Poema No vive ya nadie en la casa de César Vallejo

No vive ya nadie en la casa

de César Vallejo

No vive ya nadie en la casa me dices; todos se han ido. La sala, eldormitorio, el patio, yacen despoblados. Nadie ya queda, pues que todoshan partido.
Y yo te digo: Cuando alguien se va, alguien queda. El punto por dondepasó un hombre, ya no está solo. Únicamenteestá solo, de soledad humana, el lugar por donde ningúnhombre ha pasado. Las casas nuevas están más muertas quelas viejas, por que sus muros son de piedra o de acero, pero no dehombres. Una casa viene al mundo, no cuando la acaban de edificar, sinocuando empiezan a habitarla. Una casa vive únicamente dehombres, como una tumba. De aquí esa irresistible semejanza quehay entre una casa y una tumba. Sólo que la casa se nutre de lavida del hombre, mientras que la tumba se nutre de la muerte delhombre. Por eso la primera está de pie, mientras que la segundaestá tendida.
Todos han partido de la casa, en realidad, pero todos se han quedado enverdad. Y no es el recuerdo de ellos lo que queda, sino ellos mismos. Yno es tampoco que ellos queden en la casa, sino que continúanpor la casa. Las funciones y los actos se van de la casa en tren o enavión o a caballo, a pie o arrastrándose. Lo quecontinúa en la casa es el órgano, el agente en gerundio yen circulo. Los pasos se han ido, los besos, los perdones, loscrímenes. Lo que continúa en la casa es el pie, loslabios, los ojos, el corazón. Las negaciones y las afirmaciones,el bien y el mal, se han dispersado. Lo que continua en la casa, es elsujeto del acto.


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