Poemas de Andrés Bello

Andrs-Bello
Nombre: Andrés Bello
Nacimiento: Caracas 29 de noviembre de 1781
Muerte: Santiago de Chile 15 de octubre de 1865
Nacionalidad: Venezuela
Biografía de Andrés Bello

Poemas de Andrés Bello



Poesías de Andrés Bello preferidas de nuestros lectores


  • Dios me tenga en Gloria

  • A la falsa noticia de la muerte de Mac-Gregor.

    Lleno de susto un pobre cabecilla
    leyendo estaba en oficial gaceta,
    cómo ya no hay lugar que no someta
    el poder invencible de Castilla.

    De insurgentes no queda ni semilla;
    a todos destripó la bayoneta,
    y el funesto catálogo completa
    su propio nombre en letra bastardilla.

    De cómo fue batido, preso y muerto,
    y cómo me le hicieron picadillo,
    dos y tres veces repasó la historia;

    Tanto, que, al fin, teniéndolo por cierto,
    exclamó compungido el pobrecillo:
    -¿Conque es así? -Pues Dios me tenga en gloria.


  • Égloga

  • Imitación de Virgilio

    Tirsis, habitador del Tajo umbrío,
    con el más vivo fuego a Clori amaba;
    a Clori, que, con rústico desvío,
    las tiernas ansias del pastor pagaba.
    La verde margen del ameno río,
    tal vez buscando alivio, visitaba;
    y a la distante causa de sus males,
    desesperado enviaba quejas tales:
    No huye tanto, pastora, el corderillo
    del tigre atroz, como de mí te alejas,
    ni teme tanto al buitre el pajarillo,
    ni tanto al voraz lobo las ovejas.
    La fe no estimas de un amor sencillo,
    ni siquiera, inhumana, oyes mis quejas;
    por ti olvido las rústicas labores,
    por ti fábula soy de los pastores.

    "Al cabo, al cabo, Clori, tu obstinada
    ingratitud me causará la muerte;
    mi historia en esos árboles grabada
    dirá entonces que muero por quererte;
    tantos de quienes eres adorada
    leerán con pavor mi triste suerte;
    nadie entonces querrá decirte amores,
    y execrarán tu nombre los pastores.

    "Ya la sombra del bosque entrelazado
    los animales mismos apetecen;
    bajo el césped que tapiza el prado,
    los pintados lagartos se guarecen.
    Si afecta las dehesas el ganado,
    si la viña los pájaros guarnecen,
    yo solo, por seguir mi bien esquivo,
    sufro el rigor del alto can estivo.

    "Tú mi amor menosprecias insensata,
    y no falta pastora en esta aldea
    que, si el nudo en que gimo, un dios desata,
    con Tirsis venturosa no se crea.
    ¿No me fuera mejor, di, ninfa ingrata,
    mis obsequios rendir a Galatea,
    o admitir los halagos de Tirrena,
    aunque rosada tú, y ella morena?

    "¿Acaso, hermosa Clori, la nevada
    blancura de tu tez te ensoberbece?
    El color, como rosa delicada,
    a la menor injuria se amortece.
    La pálida violeta es apreciada,
    y lánguido el jazmín tal vez fallece,
    sin que del ramo, que adornaba ufano,
    las ninfas le desprendan con su mano.

    "Mi amor y tu belleza maldecía,
    tendido una ocasión sobre la arena,
    y Tirrena, que acaso me veía,
    -¡oh Venus, dijo, de injusticias llena;
    lejos de unir las almas, diosa impía,
    las divide y separa tu cadena!...
    De Clori sufres tú las esquiveces,
    y yo te adoro a ti que me aborreces.-

    "¡Ah! No sé por qué causa amor tan fino
    puede ser a tus ojos tan odioso;
    cualquier pastor, cuando el rabel afino,
    escucha mis tonadas envidioso.
    ¿No cubre estas praderas de contino
    mi cándido rebaño numeroso?
    ¿Acaso en julio, o en el crudo invierno,
    me falta fruto sazonado y tierno?

    "Ni tampoco es horrible mi figura,
    si no me engaño al verme retratado
    en el cristal de esa corriente pura;
    y a fe que a ese pastor afortunado
    que supo dominar alma tan dura,
    si a competir conmigo fuese osado,
    en gentileza, talle y bizarría,
    siendo tú misma juez, le excedería.

    "Ven a vivir conmigo, ninfa hermosa;
    ¡ven! mira las Drïadas, que te ofrecen
    en canastos la esencia de la rosa,
    y para ti los campos enriquecen.
    Para ti sola guardo la abundosa
    copia de frutos que en mi huerto crecen;
    para ti sola el verde suelo pinto
    con el clavel, la viola y el jacinto.

    "Acuérdate del tiempo en que solías,
    cuando niña, venir a mi cercado,
    y las tiernas manzanas me pedías
    aún cubiertas del vello delicado.
    Desde la tierra entonces no podías
    alcanzar el racimo colorado;
    y después que tus medios apurabas,
    mi socorro solícita implorabas.

    "Entonces era yo vuestro caudillo,
    mi tercer lustro apenas comenzado,
    sobresaliendo en el pueril corrillo,
    como en la alfombra del ameno prado
    descuella entre las yerbas el tomillo.
    Desde entonces Amor, Amor malvado,
    me asestaste traidor la flecha impía
    que me atormenta y hiere noche y día.

    "¡Ah! Tú no sabes, Clori, qué escarmiento
    guarda Jove al mortal ingrato y duro;
    hay destinado sólo a su tormento
    en el lóbrego Averno un antro oscuro;
    en su carne cebado, un buitre hambriento
    le despedaza con el pico impuro,
    y el corazón viviente devorado
    padece a cada instante renovado.

    "Mas, ¡ay de mí! que en vano, en vano envío
    a la inhumana mi doliente acento.
    ¿Qué delirio, qué sueño es este mío?
    Prender quise la sombra, atar el viento,
    seguir el humo y detener el río.
    Y mientras lo imposible loco intento,
    tengo en casa la vid medio podada,
    y en el bosque la grey abandonada.

    "¿Qué fruto saco de elevar al cielo
    esta continua lúgubre querella?
    Ni encender puedo un corazón de hielo,
    ni torcer el influjo de mi estrella.
    Si Clori desestima mi desvelo,
    sabrá premiarle otra pastora bella.
    Ya baja el sol al occidente frío;
    vuelve, vuelve al redil, ganado mío".