Poemas de Evaristo Ribera Chevremont

Evaristo-Ribera-Chevremont
Nombre: Evaristo Ribera Chevremont
Nacimiento: San Juan Puerto Rico 1896
Muerte: San Juan Puerto Rico 1976
Nacionalidad: Puerto Rico
Biografía de Evaristo Ribera Chevremont

Poemas de Evaristo Ribera Chevremont



Poesías de Evaristo Ribera Chevremont preferidas de nuestros lectores


  • El nio y el farol


  • I

    Por el jardn, de flores
    de sombra, viene el nio;
    un farol muy lustroso
    le relumbra en la mano.

    Alumbrada, la cara
    del nio resplandece.
    En su pelo, los aos
    dulcemente sonren.

    El nio, que levanta
    el farol en su mano,
    va hurgando los rincones
    del jardn, ya sin nadie.

    Va en busca de la gracia
    de alguna fantasa.
    El jardn sigue al nio,
    agitadas sus plantas.

    2

    El nio, a la luz densa
    de su farol, descubre
    unos troncos negruzcos,
    unas blancas paredes.

    En las manchas de verde
    del jardn, serpentea
    el camino dorado
    de las viejas ficciones.

    El camino que, en sabias
    madureces de tiempo,
    reaparece, cargado
    de sus mgicas lenguas.

    Ir por ese camino
    es hallarse en la gloria
    de un pretrito prdigo
    de ilusivas substancias.

    3

    Bajndolo y subindolo,
    por el jardn el nio
    lleva el farol. Las flores
    de sombra se desmayan.

    Contra amontonamiento
    de masas vegetales,
    se ven danzar figuras
    de imaginario mundo.

    Un chorro de colores
    cae al jardn. El nio,
    potente en su misterio,
    domina esta belleza.

    Ms all de las tapias
    del jardn, es la noche
    un tejido monstruoso
    de tinieblas y astros.

    4

    Nada duerme. Las cosas,
    en un vasto desvelo,
    quitndose la mascara,
    inmensamente arden.

    Con el pulso ligero
    de un demonio, en las manos
    prodigiosas del nio,
    el farol bailotea.

    El jardn, deshojado
    en sus flores de sombra,
    hace tierna en el polvo
    la pisada del nio,

    Errabundo y sonmbulo,
    anda el nio. Arco iris
    de leyendas y cuentos
    le ilumina la frente.,

    5

    Y ahora escucha en los rboles,
    que llamean y esplenden,
    un rumor conocido
    de remotas palabras,

    Quin le habla? Qu genio,
    arrancando races
    y excitando ramajes,
    le desnuda sus voces?

    Tierra y madre le tocan,
    con sus dedos untados
    de ternura, la sangre,
    la cual vibra y se inflama.

    Otra vida lo mueve;
    una vida que media
    entre el musgo y el aire,
    entre el aire y la nube.

    6

    Ni juguetes, ni juegos,
    ni confites, ni pastas
    valen ms que este rumbo
    de pintado alborozo.

    El jardn, todo ojos,
    se recrea en el nio,
    que, borracho de fbulas,
    su gobierno establece.

    Agigntase el nio;
    el farol agigntase,
    y ambos cubren la noche,
    de un azul que es de fuego.

    Arropadas de estrellas,
    se prolongan las calles,
    donde vela el silencio
    en su mstica guarda.

    7

    En la noche, cruzada
    de humedades y olores,
    los insectos se agolpan
    en su fiebre de msica.

    Mientras roncan los hombres
    con un largo ronquido;
    mientras ladran los perros,
    vive el nio su noche.

    En las manos del nio
    el farol bailotea,
    derramando un torrente
    que es de soles y auroras.

    Nunca, nunca la muerte
    matar al nio. Nunca!
    Su farol milagroso
    fulgir ya por siempre.



  • La sinfona de los martillos


  • En el silencio spero retumban los martillos.
    Es una nueva msica de vigoroso ritmo.
    Es msica que expone, con masculino empuje,
    la rgida grandeza del proletario espritu.

    En el silencio spero retumban los martillos.

    Oyendo las canciones erticas y burdas,
    de tono desmayado, se cansan los odos.
    El hombre de hoy reclama la brusca sinfona
    forjada por la mano brutal de nuestro siglo.

    En el silencio spero retumban los martillos.

    Retumban en talleres de llama y humareda.
    Retumban, anchurosos, potentes, los martillos.
    Y, al retumbar, descubren el alma del acero.
    El alma del acero se entrega en el sonido.

    En el silencio spero retumban los martillos.

    Retumban los martillos, retumban los martillos.
    Retumban, anchurosos, potentes, los martillos.
    Y apagan las dulzuras del piano y de la viola,
    sutiles instrumentos de enervador fluido.

    En el silencio spero retumban los martillos.

    Gavotas, minuetos, romanzas y oberturas
    denuncian una poca de magistral estilo;
    pero la sinfona de los martillos dice
    de la pujanza cruda de un tiempo vasto en mpetus.

    En el silencio spero retumban los martillos.

    No es hora del perfume, ni es hora de las citas.
    No es hora del deleite, ni es hora de los vinos.
    No es hora del poema de untuosos maquillajes.
    Es hora del poema del msculo y del grito.

    En el silencio spero retumban los martillos.

    Retumban los martillos, retumban los martillos.
    Retumban, anchurosos, potentes, los martillos.
    Retumban los martillos. Su ruda sinfona
    me ensea la energa compacta de lo fsico.

    En el silencio spero retumban los martillos.

    En el silencio spero retumban los martillos.
    Es una nueva msica de vigoroso ritmo.
    Es msica que expone, con masculino empuje,
    la rgida grandeza del proletario espritu.

    En el silencio spero retumban los martillos.