Poemas de Luis Cañizal de la Fuente

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Nombre: Luis Cañizal de la Fuente
Nacimiento:
Muerte:
Nacionalidad: España
Biografía de Luis Cañizal de la Fuente

Poemas de Luis Cañizal de la Fuente



Poesías de Luis Cañizal de la Fuente preferidas de nuestros lectores


  • Belmonte


  •     (Desculpe a maçã)
    “Paso por un mercado cuyos puestos se extienden bajo unos sombrosos morales, y me detengo a preguntar a un hombre cómo se llaman aquellos árboles: mourangueiras, me responde.”
    (Unamuno, Por tierras de Portugal y España. Agosto de 1908: Braga. [No le engañaron, no: el vendedor creyó que preguntaba por los fresones del mercadillo aunque... tampoco. El árbol se llama moreira, pero se ve que Unamuno se resistía a sacar moral alguna; este mismo juego de palabras le habría enfurecido.] )

    En Belmonte de la Sierra,
    una casita en chaflán
    la envidia de las manzanas
    se la hacía disculpar
    sacando a media mañana
    a la pública piedad
    os dois irmãos aleijados
    al sol de mayor solaz:
    cuál babea en su babero
    de una banda a otra, y cuál
    te mira de arriba abajo
    como con pavor de alzar
    la vista a ver de vedores.
    Sobre los dos, este dosel de altar:
    Parejas de manzanas que se besan
    opuestas por el vértice
    y arreboladas de felicidad.
    Los coches daban la vuelta
    no pudiendo soportar
    las moralidades lusas
    cual pendiendo de un moral:
    en vez de lustre en las ramas,
    un morado barrizal
    al pie del árbol de ejemplo.
    ¡Para eso, mejor campar
    por esos campos, agreste,
    y, desde el nacer, punzar,
    como hace la zarzamora,
    que aroma y punza
    desde el zarzal!
    A parábolas terribles,
    desprecios de Portugal:
    Desculpe a maçada =
    desculpe a maçã.

  • Viseu Visión

  • VISEU - Visión
                      I

    Tú fuiste el que encontraba a Dios en los aromas
    (pero no al diablo en los hedores), hasta el día
    en que un dios descendió con su divina coima
    a la Sé de Viseu, al sol del claustro
    y a los olfatos de humildes oledores
    que andaban por allí a lo que cayese,
    o pedían a las bóvedas maná que contemplar,
    o zurcían exasperados la tarde
    o fregaban sus suelos cada hora:
    a todos vino a visitar la celestial pareja
    y para todos tuvo palabras de consuelo en forma olfativa.
    Honraron los cuadros de santos con su sacra atención,
    y un componente del perfume en cada uno
    quedó:
    a cáscara de plátano en la Visitación,
    a cuello considerado en San Jerónimo
    más una asturia complementaria en San Cosme y San Damián.
    Cuando los visitantes quisieron gratificarse con un refrigerio de ambrosía,
    todo el museo se preguntaba por lo que había visto,
    por lo que había olido,
    y subió al cielo de Viseu, en la placidez de la tarde,
    un campaneo de lección mal aprendida por devotos torpes:
    «¿A qué olía? Olía a gloria:
    a cuero cabelludo,
    a coelho cabeludo,
    a cabelo coelhudo,
    a loiro cabeçudo», y fue muy poco edificante
    el cisma de dos feligresas a la greña
    mientras el santo se les iba al cielo
    y la santa a la tierra.
                      II

    La ciudad tiene caminos para la tierra
    y paraderos para estar en alto,
    abstraído por el kifi o el enigma.
    Tú prefieres mirar desde intramuros
    cómo desciende la divina,
    cada vez más menuda en la distancia:
    va a confraternizar con las mujeres de los molineros
    y con las artesanas de ribera,
    y hasta a beberse un vino
    en las ventas que quedan a la orilla del río.
    Entretanto, el sagrado
    gravita junto a ti sentado en el mismo crucero,
    ciegos los ojos, como las estatuas,
    a todo lo que no sea su divina esencia,
    y puedes disociar sus ingredientes,
    tranquilo de que el dios no se dará por ofendido:
    el primer componente
    quiere decirte que está aquí el otoño
    y no podrás parar el triste aroma
    a saliva seca
    que cobrarán las hojas de los árboles.
    El segundo, que perderéis este olor a papel que ahora os anima
    y seréis todo lo más un desfilar de naipes con su hedorconvincente
    que golpea con los nudillos al pecho del olfato.
    El tercero, que cantará en el puño
    con voz de bajo toda mata de pelo
    y habrá que conformarse si el pañuelo de seda
    huele a casa de hidalgo abandonada.
                      III

    Pero no te desconsueles: volverás a ver juntos
    al hombre y la mujer divinaesencia,
    juntos y sonrientes, gracejando
    como fuente de vida que es el reír de los santos,
    bravo de dentición, carente de márgenes,
    embistiendo sin reservas el trapo del aire bueno:
    te los encontrarás en los funiculares de Lisboa
    (que bajan envueltos en celofán merced a sus ilusionados),
    en los miracielos de Coimbra donde el río pasta tiempo,
    en los disparos ocurrentes del paisaje alentejano,
    y cada aparición querrá decir que dondequiera
    que un olor y una luz amachambrados
    den trapido al olfato,
    contigo estarán ellos
    haciéndote acertar