia, su mantenençia loca,
Commo a la Gloriosa despoiaron la toca:
Nunqua fiçieron cosa de ganançia tan poca.

Prísolo el obispo, levólo a Leon,
Manos atras atadas a ley de ladron:
Quantos que lo veien e sabien la razon,
Diçien: Dios lo confonda a tan loco varon.

Non se tróbo el bispo librar la pleytesia,
Demandó al conçilio toda la clereçia:
Quando fueron plegadas al asignado dia,
Presentóles el clerigo, dissoles su follia.

Demandóles conseio: qué le debien façer?
Non le sopo ninguno a ello responder,
Sabie bien el obispo derecho connoçer,
Quiso por su boca al clerigo vençer.

Dissol el bispo: clerigo tu feçieste tal mal,
O qual todos te façen, otorgaste por tal:
Sennor, disso el clerigo, mi padre spirital,
Contra la mi maleza nunqua fallé egual.

Quanto de mi te diçen todo es grant verdat,
Non te diçen el diezmo de la mi malveztat:
Sennor por Dios te sea e por la caridat,
Non cates a mi merito, mas cata tu bondat.

Amigo, diz el bispo, esto es aguisado,
Non es nuestro el clerigo nin de nuestro bispado:
Por nos non es derecho que sea condenado:
Iudguelo su obispo, su merçet, su peccado.

Por del obispo de Avila se es él aclamado,
Clamóse por su clerigo e de su obispado:
Iudgar ageno clerigo por leyes vedado,
Podria yo por ello despues seer reptado.

Mas pongo tal sentençia que sea acotado,
Que si trovado fuere en todo est bispado,
Sea luego pendudo, en un arbol colgado:
El qui le perdonare sea descomulgado.

Nunqua mas lo veyeron desque lo enviaron,
En todo el bispado nunqua lo testiguaron,
El miraclo nuevo fuer-mient lo recabdaron,
Con los otros miraclos en libro lo echaron.

Tu, Madre gloriosa, siempre seas laudada,
Que sabes a los malos dar mala sorrostrada:
Sabes onrrar los buenos commo bien ensennada,

Los malos que vinieron a fontar la tu çiella
Bien los toviste prísos dentro en tu capiella:
Al bon omne que quiso besar la tu toquiella
Bien suelta iela diste, commo diz la cartiella.

Sennora benedicta, Reyna acabada,
Por mano del tu fijo don Xpo coronada:
Libranos del diablo de la su zancaiada,
Que tiene a las almas siempre mala çelada.

Tu nos guia, sennora, enna derecha vida,
Tu nos gana en cabo fin buena e complida,
Guardanos de mal colpe e de mala caida,
Que las almas cabo ayan buena essida. Amen.

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