Poema Oda. Traduccin de Horacio de Leandro Fernndez de Moratn

Oda. Traduccin de Horacio

de Leandro Fernndez de Moratn


No de mi casa en altos artesones
brilla el marfil ni el oro,
ni columnas, que corta en sus regiones
apartadas el moro,
sostienen trabes ticas. Ni intruso
sucesor, el alczar opulento
de Prgamo, ocup. Nunca labraron
prpuras de Laconia, para el uso
de su seor, mis siervas.
Pero vivo contento
de que jams faltaron
en m virtud y numen afluente.
Soy pobre; pero el rico a m se inclina.
Ni pido ms a la bondad divina,
ni para que mis fondos acreciente
importuno al amigo generoso.
Harto soy venturoso
con mis campos sabinos.
Una y otra despus arrebatadas
huyen las horas, y de igual manera
las nuevas lunas a morir caminan.
T, cercano a la muerte,
de mrmol edificas levantadas
fbricas, olvidado de la tumba;
y estrecho en la ribera
de Bayas, donde el pilago retumba,
buscas en l cimiento,
Qu mucho! si los trminos vecinos
alteras avariento,
usurpando a tus sbditos la tierra;
por speros caminos
tmidos huyen la mujer y esposo,
ambos al seno puestos
sus dioses y sus hijos mal compuestos.
Pues no, no tiene el hombre poderoso
palacio ms seguro
que la mansin del Aqueronte avara:
ella le espera habitador futuro.

Para qu anhelas ms? Si al que mendiga,
hambriento y desvalido,
y al sucesor del trono, igual prepara
la tierra sepultura.
Ni el audaz Prometeo el aura pura
volvi a gozar, con ddivas vencido
el que guarda las puertas del Averno.
l aprisiona a Tntalo, y la estirpe
de Tntalo famosa;
l, de quien sufre angustia dolorosa
(invocado tal vez, o aborrecido),
el llanto acalla en el horror eterno.

Ya digo verdad as
vos me queris otro tanto...
es mucho con la mitad
ma dar por bien pagado.