Poemas de Duque de Rivas

Duque-de-Rivas
Nombre: Duque de Rivas
Nacimiento: Córdoba, 10 de marzo de 1791
Muerte: Madrid, 22 de junio de 1865
Nacionalidad: España
Biografía de Duque de Rivas

Poemas de Duque de Rivas



Poesías de Duque de Rivas preferidas de nuestros lectores


  • Una antigualla de Sevilla. Romance primero. El candil

  • UNA ANTIGUALLA DE SEVILLA
     ROMANCE PRIMERO
     EL CANDIL

  • El conde de Villamediana. Romance segundo. Las máscaras y cañas

  • EL CONDE DE VILLAMEDIANA
     ROMANCE SEGUNDO
     LAS MÁSCARAS Y CAÑAS

    Siguió el festejo a la tarde,
    Y llenóse la gran plaza
    Con el pueblo y con la corte,
    Cual lo estuvo la mañana.

    Magníficas son las fiestas
    Que la regia villa paga,
    Para celebrar el nombre
    Del poderoso Monarca

    De clarines y timbales
    Al son que asorda las auras,
    Y al de orquestas numerosas,
    Que entonan guerrera marcha,

    En orden y a lento paso
    Numerosas mascaradas
    Entran por partes distintas,
    Y al Rey y a la Reina acatan.

    De los reinos diferentes
    Que el reino forman de España,
    Ostenta cada cuadrilla
    Distintivos y antiguallas,

    Arbolando un estandarte
    Con el blasón de sus armas,
    Y de su música propia,
    Al compás de las sonatas,

    Mézclanse ligeras luego,
    Formando mímica danza.,
    En concertado desorden
    De figuras ensayadas.

    Los cascos y coseletes
    De la indómita Cantabria;
    De los fieles castellanos
    Las dobles cueras y calzas;

    Las fulgentes armaduras,
    De los infanzones gala,
    Del ligero valenciano
    Los zaragüelles y mantas;

    De chistosos andaluces
    Los sombrerones y capas,
    Y las chupas con hombreras
    Y con caireles de plata;

    Los turbantes granadinos,
    Jubas, albornoces, fajas;
    Los terciopelos y sedas
    De vestes napolitanas;

    De la Bélgica los sayos
    Con sus encajes y randas;
    Los milaneses justillos
    Con las chambergas casacas,

    Y las esplendentes plumas
    Teñidas de tintas varias,
    Con los arcos y las flechas
    Que el cacique indiano gasta,

    Forman un todo indeciso
    Que cubre la extensa plaza
    De movibles resplandores,
    De confusión bigarrada.

    Parece que está cubierta
    Con una alfombra persiana,
    Cuyos matices se mueven
    Al conjuro de una maga.

    Aquí añafiles moriscos,
    Allí tamboril y gaita,
    Más allá trompas guerreras,
    Acá sonorosas flautas;

    Las antárticas bocinas
    En un lado, las guitarras
    Y crótalos en el estoy,
    Los caracoles de caza

    Forman estruendo confuso
    En que ya el acorde falta,
    Y que llenando el espacio
    Aun más aturde que halaga.

    Por fin, terminado el baile,
    Sepáranse las comparsas
    Y hacia lados diferentes,
    En orden puestas, descansan.

    Y cada una se dirige,
    Según la suerte la llama,
    A saludar a los Reyes
    Con solemnidad y pausa;

    Y doblando la rodilla,
    Ofrecen a su Monarca
    Un rico don de productos
    De aquel reino que retratan.

    Despejando luego todas,
    El circo desembarazan
    A los nobles caballeros
    Que salen a correr cañas,

    Por la izquierda y la derecha
    A un tiempo entraron galanas
    Dos diferentes cuadrillas,
    Que a unirse en el centro marchan.

    Compónese cada una,
    Compitiendo en garbo y gala,
    De doce nobles jinetes,
    Que de dos en dos avanzan.

    El Conde de Orgaz, mancebo
    De gentileza y de gracia,
    Es caudillo de la una;
    De la otra es Villamediana.

    Aquél, en caballo negro,
    Enjaezado de plata,
    De terciopelo amarillo
    Con celestes cuchilladas,

    Vestido sale: figura
    Con argentinas escamas
    Peto y espaldar, y azules
    Lleva plumas y gualdrapa.

    Este, en un caballo blanco,
    Cuya crin el oro enlaza,
    Ostenta un rico vestido
    De terciopelo escarlata:

    El arnés de hojuelas de oro,
    Y de rica seda blanca,
    Con brillantes bordaduras,
    Los afollados y faja.

    Unidas las dos cuadrillas,
    Hacia el regio balcón ambas,
    Al paso, la pista siguen
    De los jefes que las mandan;

    y e, concurso, en gran silencio,
    Curioso a la vista, clava
    De los dos gallardos Condes
    En las brillantes adargas;

    Pues logrando de discretos
    Y de, enamorados fama,
    Interesa a todo el mundo
    Ver las empresas que sacan.

    Es la de Orgaz una hoguera
    De la que el vuelo levanta
    El fénix con este mote:
    Me (la vida quien me abrasa.

    Un letrero solamente
    Es la de Villamediana,
    Que dice: Son mis amores...
    Y luego reales de plata

    Puestos cual si fueran letras,
    Con que aquel renglón acaba.
    La empresa de Orgaz la entienden
    Todos, y aciertan la llama

    Que le da vida y le quema.
    La (¡el de Villamediana
    Despierta más confusiones,
    Aunque es en verdad bien clara.

    Propensión funesta tiene
    El joven galán que alcanza
    Favores de una señora,
    A la par hermosa y alta,

    De publicarlos al punto
    Y de sacarlos a plaza:
    Vanidad de enamorados
    Que en peligros no repara.

    Muchos el sentido entienden
    Que las monedas declaran,
    Por miedo disimulan
    Y de explicarlo se guardan.

    Otros, necios, se calientan
    Los cascos por descifrarla.
    Son mis amores dinero,
    Repiten; pero no cuadra

    Con el carácter del Conde
    Esta explicación villana.
    Mis amores efectivos
    Son, dicen otros, ¡bobada!

    Velasquillo el contrahecho,
    Enano y bufón, que alcanza,
    No sin despertar envidia,
    Gran favor con el Monarca,

    A disgusto de los grandes
    En el balcón regio estaba,
    Malicias diciendo y chistes
    Con insolencia y con gracia.

    Y o por faltarle su astucia
    Entonces, o porque trata
    De vengarse del desprecio
    Con que la Reina le acaba,

    O porque ve de mal ojo
    Al noble Villamediana,
    O por gusto de hacer daño,
    Que es de tales bichos ansia,

    Dijo: «Ta, ta; ya comprendo
    Lo que dice aquella adarga:
    Son mis amores reales»,
    soltó la carcajada.

    Trémulo el Rey y amarillo,
    Y conteniendo la saña,
    «Pues yo se los haré cuartos»,
    Respondió al punto en voz baja.

    Lo oyó la Reina, y quedóse
    Inmóvil como una estatua,
    Pálida como la muerte,
    Hecha pedazos el alma.
            * * *

    Las cuadrillas empuñando,
    En vez de robustas lanzas,
    De cintas y oro vestidas
    Leves quebradizas cañas,

    Se embistieron... imposible
    Es ya que encuentre palabras
    Con que describir la fiesta:
    Mi atención la Reina embarga.

    Pobre señora! Tampoco
    Merece versos y fama
    Tal diversión, ya reflejo
    Débil, copia degradada

    De las justas, que ha dos siglos
    Los caballeros usaban
    Con gloria, que nunca gloria
    En donde hay peligro falta,

    Y en que las picas de guerra
    Dobles petos abollaban,
    No los juncos inocentes,
    Sedas, brocados y holandas.