Poemas de Evaristo Ribera Chevremont

Evaristo-Ribera-Chevremont
Nombre: Evaristo Ribera Chevremont
Nacimiento: San Juan Puerto Rico 1896
Muerte: San Juan Puerto Rico 1976
Nacionalidad: Puerto Rico
Biografía de Evaristo Ribera Chevremont

Poemas de Evaristo Ribera Chevremont



Poesías de Evaristo Ribera Chevremont preferidas de nuestros lectores


  • La décima criolla


  • La décima criolla -jalón del continente,
    puntal de lo indohispano- de espíritu se llena.

    De autoctonía vasta, de espíritu potente,
    corre por nuestras zonas de planta, mar y arena.
    Propio es su contenido, propio es su continente.

    La décima es caliente, la décima es morena;
    y uña de gato y diente de perro juntamente
    brinda cuando, con rústicos instrumentos, resuena.
    Al cuerpo, que es flexible, la gracia se le anuda.

    Pica si se sazona, quema si se desnuda.
    Pegando o requiriendo, la décima es de bríos.

    Son ácidos y dulces los jugos de su entraña;
    y en mi país, vestida de sol y miel, huraña
    y amante, se da en sombra de tierras y bohíos.

    Suma de eternidades, tus legados
    ofrecen, por las gracias enhebrados,
    los más nobles decires en su estilo.



  • La sinfonía de los martillos


  • En el silencio áspero retumban los martillos.
    Es una nueva música de vigoroso ritmo.
    Es música que expone, con masculino empuje,
    la rígida grandeza del proletario espíritu.

    En el silencio áspero retumban los martillos.

    Oyendo las canciones eróticas y burdas,
    de tono desmayado, se cansan los oídos.
    El hombre de hoy reclama la brusca sinfonía
    forjada por la mano brutal de nuestro siglo.

    En el silencio áspero retumban los martillos.

    Retumban en talleres de llama y humareda.
    Retumban, anchurosos, potentes, los martillos.
    Y, al retumbar, descubren el alma del acero.
    El alma del acero se entrega en el sonido.

    En el silencio áspero retumban los martillos.

    Retumban los martillos, retumban los martillos.
    Retumban, anchurosos, potentes, los martillos.
    Y apagan las dulzuras del piano y de la viola,
    sutiles instrumentos de enervador fluido.

    En el silencio áspero retumban los martillos.

    Gavotas, minuetos, romanzas y oberturas
    denuncian una época de magistral estilo;
    pero la sinfonía de los martillos dice
    de la pujanza cruda de un tiempo vasto en ímpetus.

    En el silencio áspero retumban los martillos.

    No es hora del perfume, ni es hora de las citas.
    No es hora del deleite, ni es hora de los vinos.
    No es hora del poema de untuosos maquillajes.
    Es hora del poema del músculo y del grito.

    En el silencio áspero retumban los martillos.

    Retumban los martillos, retumban los martillos.
    Retumban, anchurosos, potentes, los martillos.
    Retumban los martillos. Su ruda sinfonía
    me enseña la energía compacta de lo físico.

    En el silencio áspero retumban los martillos.

    En el silencio áspero retumban los martillos.
    Es una nueva música de vigoroso ritmo.
    Es música que expone, con masculino empuje,
    la rígida grandeza del proletario espíritu.

    En el silencio áspero retumban los martillos.