Poema Nunca he dejado de llevar la vida humilde que puede permitirse de Oliverio Girondo

Nunca he dejado de llevar la vida humilde que puede permitirse

de Oliverio Girondo


Nunca he dejado de llevar la vida humilde que puede permitirse unmodesto empleado de correos. ¡Pues! mi mujer que tiene lamanía de pensar en voz alta y de decir todo lo que le pasa porla cabeza se empeña en atribuirme los destinos másabsurdos que pueden imaginarse.
Ahora mismo, mientras leía los diarios de la tarde, mepreguntó sin ninguna clase de preámbulos:
«¿Por qué no abandonaste el gato y el hogar? ¡Ha deser tan lindo embarcarse en una fragata!... Durante las noches de luna,los marineros se reúnen sobre cubierta. Algunos tocan elacordeón, otros acarician una mujer de goma. Tú fumas lapipa en compañía de un amigo. El mar te ha endurecido laspupilas. Has visto demasiados atardeceres. ¿Con quépuerto, con qué ciudad no te has acostado alguna noche?¿Las velas serán capaces de brindarte un horizonte nuevo?Un día en que la calma ya es una maldición, bajas a tucucheta, desanudas un pañuelo de seda, te ahorcas con una trenzade mujer».
Y no contenta con hacerme navegar por todo el mundo, cuando hacedieciséis años que estoy anclado en el correo:
«¿Recuerdas las que tenía cuando me conociste?... En esetiempo me imaginaba que serías soldado y mis pezones seincendiaban al pensar que tendrías un pecho áspero, comoun felpudo.
»Eras fuerte. Escalaste los muros de un monasterio. Te acostaste con laabadesa. La dejaste preñada. ¿A qué tiempo, aqué nación pertenece tu historia?... Te has jugado lavida tantas veces, que posees un olor a barajas usadas. ¡Conqué avidez, con qué ternura yo te besaba las heridas!Eras brutal. Eras taciturno. Te gustaban los quesos que saben a verijade sátiro... y la primera noche, al poseerme, me destrozaste elespinazo en el respaldo de la cama».
Y como me dispusiera a demostrarle que lejos de cometer esasbarbaridades, no he ambicionado, durante toda mi existencia, másque ingresar en el Club Social de Vélez Sársfield:
«Ahora te veo arrodillado en una iglesia con olor a bodega.
»Mírate las manos; sólo sirven para hojear misales. Tuhumildad es tan grande que te avergüenzas de tu pureza, de tusabiduría. Te hincas, a cada instante para besar las hojas quese quejan y que suspiran. Cuando una mujer te mira, bajas lospárpados y te sientes desnudo. Tu sudor es grato a lasprostitutas y a los perros. Te gusta caminar, con fiebre, bajo lalluvia. Te gusta acostarte, en pleno campo, a mirar las estrellas...
»Una noche en que te hallas con Dios entras en un establo, sin quenadie te vea, y te estiras sobre la paja, para morir abrazado alpescuezo de alguna vaca...»


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