Poemas cortos de desamor

  • Gustavo Adolfo Bécquer

    Rima XXX

    Gustavo Adolfo Bécquer

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  • Asomaba a sus ojos una lágrima
    y a mis labios una frase de perdón...
    habló el orgullo y se enjugó su llanto,
    y la frase en mis labios expiró.

    Yo voy por un camino, ella por otro;
    pero al pensar en nuestro mutuo amor,
    yo digo aún: "¿Por que callé aquél día?"
    y ella dirá. "¿Por qué no lloré yo?"


  • Gustavo Adolfo Bécquer

    Rima LXXX

    Gustavo Adolfo Bécquer

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  • Una mujer me ha envenenado el alma
    otra mujer me ha envenenado el cuerpo;
    ninguna de las dos vino a buscarme,
    yo, de ninguna de las dos me quejo.

    Como el mundo es redondo, el mundo rueda.
    Si mañana, rodando, este veneno
    envenena a su vez, ¿porqué acusarme?
    ¿Puedo dar más de lo que a mí me dieron?


  • Gustavo Adolfo Bécquer

    Rima XLIV

    Gustavo Adolfo Bécquer

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  • Como en un libro abierto
    leo de tus pupilas en el fondo;
    ¿a qué fingir el labio
    risas que se desmienten con los ojos?

    ¡Llora! No te avergüences
    de confesar que me quisiste un poco.
    ¡Llora! Nadie nos mira!
    Ya ves: soy un hombre... ¡y también lloro!


  • Amado Nervo

    Al encontrar unos frascos de esencia

    Amado Nervo

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  • ¡Hasta sus perfumes duran más que ella!
    Ved aquí los frascos, que apenas usó,
    y que reconstruyen para mí la huella
    sutíl que en la casa dejó...

    Herméticamente encerrada,
    la esencia en sus pomos no se escapará.
    Mientras que el espíritu de mi bien amada,
    más imponderable, más tenue quizá,
    voló de sus labios, redoma encantada,
    ¡y endónde estará!


  • Amado Nervo

    Después

    Amado Nervo

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  • Te odio con el odio de la ilusión marchita:
    ¡Retírate! He bebido tu cáliz, y por eso
    mis labios ya no saben dónde poner su beso;
    mi carne, atormentada de goces, muere ahíta.

    Safo, Crisis, Aspasia, Magdalena, Afrodita,
    cuanto he querido fuiste para mi afán avieso.
    ¿En dónde hallar espasmos, en dónde hallar exceso
    que al punto no me brinde tu perversión maldita?

    ¡Aléjate! Me invaden vergüenzas dolorosas,
    sonrojos indecibles del mal, rencores francos,
    al ver temblar la fiebre sobre tus senos rosas.

    No quiero más que vibre la lira de tus flancos:
    déjame solo y triste llorar por mis gloriosas
    virginidades muertas entre tus muslos blancos.


  • Amado Nervo

    Bendita...

    Amado Nervo

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  • Bendita seas, por que me hiciste
    amar la muerte, que antes temía.
    Desde que de mi lado te fuiste,
    amo la muerte cuando estoy triste;
    si estoy alegre, más todavía.

    En otro tiempo, su hoz glacial
    me dio terrores; hoy, es amiga.
    ¡Y la presiento tan maternal!...
    Tú realizaste prodigio tal.
    ¡Dios te bendiga! ¡Dios te bendiga!