Poema confidencia de amor de Marilina Rbora

confidencia de amor

de Marilina Rbora

CONFIDENCIAS DE AMOR
a Rafael de Diego
I

La mecedora de la abuela
acun mis aos de infancia,
horas del arrorr y La Pjara Pinta;
despus a su comps el corazn joven leylos poetas,
y al andar del tiempo, con llanto y canciones,
me sorprendi en sus brazos, del amor, la dolencia.
II

Ests lejos, amor: te cubre el follaje;
la maleza de la distancia impide que te vea
y no puedo orte slo ruidos de pjaros
al despertar la aurora escucho,
pero, ms all, tu voz amorosa suena
y me penetra para que suee contigo.
III

Esta es mi reja, amor, y estas son mis cadenas,
hechas con las horas, los das y los aos
mi existencia cruel por lo que te he querido,
ungida al deber en el tiempo sin lmites.
Esta es mi reja, obligacin de ser lo que soy,
aunque haya hojas ms verdes temblando de roco.
Aqu te espero siempre hasta un da que nunca llegar,
ese da de silencio que une a todos los que se aman;
y repito tu nombre aunque nadie me oiga,
imaginndome que me besas los prpados.
IV

Estoy sola en mi cuarto y bendigo el crepsculo
cuyas sombras atenan las cosas.
Apenas, lejos, una luz se enciende
y cubro con mis dedos los ojos fatigados.
Dnde estars ahora, amor?
Cunto, t solo, me sostendras consolndome!
(Cruel me sacude el timbre del telfono.)
V

Corazn! No sabes cmo ha cambiado todo
desde aquellos das de los antiguos tiempos.
El cuarto perdi su tinte
al rayar de la aurora, aquel de cuando iba a verte.
Y ahora, al leer, mi mente se extrava. A quincontarle nada?
En vano aspiro la fragancia del aire:
mi piel no huele a alhucema,
ese aroma que al irte me quedaba en las manos.
VI

Me he habituado a no verte pero no me resigno;
evoco tu figura, una sombra,
y al cerrar los ojos te oigo llamndome,
y me aprietas las manos que te tiendo
y las pones sobre las sienes para que sienta as tus latidos:
mientras, me sumerjo en tu mirada
y mi alma se queda en ti.
VII

Para estar tranquila he de sentirte vivir;
a pesar de todo, quiero saber que vives,
ajeno a mis dolores y a mi desconsuelo.
Y aunque lejos, distante, respirando otro clima,
mi espritu adivinar trmulo
el hlito de tu alma en el espacio.
Y pensar: Dios mo, l existe!
VIII

Cada da despierto: Hoy vendr!, dice el alma,
mas la noche me encuentra en soledad perenne.
IX

Ya s que no me quieres... mas no me apesadumbra;
el amor no es perdido, lo absorben otras almas.
Aunque a distancia, corazones amantes
recibirn la herencia tal vez de mi cario.
T mismo, sin saberlo, el da que declares
los hechos que marcaron jalones en tu vida,
en un postrer esfuerzo para que Dios te escuche,
dirs por vez primera: Seor, ella me quiso!,
y sonriente el Seor habr de perdonarte.
X

Aunque no me quisiste, te ofrezco mi ternura.
Todo suena distinto al correr de los aos;
tal vez un da escuches en clida nostalgia
el eco de una voz que te cantara siempre.
All en los altos rboles anunciaba la alondra,
la calidez del sol estirada en los campos,
el frescor de los frutos en cestas rebosantes,
los centelleantes trigos, espigas de oro.
No me quisiste, amor; no importa
cmo vibraba entera el alma enamorada,
ni que alumbrando el camino del posible retorno
esperaran cien lmparas en la cerrada noche.
Pero no me quisiste en horas de sazn;
hoy queda mi ternura declinando en el tiempo.
XI

Entonces, como en los cuentos:
Fueron felices... Pero t no estars,
tampoco estar yo, que nos habremos ido;
miraremos los hijos desde una lejana estrella
y ellos sern dichosos, pues nuestro sufrimiento
les habr deparado, de Dios, las gracias.
XII

Tal el antiguo cuento: La Reina de las Nieves;
a cada flor pregunto: Dnde estar...?
Alguien lo vio pasar...? Y contestan campnulas
que no le vieron nunca por el azul cercado.
Dios bendiga al errante, a quien espero
con aroma a alhucema para el abrazo.
XIII

Un da has de volver... Dios mo! Sertarde?
Y he de recibirte con jbilo.
Tan lejos los ayeres parecern irreales,
sueos de nio en ferica tierra.
Ser un pas distinto, de habitaciones altas,
jardines colgantes y vidrieras.
All nuestras imgenes se mirarn de frente
y nuevas a los ojos aparecern ntidas.
T vendrs a mi encuentro sin palabras.

Y acaso un ave
como en las primaveras de ayer
cante, amor mo.


Analizar métrica y rima de confidencia de amor