Poema Regresarn un da... de Hrib Campos Cervera

Regresarn un da...

de Hrib Campos Cervera

cados por la libertad de mipueblo y para los que viven paraservirla,
esta constancia. Veis esos marineros an vestidos de plvora;y
esos duros obreros cuya sangre de fuegocircula como un ro de encendidas
racesbajo el denso quebracho de sus torsos? Y esas pequeas
madres, de tan leve estatura,que parecen hermanas de sus
hijos? No visteis, no tocasteis el rostro fragorosode esos
adolescentes cubiertos de relmpagos;seres rotos, usados, gastados y
deshechosen una mitolgica tarea? Los veis? -Son los
Soldadosde una hora, de un da, de una vida:todos los Hijos obscuros de
la misma ultrajada tierra,que es ma y es de todoslos muertos de esta
lucha. Veis esos ojos con dos rosas de lgrimascolgadas de sus
rbitas azules? Veis todas esas bocas despojadas de labios;con
trozos de guitarras colgados de sus bordes;todas deshilachadas, arrojadas de
brucessobre la inocencia triste del pasto y de la arena? Los
veis all, hacinados,bajo la misma luna de los enamorados;agrediendo la
clara piedad de la maanacon su despedazada sonrisa? Veis todo
ese tumulto de la sangre temprana;que camina de da, de noche, a todas
horashacia los ms profundos niveles de la tierra,donde se estn
labrando los moldes transparentesde todos los Soldados de las luchas
futuras? Abiertos en canal, de Norte a Norte,-desde donde naca
la Semilla del Hombre-,hasta el caliente refugio del grito,
yacen. Miran las altas luces del alto da del duelo,mostrando
los horscopos helados de sus manosy sus frentes de piedra amaneciday la
cal valerosa de sus huesos. II No morir de muerte
amordazada.Yo tocar los bordes de las brjulasque sealan los rumbos
del Canto liberado.Yo llamar a los Grandes Capitanesque manejan el
Viento, la Paloma y el Fuegoy frente a la segura latitud de sus nombres,
mi pequea garganta de nio desoladofatigar a la noche,
gritando: Venid, hermanos nuestros!Venid, inmensas voces de
Amrica y del Mundo;venid hasta nosotros y palpad el sudariode este
jazmn talado de mi pueblo! Acrcate a nosotros, Pablo Neruda,
hermano,con tu presencia andina, con tu voz magallnica;con tus metales
ciegos y tus hombros martimos;acrcate a la sombra de tu estrella
despiertay contempla estas llagas ateridas! Ven, Nicols
Guilln,desde tu continente de tabaco y de azcar,y con esa segura
nostalgia de tus labiosponle un exacto nombre a esta
agona! Y t, Rafael Alberti -marinero en desvelo,pastor de
los olivos taciturnos de Espaa,t, que una vez cuidaste la sangre de los
hroesque puso a tu costado mi patria guaran-,dibjanos el mapade
estos desamparados litorales de muerte! Venid, hombres absortos;
madres profundas; nios:buscadores de Dioses; pordioseros;mscaras
evadidas y nocturnas del vicio;patentados jerarcas de la virtud de
feria;venid a ver el rostro del martirio! Venid hasta el
remanso de este dolor antiguo;simplemente venid: as, sin lmparas;sin
avisos, sin lpices y sin fotografasy dejad, si podis, en las
riberas:la memoria, los ojos y las lgrimas. Tocad con
vuestras manos estos lirios dormidos;tocad todos los rostros y todas las
trincheras;la numerosa muerte de todos los cadosy el polvo que sostuvo
esta batalla. Apartad con la punta de vuestros pies
desnudostodos estos metales de nombres extranjeros;estos lentos
escombros de torres agobiadas;esta antigua morada de la miely la verde
praderade esta selva temprana de soldados. S. Todas estas
torres de acumuladas ruinas,son nuestras.Aquella sangre rota y estas
manos deshechas,son nuestras:son nuestro honor de ayer y de
maana. Yo lo proclamo ahora desde el hondo reversode esta paz
de cadveres:todas estas banderasy estos huesos, abrumados de
luchas,son el metal de nuestro riesgo;son el emplazamiento de nuestra
artillera;nuestro muro blindado;nuestra razn de fe.
III Porque no est vencida la fe que no se
rinde;ni el amor que defiende la redonda alegrade su pequea lmpara,
tras el pecho del Hombre. Con estas simples manos y estas mismas
gargantas,un da volveremos a levantar las torresdel tiempo de la vida
sin sonrojos. Desde el fondo de todas las tumbas
ultrajadas,crecern las praderas del tiempo de soar. Aqu,
cerca, en las mrgenes de la tierra pesada;junto a la sal antigua del mar
innumerable;en la madera espesa y el viento de los rboles,estn
creciendo ya. Yo s que en la maana del tiempo sealado,todos
los calendarios y campanasllamarn a los Hijos de este Da. Y
ellos vendrn, cantando, con su misma bandera;con su mismo fusil
recuperado;vendrn con esa misma sonrisa transparenteque no tuvieron
tiempo de enterrar. Vendrn la Sal y el Yodo y el Hierro que
tuvieron;cada terrn de arcilla les tomar los ojos;la cal de su
estatura se asomar a su caucey alguna eterna Madre de un eterno
Soldadolos llevar en la noche caliente de su sangre. Y en la
hora y el da de un tiempo sealado,regresarn, cantando, y en la misma
trincheradirn, frente a la misma bandera de mil
aos: Presente, Capitana de la Gloria!Aqu estamos de nuevo
para cuidar tu rostro,tu ciudadela intacta; tu imperio
invulnerable,Libertad!.


Analizar métrica y rima de Regresarn un da...