Poema Un boliviano con salida al mar de Mario Benedetti

Un boliviano con salida al mar

de Mario Benedetti

Nunca he podido confirmarlo, pero dicen que en plena guerra de lasMalvinas le preguntaron a Borges qué solución se leocurría para el conflicto, y él, con su sornametafísica de siempre, respondió: “Creo que Argentina yGran Bretaña tendrían que ponerse de acuerdo y adjudicarlas Malvinas a Bolivia, para que este país logre por fin susalida al mar”.

En realidad, la ironía de Borges (siempre que la cita seaverdadera) se basaba en una obsesión que está presente entodo boliviano, ese alguien que siempre parece estar acechando elhorizonte en busca del esquivo mar que le fue negado. Tiene elTiticaca, por supuesto, pero el enorme lago sólo le sirve paraque crezca su frustración, ya que en vez de conducirlo a otrosmundos, sólo lo conduce a sí mismo.

De todas maneras, cuando algún boliviano llega al mar, aunqueéste sea ajeno, siempre se trata de un blanco, nunca de unindio. Hubo un indio, sin embargo, nacido junto a las minas de Oruro,que por un extraño azar pudo alcanzar el mar prohibido.

Debió ser un niño simpático y bien dispuesto, yaque una dama paceña, que estaba de paso en Oruro ypertenecía a una familia acaudalada, lo vio casualmente y se lotrajo a la capital, allá por los años cincuenta.Rebautizado como Gualberto Aniceto Morales, aprendió a leer yaprendió a servir. Y tan bien lo hizo, que cuando sus patronesviajaron a Europa, lo llevaron consigo, no precisamente para ampliar suhorizonte sino para que los auxiliara en menesteres domésticos.

Así fue que el muchacho (que para ese entonces ya habíacumplido quince años) pudo ir coleccionando en su memoriaimágenes de mar: desde la tibieza verde del Mediterráneohasta los golfos helados del Báltico. Cuando al cabo de unaño sus protectores regresaron, Gualberto Aniceto pidióque lo dejaran viajar a su pueblo para ver a su familia.

Allí, en su pobreza de origen, en la humilde y despojadaquerencia, ante la mirada atónita y el silencio compacto de lossuyos, el viajero fue informando larga y pormenorizadamente sobrefarallones, olas, delfines, astilleros, mareas, peces voladores, buquescisternas, muelles de pescadores, faros que parpadean, tiburones,gaviotas, enormes transatlánticos.

No obstante, llegó una noche en que se quedó sinrecuerdos y calló. Pero los suyos no suspendieron su expectativay siguieron mirándolo, esperando, arracimados sobre el piso detierra y con las mejillas hinchadas por la coca. Desde el fondo delrecinto llegó la voz del abuelo, todavía inexorable, apesar de sus pulmones carcomidos: “¿Y qué más?”.

Gualberto Aniceto sintió que no podía defraudarlos.Sabía por experiencia que la nostalgia del mar no tiene fin. Yfue entonces, sólo entonces, que empezó a hablar de lassirenas.



Analizar métrica y rima de Un boliviano con salida al mar


Comentarios de Un boliviano con salida al mar

comments powered by Disqus