Poemas religiosos

  • Annimo

    Soneto a Cristo crucificado

    Annimo

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  • No me mueve, mi Dios, para quererte
    el cielo que me tienes prometido,
    ni me mueve el infierno tan temido
    para dejar por eso de ofenderte.

    T me mueves, Seor, muveme el verte
    clavado en una cruz y escarnecido,
    muveme ver tu cuerpo tan herido,
    muvenme tus afrentas y tu muerte.

    Muveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
    que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
    y aunque no hubiera infierno, te temiera.

    No me tienes que dar porque te quiera,
    pues aunque lo que espero no esperara,
    lo mismo que te quiero te quisiera.
    Annimo: Atribuido a Santa Teresa


  • Antonio Machado

    La saeta

    Antonio Machado

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  • Quin me presta una escalera,
    para subir al madero
    para quitarle los clavos
    a Jess el Nazareno?
    Saeta popular

    Oh la saeta, el cantar
    al Cristo de los gitanos,
    siempre con sangre en las manos
    siempre por desenclavar!
    Cantar del pueblo andaluz
    que todas las primaveras
    anda pidiendo escaleras
    para subir a la cruz!
    Cantar de la tierra ma,
    que echa flores
    al Jess de la agona,
    y es la fe de mis mayores!
    Oh, no eres t mi cantar!
    No puedo cantar, ni quiero,
    a ese Jess del madero,
    sino al que anduvo en el mar!


  • Sor Juana Ins de la Cruz

    Da de Comunin

    Sor Juana Ins de la Cruz

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  • Amante dulce del alma,
    bien soberano a que aspiro,
    t que sabes las ofensas
    castigar a beneficios;
    divino imn en que adoro
    hoy que tan propicio os miro
    que me anims a la osada
    de poder llamaros mo;
    hoy, que en unin amorosa,
    pareci a vuestro cario,
    que si no estabais en m
    era poco estar conmigo;
    hoy, que para examinar
    el afecto con que os sirvo,
    al corazn en persona
    habis entrado vos mismo,
    pregunto es amor o celos
    tan cuidadoso escrutinio?
    que quien lo registra todo
    da de sospechar indicios.
    Mas ay, brbara ignorante,
    y que de errores he dicho,
    como si el estorbo humano
    obstara al lince divino!
    Para ver los corazones
    no es menester asistirlos;
    que para vos son patentes
    las entraas del abismo.
    Con una intuicin presente
    tenis en vuestro registro,
    el infinito pasado,
    hasta el presente finito;
    luego no necesitabais,
    para ver el pecho mo,
    si lo estis mirando sabio,
    entrar a mirarlo fino;
    luego es amor, no celos,
    lo que en vos miro.


  • San Juan de la Cruz

    Cntico espiritual

    San Juan de la Cruz

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  • Canciones entre el alma y el Esposo
    Esposa
    1. Adnde te escondiste,
    Amado, y me dejaste con gemido?
    Como el ciervo huiste,
    habindome herido;
    sal tras ti clamando, y eras ido.

    2. Pastores, los que fuerdes
    all por las majadas al otero:
    si por ventura vierdes
    aquel que yo ms quiero,
    decidle que adolezco, peno y muero.

    3. Buscando mis amores,
    ir por esos montes y riberas;
    ni coger las flores,
    ni temer las fieras,
    y pasar los fuertes y fronteras.

    Pregunta a las criaturas
    4. Oh bosques y espesuras,
    plantadas por la mano del Amado!
    Oh prado de verduras,
    de flores esmaltado!
    Decid si por vosotros ha pasado.

    Respuesta de las criaturas
    5. Mil gracias derramando
    pas por estos Sotos con presura,
    e, yndolos mirando,
    con sola su figura
    vestidos los dej de hermosura.
    Esposa
    6. Ay, quin podr sanarme!
    Acaba de entregarte ya de vero:
    no quieras enviarme
    de hoy ms ya mensajero,
    que no saben decirme lo que quiero.

    7. Y todos cuantos vagan
    de ti me van mil gracias refiriendo,
    y todos ms me llagan,
    y djame muriendo
    un no s qu que quedan balbuciendo.

    8. Mas cmo perseveras,
    oh vida!, no viviendo donde vives,
    y haciendo porque mueras
    las flechas que recibes
    de lo que del Amado en ti concibes?

    9. Por qu, pues has llagado
    aqueste corazn, no le sanaste?
    Y, pues me le has robado,
    por qu as le dejaste,
    y no tomas el robo que robaste?

    10. Apaga mis enojos,
    pues que ninguno basta a deshacellos,
    y vante mis ojos,
    pues eres lumbre dellos,
    y slo para ti quiero tenellos.

    11. Oh cristalina fuente,
    si en esos tus semblantes plateados
    formases de repente
    los ojos deseados
    que tengo en mis entraas dibujados!

    12. Aprtalos, Amado,
    que voy de vuelo!

    El Esposo
    Vulvete, paloma,
    que el ciervo vulnerado
    por el otero asoma
    al aire de tu vuelo, y fresco toma.

    La Esposa
    13. Mi Amado, las montaas,
    los valles solitarios nemorosos,
    las nsulas extraas,
    los ros sonorosos,
    el silbo de los aires amorosos,

    14. la noche sosegada
    en par de los levantes del aurora,
    la msica callada,
    la soledad sonora,
    la cena que recrea y enamora.

    15. Nuestro lecho florido,
    de cuevas de leones enlazado,
    en prpura tendido,
    de paz edificado,
    de mil escudos de oro coronado.

    16. A zaga de tu huella
    las jvenes discurren al camino,
    al toque de centella,
    al adobado vino,
    emisiones de blsamo divino.

    17. En la interior bodega
    de mi Amado beb, y cuando sala
    por toda aquesta vega,
    ya cosa no saba;
    y el ganado perd que antes segua.

    18. All me dio su pecho,
    all me ense ciencia muy sabrosa;
    y yo le di de hecho
    a m, sin dejar cosa:
    all le promet de ser su Esposa.

    19. Mi alma se ha empleado,
    y todo mi caudal en su servicio;
    ya no guardo ganado,
    ni ya tengo otro oficio,
    que ya slo en amar es mi ejercicio.

    20. Pues ya si en el ejido
    de hoy ms no fuere vista ni hallada,
    diris que me he perdido;
    que, andando enamorada,
    me hice perdidiza, y fui ganada.

    21. De flores y esmeraldas,
    en las frescas maanas escogidas,
    haremos las guirnaldas
    en tu amor florecidas
    y en un cabello mo entretejidas.

    22. En solo aquel cabello
    que en mi cuello volar consideraste,
    mirstele en mi cuello,
    y en l preso quedaste,
    y en uno de mis ojos te llagaste.

    23. Cuando t me mirabas
    su gracia en m tus ojos impriman;
    por eso me adamabas,
    y en eso merecan
    los mos adorar lo
    que en ti van.

    24. No quieras despreciarme,
    que, si color moreno en mi hallaste,
    ya bien puedes mirarme
    despus que me miraste,
    que gracia y hermosura en mi dejaste.

    25. Cogednos las raposas,
    que est ya florecida nuestra via,
    en tanto que de rosas
    hacemos una pia,
    y no parezca nadie en la montia.

    26. Detente, cierzo muerto;
    ven, austro, que recuerdas los amores,
    aspira por mi huerto,
    y corran sus olores,
    y pacer el Amado entre las flores.

    Esposo
    27. Entrado se ha la esposa
    en el ameno huerto deseado,
    y a su sabor reposa,
    el cuello reclinado
    sobre los dulces brazos del Amado.

    28. Debajo del manzano,
    all conmigo fuiste desposada.
    all te di la mano,
    y fuiste reparada
    donde tu madre fuera violada.

    29. A las aves ligeras,
    leones, ciervos, gamos saltadores,
    montes, valles, riberas,
    aguas, aires, ardores
    y miedos de las noches veladores,

    30. Por las amenas liras
    y canto de serenas os conjuro
    que cesen vuestras iras,
    y no toquis al muro,
    porque la esposa duerma ms seguro.

    Esposa
    31. Oh ninfas de Judea!,
    en tanto que en las flores y rosales
    el mbar perfumea,
    mor en los arrabales,
    y no queris tocar nuestros umbrales

    32. Escndete, Carillo,
    y mira con tu haz a las montaas,
    y no quieras decillo;
    mas mira las compaas
    de la que va por nsulas extraas

    Esposo
    33. La blanca palomita
    al arca con el ramo se ha tornado
    y ya la tortolica
    al socio deseado
    en las riberas verdes ha hallado.

    34. En soledad viva,
    y en soledad ha puesto ya su nido,
    y en soledad la gua
    a solas su querido,
    tambin en soledad de amor herido.

    Esposa
    35. Gocmonos, Amado,
    y vmonos a ver en tu hermosura
    al monte al collado
    do mana el agua pura;
    entremos ms adentro en la espesura.

    36. Y luego a las subidas
    cavernas de la piedra nos iremos,
    que estn bien escondidas,
    y all nos entraremos,
    y el mosto de granadas gustaremos

    37. All me mostraras
    aquello que mi alma pretenda,
    y luego me daras
    all, t, vida ma,
    aquello que me diste el otro da:

    38. El aspirar del aire,
    el canto de la dulce Filomena,
    el soto y su donaire,
    en la noche serena,
    con llama que consume y no da pena

    39. Que nadie lo miraba,
    Aminadab tampoco pareca,
    y el cerco sosegaba,
    y la caballera
    a vista de las aguas descenda.


  • Santa Teresa de Jess

    Vivo sin vivir en m

    Santa Teresa de Jess

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  • Vivo sin vivir en m,
    y tan alta vida espero,
    que muero porque no muero.

    Vivo ya fuera de m
    despus que muero de amor;
    porque vivo en el Seor,
    que me quiso para s;
    cuando el corazn le di
    puse en l este letrero:
    que muero porque no muero.

    Esta divina prisin
    del amor con que yo vivo
    ha hecho a Dios mi cautivo,
    y libre mi corazn;
    y causa en m tal pasin
    ver a Dios mi prisionero,
    que muero porque no muero.

    Ay, qu larga es esta vida!
    Qu duros estos destierros,
    esta crcel, estos hierros
    en que el alma est metida!
    Slo esperar la salida
    me causa dolor tan fiero,
    que muero porque no muero.

    Ay, qu vida tan amarga
    do no se goza el Seor!
    Porque si es dulce el amor,
    no lo es la esperanza larga.
    Quteme Dios esta carga,
    ms pesada que el acero,
    que muero porque no muero.

    Slo con la confianza
    vivo de que he de morir,
    porque muriendo, el vivir
    me asegura mi esperanza.
    Muerte do el vivir se alcanza,
    no te tardes, que te espero,
    que muero porque no muero.

    Mira que el amor es fuerte,
    vida, no me seas molesta;
    mira que slo te resta,
    para ganarte, perderte.
    Venga ya la dulce muerte,
    el morir venga ligero,
    que muero porque no muero.

    Aquella vida de arriba
    es la vida verdadera;
    hasta que esta vida muera,
    no se goza estando viva.
    Muerte, no me seas esquiva;
    viva muriendo primero,
    que muero porque no muero.

    Vida, qu puedo yo darle
    a mi Dios, que vive en m,
    si no es el perderte a ti
    para mejor a l gozarle?
    Quiero muriendo alcanzarle,
    pues tanto a mi Amado quiero,
    que muero porque no muero.


  • Santa Teresa de Jess

    Nada te turbe

    Santa Teresa de Jess

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  • Letrilla que llevaba por registro en su breviario

    Nada te turbe;
    nada te espante;
    todo se pasa;
    Dios no se muda,
    la pacencia
    todo lo alcanza.
    Quien a Dios tiene,
    nada le falta.
    Solo Dios basta.

    Eleva tu pensamiento,
    al cielo sube,
    por nada te acongojes,
    ''nada te turbe.''

    A Jesucristo sigue
    con pecho grande,
    y, venga lo que venga,
    ''nada te espante.''

    Ves la gloria del mundo?
    Es gloria vana;
    nada tiene de estable,
    ''todo se pasa.''

    Aspira a lo celeste,
    que siempre dura;
    fiel y rico en promesas,
    ''Dios no se muda.''

    mala cual merece
    bondad inmensa;
    pero no hay amor fino
    sin ''la paciencia.''

    Confianza y fe viva
    mantenga el alma,
    que quien cree y espera
    ''todo lo alcanza.''

    Del infierno acosado
    aunque se viere,
    burlar sus furores
    ''quien a Dios tiene.''

    Vnganle desamparos,
    cruces, desgracias;
    siendo Dios tu tesoro
    ''nada le falta.''

    Id, pues, bienes del mundo;
    id dichas vanas;
    aunque todo lo pierda,
    ''solo Dios basta.''


  • Santa Teresa de Jess

    Yo toda me entregu y d

    Santa Teresa de Jess

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  • Ya toda me entregu y d,
    y de tal suerte he trocado,
    que mi Amado es para m
    y yo soy para mi Amado.

    Cuando el dulce Cazador
    me tir y dej herida,
    en los brazos del amor
    mi alma qued rendida;
    y, cobrando nueva vida,
    de tal manera he trocado,
    que mi Amado es para m
    y yo soy para mi Amado.

    Hirime con una flecha
    enherbolada de amor,
    y mi alma qued hecha
    una con su Criador;
    Ya yo no quiero otro amor,
    pues a mi Dios me he entregado,
    y mi Amado es para m
    y yo soy para mi Amado.


  • Amado Nervo

    Al Cristo

    Amado Nervo

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  • Para Ezzequiel A. Chvez.

    Seor, entre la sombra voy sin tino;
    la fe de mis mayores ya no vierte
    su apacible fulgor en mi camino:
    mi espritu est triste hasta la muerte!

    Busco en vano una estrella que me alumbre;
    busco en vano un amor que me redima;
    mi divino ideal est en la cumbre,
    y yo, pobre de m!, yazgo en la sima...

    La lira que me diste, entre las mofas
    de los mundanos, vibra sin concierto;
    se pierden en la noche mis estrofas,
    como el grito de Agar en el desierto!

    Y paria de la dicha y solitario,
    siento hasto de todo cuanto existe...
    Yo, Maestro, cual t, subo al Calvario,
    y no tuve Tabor, cual lo tuviste...

    Ten piedad de mi mal; dura es mi pena;
    numerosas las lides en que lucho;
    fija en mi tu mirada que serena,
    y dame, como un tiempo a Magdalena,
    la calma: yo tambin he amado mucho!


  • Santa Teresa de Jess

    Si el amor que me tenis

    Santa Teresa de Jess

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  • COLOQUIO AMOROSO
    Si el amor que me tenis,
    Dios mo, es como el que os tengo,
    Decidme: en qu me detengo?
    O Vos, en qu os detenis?
    -Alma, qu quieres de m?
    -Dios mo, no ms que verte.
    -Y qu temes ms de ti?
    -Lo que ms temo es perderte.

    Un alma en Dios escondida
    qu tiene que desear,
    sino amar y ms amar,
    y en amor toda escondida
    tornarte de nuevo a amar?

    Un amor que ocupe os pido,
    Dios mo, mi alma os tenga,
    para hacer un dulce nido
    adonde ms la convenga.