Poemas de José María de Heredia

José-María-de-Heredia
Nombre: José María de Heredia
Nacimiento: La Fortuna, cerca de Santiago de Cuba, 22 de noviembre de 1842
Muerte: Houdan, Yvelines, Francia 3 de octubre de 1905
Nacionalidad: Cuba
Biografía de José María de Heredia

Poemas de José María de Heredia



Poesías de José María de Heredia preferidas de nuestros lectores


  • En una tempestad. Oda al huracán



  • Huracán, huracán, venir te siento
    y en tu soplo abrasado
    respiro entusiasmado
    del Señor de los aires el aliento.

    En las alas del viento suspendido
    vedle rodar por el espacio inmenso,
    silencioso, tremendo, irresistible
    en su curso veloz. La tierra en calma
    siniestra, misteriosa,
    contempla con pavor su faz terrible.
    ¿Al toro no miráis? El suelo escarba
    de insoportable ardor sus pies heridos,
    la frente poderosa levantando,
    y en la hinchada nariz fuego aspirando
    llama la tempestad con sus bramidos!
    ¡Qué nubes! ¡qué furor! El soltemblando
    vela en triste vapor su faz gloriosa,
    y su disco nublado solo vierte
    luz fúnebre y sombría,
    que no es noche ni día
    ¡pavoroso color, velos de muerte!
    Los pajarillos tiemblan y se esconden
    al acercarse el huracán bramando,
    y en los lejanos montes retumbando
    le oyen los bosques, y a su voz responden.

    Llega ya... ¿No le veis? ¡Cuáldesenvuelve
    su manto aterrador y majestuoso!...
    ¡Gigante de los aires, te saludo!...
    En fiera confusión el viento agita
    las orlas de tu parda vestidura...
    ¡Ved!... en el horizonte
    los brazos rapidísimos enarca,
    y con ellos abarca
    cuanto alcanzo a mirar de monte a monte.

    ¡Oscuridad universal!... ¡Su soplo
    levanta en torbellinos
    el polvo de los campos agitados!...
    En las nubes retumba despeñado
    el carro del Señor, y de sus ruedas
    brota el rayo veloz, se precipita,
    hiere y aterra al suelo,
    y su lívida luz inunda el cielo.

    ¿Qué rumor? ¿Es la lluvia?... Desatada
    cae a torrentes, oscurece el mundo,
    y todo es confusión, horror profundo.
    Cielo, nubes, colinas, caro bosque,
    ¿Do estáis?... Os busco en vano:
    desparecisteis... La tormenta umbría
    en los aires revuelve un Océano
    que todo lo sepulta...
    Al fin, mundo fatal, nos se paramos:
    el huracán y yo solos estamos.

    ¡Sublime tempestad! cómo en tu seno
    de tu solemne inspiración henchido,
    el mundo vil y miserable olvido
    y alzo la frente, de delicia lleno!
    ¿Do está el alma cobarde
    que teme tu rugir?... Yo en ti me elevo
    al trono del Señor: oigo en las nubes
    el eco de su voz: siento a la tierra
    escucharle y temblar. Ferviente lloro
    desciende por mis pálidas mejillas,
    y su alta majestad trémulo adoro.


  • Soneto a mi esposa


  • Cuando en mis venas férvidas ardía
    la fiera juventud, en mis canciones
    el tormentoso afán de las pasiones
    con dolorosas lágrimas vertía.

    Hoy a ti las dedico, esposa mía,
    cuando el amor más libre de ilusiones
    inflama nuestros puros corazones
    y sereno y de paz nos hice el día.

    Así perdido en turbulentos mares
    mísero navegante al cielo implora,
    cuando le aqueja la tormenta grave;

    y del naufragio libre, en los altares
    consagra fiel a la deidad que adora
    las húmedas reliquias de su nave.