Poema Tácita, la musa décima de José Antonio Ramos Sucre

Tácita, la musa décima

de José Antonio Ramos Sucre

TÁCITA, LA MUSA DÉCIMA
    La hermosa hablaba de la incertidumbre de suporvenir. Había llegado a la edad de marchitarse y sentíala amenaza del tiempo y de la soledad. Los hombres no se habíanocupado de sus méritos y temían su inteligencia alerta.
    El discurso de la mujer hería y agotaba misensibilidad. Su suerte me inspiraba ideas desesperadas acerca de lavida. Aquel ser sufría de su misma perfección.
    Yo la he separado cruelmente de mi presencia.Podía interrumpir mi fuga clandestina, a través de laorgía del mundo, hacia el abrazo letárgico de la muerte.Yo divisaba una lontananza más sedante al imaginar laadulación de mis reliquias en el seno del planeta cegado por lanieve, desde el momento de extinguirse la energía milenaria delsol, conforme el pronóstico de un vidente de laastronomía.
    Mis días desabridos anticipan el sueñoindiferente de la eternidad.
    La autora de mi inquietud se acerca afectuosamenteal féretro en donde yazgo antes de morir. Su lámpara deónix, depositada en el suelo, arroja un suave resplandor y suabnegación se pinta en el acto de sellar con el índicelos labios herméticos, para mandamiento del silencio.


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