Poemas religiosos

  • Anónimo

    Soneto a Cristo crucificado

    Anónimo

    10517 veces visto


  • No me mueve, mi Dios, para quererte
    el cielo que me tienes prometido,
    ni me mueve el infierno tan temido
    para dejar por eso de ofenderte.

    Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
    clavado en una cruz y escarnecido,
    muéveme ver tu cuerpo tan herido,
    muévenme tus afrentas y tu muerte.

    Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
    que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
    y aunque no hubiera infierno, te temiera.

    No me tienes que dar porque te quiera,
    pues aunque lo que espero no esperara,
    lo mismo que te quiero te quisiera.
    Anónimo: Atribuido a Santa Teresa


  • Antonio Machado

    La saeta

    Antonio Machado

    5094 veces visto

  • ¿Quién me presta una escalera,
    para subir al madero
    para quitarle los clavos
    a Jesús el Nazareno?
    Saeta popular

    ¡Oh la saeta, el cantar
    al Cristo de los gitanos,
    siempre con sangre en las manos
    siempre por desenclavar!
    ¡Cantar del pueblo andaluz
    que todas las primaveras
    anda pidiendo escaleras
    para subir a la cruz!
    ¡Cantar de la tierra mía,
    que echa flores
    al Jesús de la agonía,
    y es la fe de mis mayores!
    ¡Oh, no eres tú mi cantar!
    ¡No puedo cantar, ni quiero,
    a ese Jesús del madero,
    sino al que anduvo en el mar!


  • San Juan de la Cruz

    Cántico espiritual

    San Juan de la Cruz

    1780 veces visto


  • Canciones entre el alma y el Esposo
    Esposa
    1. ¿Adónde te escondiste,
    Amado, y me dejaste con gemido?
    Como el ciervo huiste,
    habiéndome herido;
    salí tras ti clamando, y eras ido.

    2. Pastores, los que fuerdes
    allá por las majadas al otero:
    si por ventura vierdes
    aquel que yo más quiero,
    decidle que adolezco, peno y muero.

    3. Buscando mis amores,
    iré por esos montes y riberas;
    ni cogeré las flores,
    ni temeré las fieras,
    y pasaré los fuertes y fronteras.

    Pregunta a las criaturas
    4. ¡Oh bosques y espesuras,
    plantadas por la mano del Amado!
    ¡Oh prado de verduras,
    de flores esmaltado!
    Decid si por vosotros ha pasado.

    Respuesta de las criaturas
    5. Mil gracias derramando
    pasó por estos Sotos con presura,
    e, yéndolos mirando,
    con sola su figura
    vestidos los dejó de hermosura.
    Esposa
    6. ¡Ay, quién podrá sanarme!
    Acaba de entregarte ya de vero:
    no quieras enviarme
    de hoy más ya mensajero,
    que no saben decirme lo que quiero.

    7. Y todos cuantos vagan
    de ti me van mil gracias refiriendo,
    y todos más me llagan,
    y déjame muriendo
    un no sé qué que quedan balbuciendo.

    8. Mas ¿cómo perseveras,
    ¡oh vida!, no viviendo donde vives,
    y haciendo porque mueras
    las flechas que recibes
    de lo que del Amado en ti concibes?

    9. ¿Por qué, pues has llagado
    aqueste corazón, no le sanaste?
    Y, pues me le has robado,
    ¿por qué así le dejaste,
    y no tomas el robo que robaste?

    10. Apaga mis enojos,
    pues que ninguno basta a deshacellos,
    y véante mis ojos,
    pues eres lumbre dellos,
    y sólo para ti quiero tenellos.

    11. ¡Oh cristalina fuente,
    si en esos tus semblantes plateados
    formases de repente
    los ojos deseados
    que tengo en mis entrañas dibujados!

    12. ¡Apártalos, Amado,
    que voy de vuelo!

    El Esposo
    Vuélvete, paloma,
    que el ciervo vulnerado
    por el otero asoma
    al aire de tu vuelo, y fresco toma.

    La Esposa
    13. Mi Amado, las montañas,
    los valles solitarios nemorosos,
    las ínsulas extrañas,
    los ríos sonorosos,
    el silbo de los aires amorosos,

    14. la noche sosegada
    en par de los levantes del aurora,
    la música callada,
    la soledad sonora,
    la cena que recrea y enamora.

    15. Nuestro lecho florido,
    de cuevas de leones enlazado,
    en púrpura tendido,
    de paz edificado,
    de mil escudos de oro coronado.

    16. A zaga de tu huella
    las jóvenes discurren al camino,
    al toque de centella,
    al adobado vino,
    emisiones de bálsamo divino.

    17. En la interior bodega
    de mi Amado bebí, y cuando salía
    por toda aquesta vega,
    ya cosa no sabía;
    y el ganado perdí que antes seguía.

    18. Allí me dio su pecho,
    allí me enseñó ciencia muy sabrosa;
    y yo le di de hecho
    a mí, sin dejar cosa:
    allí le prometí de ser su Esposa.

    19. Mi alma se ha empleado,
    y todo mi caudal en su servicio;
    ya no guardo ganado,
    ni ya tengo otro oficio,
    que ya sólo en amar es mi ejercicio.

    20. Pues ya si en el ejido
    de hoy más no fuere vista ni hallada,
    diréis que me he perdido;
    que, andando enamorada,
    me hice perdidiza, y fui ganada.

    21. De flores y esmeraldas,
    en las frescas mañanas escogidas,
    haremos las guirnaldas
    en tu amor florecidas
    y en un cabello mío entretejidas.

    22. En solo aquel cabello
    que en mi cuello volar consideraste,
    mirástele en mi cuello,
    y en él preso quedaste,
    y en uno de mis ojos te llagaste.

    23. Cuando tú me mirabas
    su gracia en mí tus ojos imprimían;
    por eso me adamabas,
    y en eso merecían
    los míos adorar lo
    que en ti vían.

    24. No quieras despreciarme,
    que, si color moreno en mi hallaste,
    ya bien puedes mirarme
    después que me miraste,
    que gracia y hermosura en mi dejaste.

    25. Cogednos las raposas,
    que está ya florecida nuestra viña,
    en tanto que de rosas
    hacemos una piña,
    y no parezca nadie en la montiña.

    26. Detente, cierzo muerto;
    ven, austro, que recuerdas los amores,
    aspira por mi huerto,
    y corran sus olores,
    y pacerá el Amado entre las flores.

    Esposo
    27. Entrado se ha la esposa
    en el ameno huerto deseado,
    y a su sabor reposa,
    el cuello reclinado
    sobre los dulces brazos del Amado.

    28. Debajo del manzano,
    allí conmigo fuiste desposada.
    allí te di la mano,
    y fuiste reparada
    donde tu madre fuera violada.

    29. A las aves ligeras,
    leones, ciervos, gamos saltadores,
    montes, valles, riberas,
    aguas, aires, ardores
    y miedos de las noches veladores,

    30. Por las amenas liras
    y canto de serenas os conjuro
    que cesen vuestras iras,
    y no toquéis al muro,
    porque la esposa duerma más seguro.

    Esposa
    31. Oh ninfas de Judea!,
    en tanto que en las flores y rosales
    el ámbar perfumea,
    morá en los arrabales,
    y no queráis tocar nuestros umbrales

    32. Escóndete, Carillo,
    y mira con tu haz a las montañas,
    y no quieras decillo;
    mas mira las compañas
    de la que va por ínsulas extrañas

    Esposo
    33. La blanca palomita
    al arca con el ramo se ha tornado
    y ya la tortolica
    al socio deseado
    en las riberas verdes ha hallado.

    34. En soledad vivía,
    y en soledad ha puesto ya su nido,
    y en soledad la guía
    a solas su querido,
    también en soledad de amor herido.

    Esposa
    35. Gocémonos, Amado,
    y vámonos a ver en tu hermosura
    al monte ó al collado
    do mana el agua pura;
    entremos más adentro en la espesura.

    36. Y luego a las subidas
    cavernas de la piedra nos iremos,
    que están bien escondidas,
    y allí nos entraremos,
    y el mosto de granadas gustaremos

    37. Allí me mostrarías
    aquello que mi alma pretendía,
    y luego me darías
    allí, tú, vida mía,
    aquello que me diste el otro día:

    38. El aspirar del aire,
    el canto de la dulce Filomena,
    el soto y su donaire,
    en la noche serena,
    con llama que consume y no da pena

    39. Que nadie lo miraba,
    Aminadab tampoco parecía,
    y el cerco sosegaba,
    y la caballería
    a vista de las aguas descendía.


  • Santa Teresa de Jesús

    Vivo sin vivir en mí

    Santa Teresa de Jesús

    1731 veces visto


  • Vivo sin vivir en mí,
    y tan alta vida espero,
    que muero porque no muero.

    Vivo ya fuera de mí
    después que muero de amor;
    porque vivo en el Señor,
    que me quiso para sí;
    cuando el corazón le di
    puse en él este letrero:
    que muero porque no muero.

    Esta divina prisión
    del amor con que yo vivo
    ha hecho a Dios mi cautivo,
    y libre mi corazón;
    y causa en mí tal pasión
    ver a Dios mi prisionero,
    que muero porque no muero.

    ¡Ay, qué larga es esta vida!
    ¡Qué duros estos destierros,
    esta cárcel, estos hierros
    en que el alma está metida!
    Sólo esperar la salida
    me causa dolor tan fiero,
    que muero porque no muero.

    ¡Ay, qué vida tan amarga
    do no se goza el Señor!
    Porque si es dulce el amor,
    no lo es la esperanza larga.
    Quíteme Dios esta carga,
    más pesada que el acero,
    que muero porque no muero.

    Sólo con la confianza
    vivo de que he de morir,
    porque muriendo, el vivir
    me asegura mi esperanza.
    Muerte do el vivir se alcanza,
    no te tardes, que te espero,
    que muero porque no muero.

    Mira que el amor es fuerte,
    vida, no me seas molesta;
    mira que sólo te resta,
    para ganarte, perderte.
    Venga ya la dulce muerte,
    el morir venga ligero,
    que muero porque no muero.

    Aquella vida de arriba
    es la vida verdadera;
    hasta que esta vida muera,
    no se goza estando viva.
    Muerte, no me seas esquiva;
    viva muriendo primero,
    que muero porque no muero.

    Vida, ¿qué puedo yo darle
    a mi Dios, que vive en mí,
    si no es el perderte a ti
    para mejor a Él gozarle?
    Quiero muriendo alcanzarle,
    pues tanto a mi Amado quiero,
    que muero porque no muero.


  • Sor Juana Inés de la Cruz

    Día de Comunión

    Sor Juana Inés de la Cruz

    1724 veces visto


  • Amante dulce del alma,
    bien soberano a que aspiro,
    tú que sabes las ofensas
    castigar a beneficios;
    divino imán en que adoro
    hoy que tan propicio os miro
    que me animás a la osadía
    de poder llamaros mío;
    hoy, que en unión amorosa,
    pareció a vuestro cariño,
    que si no estabais en mí
    era poco estar conmigo;
    hoy, que para examinar
    el afecto con que os sirvo,
    al corazón en persona
    habéis entrado vos mismo,
    pregunto ¿es amor o celos
    tan cuidadoso escrutinio?
    que quien lo registra todo
    da de sospechar indicios.
    Mas ¡ay, bárbara ignorante,
    y que de errores he dicho,
    como si el estorbo humano
    obstara al lince divino!
    Para ver los corazones
    no es menester asistirlos;
    que para vos son patentes
    las entrañas del abismo.
    Con una intuición presente
    tenéis en vuestro registro,
    el infinito pasado,
    hasta el presente finito;
    luego no necesitabais,
    para ver el pecho mío,
    si lo estáis mirando sabio,
    entrar a mirarlo fino;
    luego es amor, no celos,
    lo que en vos miro.


  • Santa Teresa de Jesús

    Nada te turbe

    Santa Teresa de Jesús

    1654 veces visto

  • Letrilla que llevaba por registro en su breviario

    Nada te turbe;
    nada te espante;
    todo se pasa;
    Dios no se muda,
    la pacïencia
    todo lo alcanza.
    Quien a Dios tiene,
    nada le falta.
    Solo Dios basta.

    Eleva tu pensamiento,
    al cielo sube,
    por nada te acongojes,
    ''nada te turbe.''

    A Jesucristo sigue
    con pecho grande,
    y, venga lo que venga,
    ''nada te espante.''

    ¿Ves la gloria del mundo?
    Es gloria vana;
    nada tiene de estable,
    ''todo se pasa.''

    Aspira a lo celeste,
    que siempre dura;
    fiel y rico en promesas,
    ''Dios no se muda.''

    Ámala cual merece
    bondad inmensa;
    pero no hay amor fino
    sin ''la paciencia.''

    Confianza y fe viva
    mantenga el alma,
    que quien cree y espera
    ''todo lo alcanza.''

    Del infierno acosado
    aunque se viere,
    burlará sus furores
    ''quien a Dios tiene.''

    Vénganle desamparos,
    cruces, desgracias;
    siendo Dios tu tesoro
    ''nada le falta.''

    Id, pues, bienes del mundo;
    id dichas vanas;
    aunque todo lo pierda,
    ''solo Dios basta.''


  • Santa Teresa de Jesús

    Si el amor que me tenéis

    Santa Teresa de Jesús

    1406 veces visto

  • COLOQUIO AMOROSO
    Si el amor que me tenéis,
    Dios mío, es como el que os tengo,
    Decidme: ¿en qué me detengo?
    O Vos, ¿en qué os detenéis?
    -Alma, ¿qué quieres de mí?
    -Dios mío, no más que verte.
    -Y ¿qué temes más de ti?
    -Lo que más temo es perderte.

    Un alma en Dios escondida
    ¿qué tiene que desear,
    sino amar y más amar,
    y en amor toda escondida
    tornarte de nuevo a amar?

    Un amor que ocupe os pido,
    Dios mío, mi alma os tenga,
    para hacer un dulce nido
    adonde más la convenga.


  • Santa Teresa de Jesús

    Yo toda me entregué y dí

    Santa Teresa de Jesús

    1395 veces visto



  • Ya toda me entregué y dí,
    y de tal suerte he trocado,
    que mi Amado es para mí
    y yo soy para mi Amado.

    Cuando el dulce Cazador
    me tiró y dejó herida,
    en los brazos del amor
    mi alma quedó rendida;
    y, cobrando nueva vida,
    de tal manera he trocado,
    que mi Amado es para mí
    y yo soy para mi Amado.

    Hirióme con una flecha
    enherbolada de amor,
    y mi alma quedó hecha
    una con su Criador;
    Ya yo no quiero otro amor,
    pues a mi Dios me he entregado,
    y mi Amado es para mí
    y yo soy para mi Amado.


  • Lope de Vega

    ¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras

    Lope de Vega

    1326 veces visto


  • ¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
    ¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
    que a mi puerta, cubierto de rocío,
    pasas las noches del invierno escuras?

    Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
    pues no te abrí!, ¡Qué extraño desvarío
    si de mi ingratitud de hielo frío
    secó las llagas de tus plantas puras!

    ¡Cuántas veces el ángel me decía:
    «Alma, asómate agora a la ventana;
    verás con cuánto amor llamar porfía»

    ¡Y cuántas, hermosura soberana,
    «Mañana le abriremos», respondía,
    para lo mismo responder mañana!