Poema Villancicos de Bartolomé de Argensola

Villancicos

de Bartolomé de Argensola

al muro del coraçón,
¡no ay ninguna defensión!

Si amor quiere dar combate
con su poder y firmeza,
no ay fuerça ni fortaleza
que no tome o desbarate,
o que no hiera o no mate
al que no se da a presión,
¡no ay ninguna defensión!

Sin partidos, con partidos,
con sus tratos o sin trato,
gana y vence en poco rato
la razón y los sentidos;
los sentidos ya vencidos,
sojuzgada la razón,
¡no ay ninguna defensión!

Con halagos y temores,
con su fuerça y su poder,
de los que han de defender
haze más sus servidores;
pues las guardas son traydores
y cometen traÿción,
¡no ay ninguna defensión!

Nunca jamás desconfía;
de los más sus enemigos
haze mayores amigos;
siempre vence su porfía,
da plazer y da alegría,
y, si quiere dar passión,
¡no ay ninguna defensión!

Son sus fuerças tan forçosas
que fuerçan lo más que fuerte,
puede dar vida y dar muerte,
puede dar penas penosas;
a sus fuerças poderosas,
si pone fe y afición,
¡no ay ninguna defensión!

Fin

No ay quién salga de sus manos,
discretos y no discretos,
a todos tiene sugetos:
judíos, moros, cristianos;
sobre todos los humanos
tiene gran juridición,
¡no ay ninguna defensión!

2

Pues que tú, Reyna del cielo,
tanto vales,
¡da remedio a nuestros males!

Tú que reynas con el Rey
de aquel reyno celestial;
tú, lumbre de nuestra ley,
luz de linage humanal,
pues para quitar el mal
tanto vales,
¡da remedio a nuestros males!

Tú, Virgen, que mereciste
ser madre de tal Señor;
tú, que, quando le pariste,
le pariste sin dolor;
pues con nuestro Salvador
tanto vales,
¡da remedio a nuestros males!

Tú, que del parto quedaste
tan virgen como primero;
tú, Virgen, que te empreñaste
siendo virgen por entero;
pues que con Dios verdadero
tanto vales,
¡da remedio a nuestros males!

Tú, que lo que perdió Eva
cobraste por quien tú eres;
tú, que nos diste la nueva
de perdurables plazeres;
tú, bendita en las mugeres,
si nos vales
darás fin a nuestros males.

Tú, que te dizen bendita
todas las generaciones;
tú, que estás por tal escrita
entre todas las naciones;
pues en las tribulaciones
tanto vales,
¡da remedio a nuestros males!

Tú, que tienes por oficio
consolar desconsolados;
tú, que gastas tu exercicio
en librarnos de pecados;
tú, que guías los errados
y los vales,
¡da remedio a nuestros males!

Tú, que tenemos por fe
ser de tanta perfeción
que nunca será ni fue
otra de tu condición;
pues para la salvación
tanto vales,
¡da remedio a nuestros males!

¿Quién podrá tanto alabarte
según es tu merecer?
¿Quién sabrá tan bien loarte
que no le falte saber?;
pues que para nos valer
tanto vales,
¡da remedio a nuestros males!

¡O, Madre de Dios y Hombre!
¡O concierto de concordia!
Tú, que tienes por renombre
Madre de misericordia,
pues para quitar discordia
tanto vales,
¡da remedio a nuestros males!

Tú, que por gran humildad
fueste tan alto ensalçada
que a par de la Trinidad
tú sola estás assentada.
Y pues tú, Reyna Sagrada,
tanto vales,
¡da remedio a nuestros males!

Tú, que estavas ya criada
quando el mundo se crio;
tú, que estavas muy guardada
para quien de ti nació,
pues por ti nos conoció,
si nos vales
fenecerán nuestros males.

Fin

Tú, que eres flor de las flores;
tú, que del cielo eres puerta;
tú, que eres olor de olores;
tú, que das gloria muy cierta,
si de la muerte muy muerta
no nos vales,
no ay remedio en nuestros males.

3

Quien tuviera por señora
la Virgen, Reyna del cielo,
no tema ningún recelo.

Que a los flacos coraçones
con su gracia torna fuertes,
haze vidas de las muertes
y es llave de las presiones;
quien de sus consolaciones
alcançare algún consuelo
no tema ningún recelo.

Siempre bive sin tristura
quien le tiene devoción;
da muy gran consolación
la vista de su figura;
el que servir la procura
con amor, en este suelo,
no teme ningún recelo.

Fin

A quien ella da osadía
no teme ningún temor
y si tiene algún dolor
se le buelve en alegría.
Señora, Virgen María,
consuela mi desconsuelo,
no tema ningún recelo.

4

¿A quién devo yo llamar
"vida mía"
sino a ti, Virgen María?

Todos te deven servir,
Virgen y Madre de Dios,
que siempre ruegas por nos
y tú nos hazes bivir.
Nunca me verás dezir
"vida mía"
sino a ti, Virgen María.

Duélete, Virgen de mí,
mira bien nuestro dolor,
que este mundo pecador
no puede bivir sin ti.
No llamo desque nací
"vida mía"
sino a ti, Virgen María.

Tanta fue tu perfeción
y de tanto merecer
que de ti quiso nacer
quien fue nuestra redención.
No ay otra consolación,
vida mía,
sino a ti, Virgen María.

El tesoro divinal
en tu vientre se encerró,
tan precioso que libró
todo el linage humanal.
¿A quién quexaré mi mal,
vida mía,
sino a ti, Virgen María?

Tú sellaste nuestra fe
con el sello de la cruz,
tú pariste nuestra luz,
Dios de ti nacido fue.
Nunca jamás llamaré
"vida mía"
sino a ti, Virgen María.

Fin

¡O clara Virginidad,
fuente de toda virtud!,
no cesses de dar salud
a toda la cristiandad.
No pedimos piedad,
vida mía,
sino a ti, Virgen María.

5

¡O Reyes Magos benditos,
pues de Dios soys tan amados,
sed mi guarda y abogados!

Sed mi guarda en este suelo
porque en sus lazos no caya
y abogados en el cielo
porque a veros allá vaya;
porque por vosotros aya
gran perdón de mis pecados,
sed mi guarda y abogados.

Tanto quiso Dios amaros
por vuestro merecimiento
que le plugo revelaros
su sagrado nacimiento;
pues le tenéys tan contento
y con Él soys tan privados,
sed mi guarda y abogados.

Venistes desde Oriente
adorar al Rey divino
con aquel alto presente
para quien d'él era dino;
caminastes de contino
por una estrella guiados,
sed mi guarda y abogados.

Fin

Sirviéronle los pastores
por Pastor de tantas greyes
y vosotros, mis señores,
por mayor Rey de los reyes;
pues del Dador de las leyes
soys tan queridos y amados,
sed mi guarda y abogados.

6

El que rige y el regido,
sin saber,
mal regidos pueden ser.

Mal rige quien no es prudente
porque todo va al revés
y el perfeto regir es
saber mandar sabiamente;
quel regido y el rigente,
sin saber,
mal regidos pueden ser.

Donde falta discreción
no ay ninguna cosa buena;
lo que discreción ordena,
aquello da perfeción;
mas los que regidos son,
sin saber,
mal regidos pueden ser.

Fin

El saber que Dios nos da,
aquél es saber perfeto
y aquél se llame discreto
que de tal saber sabrá;
y lo que regido va,
sin saber,
mal regido puede ser.

7

Quien al triste coraçón
procurare consolar
tome parte del llorar.

Que quien al triste consuela,
si de su dolor se duele,
primero que le consuele,
llorando su mal le duela,
porque el triste no recela
otro más triste pesar
que ver otros alegrar.

Mal concierta covardía
y esforçada fortaleza,
el triste busque tristeza
y el alegre ellalegría;
porque en una compañía
el llorar con el cantar
mal se puede concertar.

El que bive triste vida
la vida tiene por muerte,
y es la muerte de tal suerte
muerte mil vezes sufrida;
quien de vida tan perdida
no se puede remediar
la muerte deve buscar.

8

Más vale trocar
plazer por dolores
que estar sin amores.

Donde es gradecido
es dulce el morir;
bivir en olvido,
aquél no es bivir;
mejor es sufrir
passión y dolores
que estar sin amores.

Es vida perdida
bivir sin amar
y más es que vida
saberla emplear;
mejor es penar
sufriendo dolores
que estar sin amores.

La muerte es vitoria
do bive afición,
que espera aver gloria
quien sufre passión;
más vale presión
de tales dolores
que estar sin amores.

El ques más penado
más goza de amor,
quel mucho cuydado
le quita el temor;
assí ques mejor
amar con dolores
que estar sin amores.

No teme tormento
quien ama con fe,
si su pensamiento
sin causa no fue;
aviendo por qué
más valen dolores
que estar sin amores.

Fin

Amor que no pena
no pida plazer,
pues ya le condena
su poco querer;
mejor es perder
plazer por dolores
que estar sin amores.

9

Por muy dichoso se tenga
quien por vos sufre passión,
pues es harto galardón.

Siendo vos la causadora
de la muerte que yo muero,
¿qué mayor vitoria quiero
que morir por tal señora?;
pues con la causa se dora,
bien abasta la passión,
pues es harto galardón.

A quantos vencidos biven
no tenéys que darles grado,
pues en veros es forçado
que de fuerça se cativen;
vuestros ojos no me esquiven,
no quiero sino passión,
pues es harto galardón.

Los aquexados sospiros
de la pena que me days,
harto los galardonáys
en que pene por serviros;
sin otra merced pediros
soy contento de passión,
pues es harto galardón.

A vos se deve el ditado
de más hermosura y gala,
y a mí nadie se me yguala
en seros aficionado;
por ser tan bien empleado
yo quiero sufrir passión,
pues es harto galardón.

Y pues soys tan linda y bella,
mi passión he yo por buena,
que a todo el mundo days pena
y a nadie remedio della;
no puedo tener querella
con tan dichosa passión,
pues es harto galardón.

Fin

Aunque no jamás vencida
y a todos vencéys en veros,
nadie dexe de quereros
pues es deuda conocida;
con esperança perdida
de esperar sino passión,
pues es harto galardón.

10

Ya no quiero tener fe,
Señora, sino con vos,
pues que soys Madre de Dios.

Vos soys hija, vos soys madre
de Aquél mesmo que os crio.
Él es vuestro hijo y padre
y por madre a vos nos dio.
A todos nos redimió
en querer nacer de vos,
¡bendita Madre de Dios!

Soys Madre de Dios y mía,
soys el fin de mi esperança,
soys mi plazer y alegría,
soys mi bienaventurança.
Mi remedio no se alcança
por otra sino por vos,
¡Virgen y Madre de Dios!

¿Qué mudança me mudó?;
¿quál amor pudo vencerme
quando mi fe os olvidó
por en otro amor meterme?
Que estava para perderme
si no fuera ya por vos,
¡Madre y Esposa de Dios!

Mis verdaderos amores
ya con vos tenerlos quiero,
pues que soys de pecadores
el remedio verdadero.
Que si bien alguno espero
es por serviros a vos,
¡huéspeda y sierva de Dios!

Los que vuestro nombre llaman
son muy presto remediados;
los que con amor os aman
siempre biven consolados.
Nunca son desamparados
los que tienen fe con vos,
¡sagrado templo de Dios!

Fin

A vos quiero por señora,
en tanto quanto biviere;
sed vos mi procuradora
quando deste mundo fuere,
porque después que muriere
no me aparte yo de vos,
¡palacio y casa de Dios!

11

-¿Quién te traxo, Criador,
por esta montaña escura?
-¡Ay, que tú, mi criatura!

-¿Cómo vienes lastimado,
maltratado de tal suerte?
¿Quién te sentenció a la muerte
siendo justo, sin pecado?
Aviendo, Señor, crïado
a toda humana natura,
¿vienes a tal desventura?

-Acordé de te crïar
por ver tu merecimiento,
quebraste mi mandamiento,
no lo supiste guardar,
por do vengo yo a pagar
tu pecado y tu locura,
pues te hize a mi figura.

-¿No pudieras, Rey del cielo,
pues eres tan poderoso,
reynar en gloria y reposo
sin venir aqueste suelo
a sufrir tal desconsuelo,
tal dolor y tal tristura,
tal pena tan sin mesura?

-Por cumplir las profecías
que de mí profetizaron
los profetas que cantaron
la venida del Mexías.
Pues se cumplen ya los días
para cumplir la escritura,
búsquenme la sepultura.

-¡O Poderoso Poder,
nuestra verdadera luz,
que en el árbol de la Cruz
has venido a padecer,
por venir a guarecer
con tu sangre santa y pura
la lavor de tu hechura!

Fin

-En árbor vine a penar
por levantar tu caýda,
que a do se perdió la vida
allí se deve buscar.
Por purgar el resalgar
que comiste por dulçura,
he por dulce mi amargura.

12

Hermitaño quiero ser,
por ver.
Hermitaño quiero ser.

Por provar nueva manera
mudar quiero mi vestir,
porque en el traje defuera
desconoçan mi bivir.
No mudaré mi querer.
Por ver,
hermitaño quiero ser.

Serán mis hábitos tales
que digan con mi dolor:
será el paño de mis males,
será de fe la color,
y el cordón de padecer.
Por ver,
hermitaño quiero ser.

Será hecho mi cilicio
de muy áspero tormento,
texido con mi servicio,
cosido con sufrimiento,
y élo siempre de traer.
Por ver,
hermitaño quiero ser.

Las cuentas para rezar
han de ser cien mil querellas,
el bordón para esforçar
ha de ser la causa dellas.
Y pues me dexé vencer,
por ver,
hermitaño quiero ser.

Crecerán mis barvas tanto
quanto creciere mi pena.
Pediré con triste llanto:
"¡Dad para la Madalena!",
si me quisieren valer.
Por ver,
hermitaño quiero ser.

No peynaré mis cabellos
ni descansarán mis ojos
hasta que se duela dellos
quien me causa mil enojos,
si se quisiesse doler.
Por ver,
hermitaño quiero ser.

Haré vida tan estrecha,
que peor sea que muerte,
porque no tengan sospecha
que bivo por otra suerte,
y no tomaré plazer.
Por ver,
hermitaño quiero ser.

Andaré sin alegría
aquexado de cuydados,
por los páramos de día,
de noche por los poblados,
y assí quiero fenecer.
Por ver,
hermitaño quiero ser.

Quiçá que por mi ventura,
andando de puerta en puerta,
veré la gentil figura
de quien tien mi vida muerta,
si saliesse a responder.
Por ver,
hermitaño quiero ser.

Los sospiros encubiertos
que he callado por mi daño,
ora serán descubiertos
en hábito de hermitaño;
ora ganar o perder.
Por ver,
hermitaño quiero ser.

Pensarán los que me vieren
que sospiro con pobreza;
la que mis ojos ver quieren
bien sentirá mi tristeza,
bien me sabrá conocer.
Por ver,
hermitaño quiero ser.

Fin

¡O, qué bienaventurança
ternía mi coraçón
si cumpliesse mi esperança
viéndome en tal religión!
Haré todo mi poder.
Por ver,
hermitaño quiero ser.

13

-Remediad, señora mía,
pues podéys.
-Señor, no me lo mandéys.

-El remedio de mi vida
de vos lo espero, señora.
-Pues tened, señor, perdida
esperança, por agora.
-¡O crüel remediadora,
no queréys!
-Señor, no me lo mandéys.

-Mal remedio tenéys luego
si vos de mí lo esperáys.
-Señora, por Dios os ruego
tal cosa no me digáys,
que si mi pena miráys,
sí haréys.
-Señor, no me lo mandéys.

-Siempre me siguen dolores
por seros aficionado.
-Pues ¿por qué tenéys amores
con quien soys tan desdichado?
-Y si soy de amor forçado
¿qué diréys?
-Señor, no me lo mandéys.

-No procuréys de servirme,
que no entiendo remediaros.
-Ni yo, señora, partirme
de buscar en qué agradaros,
que no podéys escusaros,
si quereys.
-Señor, no me lo mandéys.

-Aunque mi mal me condene,
vos soys la que me condena.
-No soy, pues queréys que pene
por librar a vos la pena.
-Pues que mi fe es tanto buena,
no dudéys.
-Señor, no me lo mandéys.

-Si gran fe tenéys comigo
mudad vuestra confiança.
-Señora, con tal castigo
nunca amor hizo mudança,
antes cumplid mi esperança,
pues podéys.
-Señor, no me lo mandéys.

Fin

-Dad, señora, ya algún medio
cómo mi vida no muera.
-Yo, señor, daré remedio
quando razón lo requiera.
-Señora, luego quisiera,
pues podéys.
-Señor, no me lo mandéys.

14

No quiero que me consienta
mi triste vida bivir
ni yo quiero consentir.

Pues que vos queréys matarme
yo, señora, soy contento,
que veros y dessearme
será doblado tormento,
pues vuestro merecimiento
no me consiente bivir
ni yo quiero consentir.

De mi dolor y tristura
ningún remedio se espera,
pues que mi suerte y ventura
del todo quiere que muera;
y la muerte verdadera
no me consiente bivir
ni yo quiero consentir.

Consiento mi triste suerte
porque sé que soys servida
que sufra por vos la muerte
por verme perder la vida;
y pues mi pena crecida
no me consiente bivir
ni yo quiero consentir.

Fin

Sufro la muerte doblada
en pensar que si yo muero,
de nadie seréys amada
con amor tan verdadero;
mas pues no queréys, no quiero
que me consintáys bivir
ni yo quiero consentir.

15

-Dezidme, pues sospirastes,
cavallero, que gozéys,
¿quién es la que más queréys?

-Lástima tan lastimera,
¿para qué la preguntáys,
pues que sabéys que me days
mayor mal porque más muera?
Quien yo quiero que me quiera
vos, señora, lo sabéys.
Y más no me preguntéys.

-En preguntaros, señor,
yo no creo aver errado,
que en veros apassionado
huve de vos gran dolor.
Si padecéys mal de amor,
assí della vos gozéys,
que vos no me lo neguéys.

-¡O, señora, y qué lindeza
la de quien me cativó,
sino que se me tornó
para mí toda en crueza!
Es tanta su gentileza
que vos mesma la amaréys
y a mí no me culparéys.

-No neguéys vuestra fatiga
a quien os busca consuelo.
Pues de vuestro mal me duelo
sepa quién es vuestra amiga,
que más parece enemiga
éssa por quien padecéys,
pues que vos no la vencéys.

-Obedecer y serviros
es lo que yo más desseo;
que lo sepáys bien lo creo,
mas mi mal quiero deziros:
los tormentos y sospiros
de la pena en que me veys,
remediar vos los podéys.

Fin

-¿Remediar a vuestra pena
si dezís penaros yo?
Pues el amor os prendió,
él quitará la cadena;
sabed que ya soy agena,
vos de mí más no curéys,
que mal remedio tenéys.

16

Pues no te duele mi muerte
siendo tú la causa della,
sepan todos mi querella.

Sepan que tengo razón
de quexarme, si me quexo,
pues de ti vencerme dexo
dándote mi coraçón;
y no tienes afición
pues me matas por tenella,
sepan todos mi querella.

¡O muger desgradecida,
más que nadie nunca fue!,
que no te vence mi fe
ni mi passión tan crecida,
pues la tienes conocida
y quieres desconocella,
sepan todos mi querella.

Siempre muestras que me quieres,
yo no sé lo que desseas,
mas no puede ser que seas
más cruel de lo que me eres;
y pues con la fe me hyeres
y no muestras obras della,
sepan todos mi querella.

Posiste, con tu querer,
en mi fe mucha esperança,
mas ora, con la mudança,
hásmela hecho perder;
y pues tú, con tu poder,
no quieres favorecella,
sepan todos mi querella.

Y tu querer ha causado
en el mío tal firmeza
que mi bien y mi riqueza
es en cumplir tu mandado;
y pues no tienes cuydado
y matas siendo tan bella,
sepan todos mi querella.

Fin

Mas esta merced te pido
por no te dar más enojos:
me mires con tales ojos
con quales mi fe te vido;
si crueza pone olvido,
piérdela, pues en perdella
perderé yo mi querella.

17

No quiero tener querer
ni quiero querido ser.

Pues amor tan mal me trata,
no quiero su galardón,
que con mil muertes me mata
por le tener afición,
y no me puedo valer
con el mucho padecer.

Mostróme tal esperança
quando por suyo me di,
quel daño de la tardança
con ella no lo sentí,
y por me echar a perder
ha tardado el gradecer.

Siempre me dio mil pesares
por un plazer con dolor
y en peligrosos lugares
siempre me negó el favor,
y nunca me pude ver
sino triste en su poder.

Fueron tantos mis servicios
que no se pueden contar,
sus pagas y beneficios
han sido de me matar,
y es cosa de no creer
quánto pierde mi perder.

Las mercedes que esperava,
triste, yo nunca las vi
el gozo que desseava
fue tristeza para mí;
ya la gloria y el plazer
no me saben conocer.

Fin

No fue menos su crüeza
que mis pérdidas y daños;
si fe grande mi firmeza,
muy mayores sus engaños;
pues no me quiere querer
ya no quiero suyo ser.

18

Pues amas, triste amador,
dime qué cosa es amor.

Es amor un mal que mata
a quien le más obedece;
mal que mucho más maltrata
al que menos mal merece;
favor que más favorece
al menos merecedor.

Es amor una afición
de desseo desseoso,
donde falta la razón
al tiempo más peligroso;
y es un deleyte engañoso
guarnecido de dolor.

Es amor un tal poder
que fuerça la voluntad;
adonde pone querer
quita luego libertad;
es más firme su amistad
quando finge desamor.

Es una fuente do mana
agua dulce y amargosa,
que a los unos es muy sana
y a los otros peligrosa,
unas vezes muy sabrosa
y otras vezes sin sabor.

Es una rosa en abrojos
que nace en qualquier sazón,
quando se vencen los ojos
consintiendo el coraçón;
cógese con gran passión,
con gran peligro y temor.

Fin

Es un xarope mezclado
de un plazer y mil tristuras,
desleýdo con cuydado
en dos mil desaventuras;
que si beverlo procuras
morirás, si no ay favor.

19

Más quiero morir por veros
que bivir sin conoceros.

Es tan firme mi esperança,
que jamás haze mudança,
teniendo tal confïança
de ganarme por quereros.

Mucho gana el ques perdido
por merecer tan crecido
y es vitoria ser vencido
sin jamás poder venceros.

Fin

Aunque sienta gran tormento,
gran tristeza y pensamiento,
yo seré dello contento,
por ser dichoso de veros.

20

Pues que mi triste penar
siempre crece y es más fuerte,
más me valdría la muerte.

Que la gloria que recibo
en ver vuestra hermosura,
me tiene siempre cativo
con dolores y tristura,
y me haze dessear,
viendo mi passión tan fuerte,
mil vezes, triste, la muerte.

Y con este tal desseo
bivo sin vida penando,
que jamás nunca posseo
el galardón que demando;
y querría ya trocar
esta desastrada suerte
por bivir vida sin muerte.

Fin

Es dulce penosa vida
viniendo de vuestra mano,
mas no siendo vos servida
el morir es lo más sano;
y en morir la vida gano,
siendo tan triste mi suerte.
¡Más me valdría la muerte!

20

No se puede llamar fe
la que en obras no lo fue.

Aunque mucho me queráys,
pues que no me remediáys,
vos soys la que me matáys
y de vos me quexaré.

Vos me mostrastes favor
por me meter en amor
y avéysme dado dolor,
dolor que tal nunca fue.

Robástesme mi querer,
mi libertad y poder,
mas no queréys gradecer
el mal que por vos passé.

Pues la fe y el bien amar
en obras se ha de mostrar,
no tardéys en remediar,
que vuestro soy y seré.

Fin

No neguéys el galardón
a mi triste coraçón,
que con toda mi passión
yo jamás os negaré.

21

¡Ay, amor, a quántos tienes
cativados
que no te son obligados!

Cativas el coraçón,
ques razón que no catives;
no te goviernas ni bives
por derecho ni razón;
tiene muchos tu afición
cativados
que no te son obligados.

Fin

Cativaste mi querer
do mi fe recibe engaño
y no miras quanto daño
se me puede recrecer.
¡Quántos tiene tu poder
cativados
que no te son obligados!

22

Ya cerradas son las puertas
de mi vida,
y la llave es ya perdida.

Las puertas son mis servicios,
la cerradura es olvido,
la llave que se ha perdido
es perder los beneficios.
Assí que fuera de quicios
va mi vida,
pues la llave es ya perdida.

Puse la vida en poder
de quien sirvo y de quien amo.
Agora, triste, aunque llamo,
no me quiere responder.
Cerróme con su querer
la salida,
y la llave es ya perdida.

Fin

He servido con tal fe
qual nadie nunca sirvió.
El galardón que me dio
fue peor que nunca fue.
Assí que triste no sé
de mi vida,
pues la llave es ya perdida.

23

Bivirá tanto mi vida
quanto vos seáys servida.

Tanto serviros desseo,
quel dessear me atormenta,
y no sé si soys contenta
de la vida que posseo;
que no quiero tener vida
sin que vos seáys servida.

Y si vos queréys que muera,
la vida no la codicio,
pues en hazeros servicio
es mi gloria verdadera;
que la muerte será vida
si con ella soys servida.

Fin

Y aunque mis servicios sean
pequeños para con vos,
mirad, señora, por Dios,
quánto serviros dessean;
que no tengo yo más vida
de quanto seáys servida.

24

Pues el fin de mi esperança
tanto tarda,
para mayor mal se guarda.

Es el fin del bien que espero
alcançar vuestro querer,
que sin vos querer no quiero
bien ni gloria ni plazer;
mas, pues vuestro gradecer
tanto tarda,
para mayor mal se guarda.

No se tarda mi serviros,
mas tárdase el galardón,
que me causa mil sospiros
que salen del coraçón;
y pues vuestra compassión
tanto tarda,
para mayor mal se guarda.

Fin

Guárdase mi buena suerte
para dar fin a mi gloria,
porque después de mi muerte
quede mi mal por memoria;
assí que si mi vitoria
más se tarda,
para mayor mal se guarda.

25

Paguen mis ojos, pues vieron
a quien más que a sí quisieron.

Vieron una tal beldad,
que de grado y voluntad
mi querer y libertad
cativaron y prendieron.

Cativaron mi querer
en poder de tal poder,
que les es forçado ser
más tristes que nunca fueron.

Fin

Más tristes serán, si biven,
que si moros los cativen,
porque de mirar se esquiven
a quien nunca conocieron.

26

Ventura quiere que quiera
trocar plazer por pesar,
por más penar mi penar.

Ya mi triste pensamiento
el plazer ha despedido
y en su lugar recebido
la tristura y el tormento.
Yo me siento muy contento,
muy contento con pesar,
por más penar mi penar.

Mostróme ventura gloria
porque su poder supiesse,
y antes que bien la sintiesse
huyóme de mí memoria.
No me queda otra vitoria
sino dolor y pesar,
por más penar mi penar.

Si no supiera mi vida
de gloria ni la gustara,
después no me lastimara
al tiempo quando perdida.
Para dar mayor herida,
mostróme su dessear,
por más penar mi penar.

Muy mejor, triste, me fuera
nunca de plazer saber,
para agora conocer
tristura tan lastimera.
Hasta que del todo muera
no me faltará pesar,
por mas penar mi penar.

Pues quiso mi mala suerte,
consienta mi coraçón
acabar una passión
con otra passión más fuerte.
Por mejor buscar la muerte
quiero más el más pesar,
por más penar mi penar.

Fin

El muy triste desdichado,
porque creça su fatiga,
con la más fatiga siga
tras la passión y el cuydado.
Y assí, triste, yo, penado,
no quiero sino pesar,
por más penar mi penar.

27

Ningún cobro ni remedio
puede mi vida cobrar
sino vuestro remediar.

Que si vos no remediáys,
doy la vida por perdida;
si remedio me negáys
yo no siento a quién lo pida:
pues por vos pierdo la vida,
por vos la puedo cobrar:
que no ay otro remediar.

Contentaros y serviros
es el fin de mi desseo;
mis cuydados y sospiros
por vos sola los posseo;
y ningún remedio veo
que pueda remedio dar
sino vuestro remediar.

Fin

Vos sola soys el remedio
de mi mal y perdimiento,
y sin vos no sé qué medio
ponga medio en mi tormento.
Assí que cobro no siento
para me poder cobrar
sino vuestro remediar.

28

¡No te tardes, que me muero,
carcelero!
¡No te tardes, que me muero!

Apressura tu venida,
porque no pierda la vida;
que la fe no está perdida,
carcelero.
¡No te tardes, que me muero!

Bien sabes que la tardança
trae gran desconfïança;
ven y cumple mi esperança,
carcelero.
¡No te tardes, que me muero!

Sácame desta cadena,
que recibo muy gran pena,
pues tu tardar me condena,
carcelero.
¡No te tardes, que me muero!

La primer vez que me viste,
sin te vencer me venciste;
suéltame, pues me prendiste,
carcelero.
¡No te tardes, que me muero!

La llave para soltarme,
ha de ser galardonarme
proponiendo no olvidarme,
carcelero.
¡No te tardes, que me muero!

Fin

Y siempre, quanto bivieres,
haré lo que tú quisieres,
si merced hazerme quieres,
carcelero.
¡No te tardes, que me muero!

29

Floreció tanto mi mal,
sin medida,
que hizo secar mi vida.

Floreció mi desventura
y secósse mi esperança;
floreció mi gran tristura
con mucha desconfïança;
hizo mi bien tal mudança,
sin medida,
que hizo secar mi vida.

Hase mi vida secado,
con sobra de pensamiento;
ha florecido el cuydado,
las passiones y el tormento;
fue tanto mi perdimiento,
sin medida,
que hizo secar mi vida.

Fin

Secósse todo mi bien,
con el mal que floreció;
no sé cúyo soy ni quién,
quel plazer me despidió;
tanto mi pena creció,
sin medida,
que hizo secar mi vida.

30

Vencedores son tus ojos,
mis amores,
tus ojos son vencedores.

Fue de tal contentamiento
mi querer de tu beldad,
que te di mi libertad
a troque de pensamiento;
y me hallo más contento
que todos los amadores.
Mis amores,
tus ojos son vencedores.

Rematada está la cuenta,
pues mi fe te da la paga;
que no ay cosa que no haga
por tener a ti contenta.
Yo no sé quién se arrepienta
de sufrir por ti dolores.
Mis amores,
tus ojos son vencedores.

Aunque pongas duda en ella,
tienes mi fe tan vencida,
que por ti perder la vida
en poco tengo perdella.
¿Quién te puede ver tan bella
que en mirar no le enamores?
Mis amores,
tus ojos son vencedores.

No descuydes mi cuydado,
mira bien quánto te quiero,
que amador tan verdadero
no deve ser olvidado.
Mil passiones he passado
por alcançar tus favores.
Mis amores,
tus ojos son vencedores.

Con esfuerço y osadía
de poderme llamar tuyo,
no me temo ni rehuyo
cativarme, vida mía.
Tú, mi bien y mi alegría,
pones y quitas temores.
Mis amores,
tus ojos son vencedores.

Y mi libertad cativa,
pues la tienes, ten por cierto
que seré mil vezes muerto
y la fe quedará biva.
Olvida de serme esquiva,
porque mis bienes mejores.
Mis amores,
tus ojos son vencedores.

Si bien sientes mi desseo,
sentirás en tu memoria
que mirarte es tanta gloria
quanto mal, si no te veo.
Assí que por ti posseo
amarguras y dulçores.
Mil amores,
tus ojos son vencedores.

Conformes creo que estamos,
plega a Dios que siempre sea,
y lo que el uno dessea
ambos juntos lo queramos;
y muy buena fe tengamos,
y las obras muy mejores.
Mis amores,
tus ojos son vencedores.

Fin

Agora, por no enojarte,
no te digo más de aquesto
sino que de aquí protesto
de ser tuyo sin errarte,
y jamás nunca olvidarte
aunque muestres disfavores.
Mis amores,
tus ojos son vencedores.



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